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Vallas rotas, pasos improvisados y miedo diario: el cóctel de riesgo que hace temer por un nuevo atropello mortal en las vías de Figaredo

Un año después del accidente en el que murieron dos vecinos, el trazado ferroviario sigue sin vallar

Salvador Vázquez muestra una de las zonas de paso a través del tendido ferroviario.

Salvador Vázquez muestra una de las zonas de paso a través del tendido ferroviario. / David Montañés

Figaredo (Mieres)

La preocupación circula cada vez con mayor frecuencia entre los vecinos de Figaredo, en Mieres, por el riesgo constante que supone el trazado ferroviario que atraviesa la localidad. La comunidad teme que pueda repetirse un accidente mortal como el ocurrido hace poco menos de un año, cuando un matrimonio recién instalado en el pueblo perdió la vida al ser arrollado por un tren. El suceso conmocionó a todo el valle y reactivó un debate que, según los residentes, sigue sin resolverse.

El peligro continúa exactamente igual, por no decir que peor”, lamenta Salvador Vázquez, presidente de la asociación vecinal de Figaredo. “La vía se ha convertido en una zona de paso habitual. La gente la cruza porque es el camino más directo hacia Ujo, y mientras no se actúe, seguiremos expuestos al riesgo de otro atropello”, advierte.

Un vecino paseando junto a las vías.

Un vecino paseando junto a las vías. / David Montañés

Un acceso directo que se ha convertido en una rutina peligrosa

La línea ferroviaria aísla el núcleo de Figaredo y, aunque existen pasos habilitados en el extremo norte del pueblo, muchos vecinos optan por atravesar las vías directamente para acortar unos minutos en sus desplazamientos diarios. El problema, explican, es que el cercado actual —una malla metálica ligera— resulta insuficiente para frenar ese paso irregular. En algunos tramos, la valla está rota o presenta claras deformaciones, dejando huecos por los que es posible introducirse con facilidad.

Hay vecinos que lo rompen porque la malla es tan débil que con un simple empujón cede. Pero el verdadero problema no es solo que se deteriore: es que no se repone de manera eficaz y vuelve a quedar abierta”, denuncia Vázquez.

La asociación insiste en que este acceso improvisado no es un capricho. Ujo, localidad limítrofe, concentra varios servicios básicos que Figaredo no tiene, como comercios, entidades bancarias o ciertos equipamientos públicos. “Hay personas mayores que pasan con sus carros para ir a comprar. Dar el rodeo, lo que puede suponer unos pocos minutos más, lo ven como un engorro. Y también hay chavales que cruzan para ir al parque que está al otro lado de la vía”, añade el presidente vecinal.

El resultado es un flujo constante de peatones por un entorno ferroviario activo y sin las garantías mínimas de seguridad.

Un accidente que dejó huella

La inquietud vecinal se dispara al recordar el accidente mortal ocurrido en enero de 2025. Aquel día, un matrimonio de origen catalán, recién asentado en Figaredo tras jubilarse, fue arrollado por un tren de mercancías. El impacto resultó fatal para ambos y conmocionó a la localidad, que llevaba años alertando de la peligrosidad del punto.

La investigación posterior señaló que la pareja caminaba por una zona sin cerrar. Era de noche. Lo cierto es que ese tramo ya había registrado incidentes previos. Años antes, otro vecino del pueblo fue igualmente golpeado por un tren, aunque en aquella ocasión logró sobrevivir pese a sufrir graves heridas. Para los residentes, estos dos episodios evidencian que la situación no es “un hecho aislado”, sino la consecuencia de un problema estructural.

Exigen intervenciones urgentes: vallado, señalización y pasarela

Ante este escenario, la asociación de vecinos reclama al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) una actuación inmediata y contundente. La primera medida, aseguran, debe ser la instalación de un vallado firme, resistente y homologado, que impida el paso improvisado y deje claro que se trata de una zona de riesgo. “La malla actual no sirve para nada. Necesitamos un cierre sólido, de los que realmente disuaden y protegen”, afirma Vázquez.

Pero la demanda no se queda ahí. Los vecinos insisten en que la zona carece de señalización suficiente, lo que contribuye a la falsa sensación de seguridad, como si se tratara de un recorrido cotidiano y no de un espacio ferroviario activo. “Queremos carteles visibles que adviertan del peligro, marcas en el terreno y cualquier elemento que recuerde que es una vía en uso. La seguridad también pasa por la información”, subraya el presidente vecinal.

La tercera propuesta, más ambiciosa, es la construcción de una pasarela peatonal que permita unir Figaredo con la zona oeste del valle sin necesidad de recorrer largas distancias ni exponerse a un cruce peligroso. Según la asociación, esta solución resolvería el problema de forma definitiva y fomentaría la movilidad segura entre Figaredo y Ujo. “Sabemos que no es una obra sencilla, pero es viable y necesaria. Y, sobre todo, evitaría que la gente siga arriesgando la vida”, apuntan.

“No queremos lamentar otra tragedia”

Los vecinos aseguran que su petición no responde a una simple incomodidad, sino a un temor real. Tras casi un año del doble atropello mortal, quienes residen en las inmediaciones de las vías reconocen que cada día observan situaciones de riesgo: personas que cruzan con bolsas de la compra, jóvenes con auriculares, mayores con movilidad reducida o carretones.

“El problema es que nos hemos acostumbrado a verlo y lo hemos naturalizado, pero la vía sigue siendo igual de peligrosa. No queremos lamentar otra tragedia”, concluye Vázquez.

La comunidad espera que sus demandas sean escuchadas y que la seguridad ferroviaria en Figaredo deje de depender de la prudencia individual de los peatones y pase a ser una prioridad institucional.

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