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Los niños de las Cuencas se despiertan llenos de paquetes: regalos esperados y grandes sorpresas inesperadas tras una noche mágica

Los pequeños madrugan "más que para ir al colegio" para recoger los presentes de Papá Noel o del Anguleru

Enol y Noel Álvarez Pascual abren sus regalos bajo el árbol.

Enol y Noel Álvarez Pascual abren sus regalos bajo el árbol. / LNE

Andrés Velasco

Andrés Velasco

Mieres del Camino

Pasos por casa a toda velocidad. El reloj marca las 7:30 horas. "¡Ha llegado, ha llegado!", dice la pequeña Aitana a voces, despertando a sus padres, ojerosos. A poco que se alargase la cena de Nochebuena en su casa, las horas de sueño han sido menos de las habituales. Pero por una buena causa. Arrastrados por Aitana, sus padres llegan al salón de su casa donde está el árbol. Y debajo, varios paquetes con nombres colocados. Papá Noel y El Anguleru habían llegado con su magia, y tocaba ponerse a abrir. Los padres se miran, vuelven a ojear el reloj, no son ni las 8.00, hora a la que la pequeña se levanta para ir al cole. Resoplan, pero con la primera sonrisa de la niña al ver su "Monster High" nueva, se les pasa el cansancio.

Esa estampa concreta ocurrió en un hogar de Mieres, pero será muy similar a las que se hayan producido en otras casas de toda la comarca, de toda Asturias, o de todo el mundo. Por ejemplo, en también en casa de los pequeños Noel y Enol Álvarez Pascual. Temprano se arremolinaban en torno al árbol de su casa, dispuestos a romper el papel de todos esos regalos que servía de soporte al pino navideño. A los 12 años de uno de los pequeños, su sorpresa fue recibir un móvil de Santa Claus. El más pequeño abría un juego de mesa, "Monos Locos", que seguramente hoy estrene con unas partidas con su hermano y sus padres. Había detalles hasta para la mascota de la familia, "Gloria", que nada más abrirlo, se puso su pijama navideño y se quedó dormida y "calentita".

La perra "Gloria", con su pijama navideño.

La perra "Gloria", con su pijama navideño. / LNE

Calles

Y tras el madrugón en muchos hogares, y menos en otros, las calles de Mieres comenzaban a recibir a las familias, y especialmente a los niños, estrenando los regalos recibidos. Patinetes, alguna bicicleta, coches de radio control o balones relucientes fueron algunos de los objetos que se podían ver por vías y parques durante la mañana de Navidad.

Una estampa que no por repetida cada año, deja de ser especial. Porque la ilusión de los pequeños con sus regalos no dejan indiferente a nadie. Sonrisas, ojos como platos, nervios e ilusión son ingredientes que cada 25 de diciembre hacen un plato perfecto.

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