Una noche para creer: Mieres recibe a los Reyes Magos con una multitud en las calles sin miedo al frío
Miles de niños y mayores acompañaron a Melchor, Gaspar y Baltasar en una cabalgata que confirma el pulso colectivo de la villa y el papel clave del asociacionismo local

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Mieres volvió a rendirse a la magia de Oriente con una cabalgata de Reyes majestuosa, de esas que se graban en la memoria colectiva y reafirman el pulso comunitario de la villa. Ni la amenaza del temporal “Francis”, que durante horas mantuvo en vilo a organizadores y vecinos, logró empañar una tarde en la que la ilusión se impuso al mal tiempo. La lluvia y la nieve anunciadas quedaron en un prematuro aviso, un apercibimiento pospuesto que se disipó a medida que la comitiva real avanzaba por las calles hasta perderse en la oscuridad de la noche para cumplir con su milenaria encomienda.
Asociación Santa Bárbara
La Asociación Cultural y Minera Santa Bárbara volvió a demostrar por qué su nombre está íntimamente ligado a la cabalgata mierense. Desde primera hora, el casco urbano se fue llenando de familias, niños y mayores que buscaban un buen sitio desde el que ver pasar a Melchor, Gaspar y Baltasar. Las carrozas, iluminadas y cuidadosamente decoradas, avanzaban escoltadas por figurantes y música, en un desfile que muchos no dudan en comparar con los grandes referentes asturianos. “La cabalgata de Mieres no tiene nada que envidiar a la de Oviedo o Gijón y es posiblemente el evento mejor organizado en la ciudad a lo largo de todo el año”, comentaba un vecino de Vega de Arriba mientras ajustaba la bufanda y vigilaba a los más pequeños.
Entre la multitud, la emoción se vivía a ras de suelo. Marta Vidal acudió con su hija Sara, que miraba absorta el paso de las carrozas. “A mí me gusta que me tiren los caramelos y ver pasar a los Reyes en esas carrozas tan grandes y con tantas luces”, explicaba la niña, con las manos llenas de dulces y los ojos brillantes. A pocos metros, junto a la fuente de la calle Manuel Llaneza, Nicolás Gutiérrez, de diez años, no ocultaba su disgusto. Había visto a un compañero de clase acompañando al rey Baltasar y la frustración era evidente. “A mí no me dejaron participar este año porque mi madre decía que iba a nevar y no está ni lloviendo”, se lamentaba. La queja, sin embargo, duró poco. Su abuela le recordó la importancia de portarse bien la noche de Reyes. “Es verdad”, concluyó Nicolás, olvidando el enfado con la misma rapidez con la que recogía un nuevo caramelo del suelo.
Brillo y música
Más allá del brillo y la música, la cabalgata de Mieres es también una historia de continuidad y aprendizaje colectivo. “La asociación Santa Bárbara siempre cumple con la cabalgata. Antes de que la empezasen a organizar ellos recuerdo que hubo un año que en Mieres paseamos a los Reyes Magos en un camión de la basura, un desastre”, recordaba otro vecino, evocando tiempos en los que el riesgo de recibir carbón parecía más real que nunca. Aquellos episodios contrastan con la solidez actual de un evento que se prepara durante meses y que moviliza a cientos de personas.
Las cifras hablan por sí solas. Cerca de 600 personas participaron directamente en el desfile: unos 500 figurantes y 80 miembros del equipo de seguridad, además de siete carrozas y alrededor de una tonelada de caramelos repartidos entre niños y mayores. El recorrido, que arrancó a las seis y media de la tarde desde el campus de Mieres, atravesó calles emblemáticas como Gonzalo Gutiérrez, Los Llerones, Pablo Ruiz Picasso, Doctor Fleming, Manuel Llaneza, Teodoro Cuesta, Carreño Miranda y Numa Guilhou, hasta culminar en el parque Jovellanos, donde Sus Majestades atendieron las peticiones de los más pequeños.
El presidente de Santa Bárbara, Felipe Burón, agradeció previamente al Ayuntamiento “la confianza” depositada en el colectivo para organizar el paso de los Reyes por el casco urbano. “Llevamos trabajando todo el año para que esté todo listo”, señaló, subrayando el esfuerzo invisible que hay detrás de cada detalle. Burón tuvo también palabras de reconocimiento para los cuerpos de seguridad del Estado, la Policía Local y Protección Civil, así como para el Centro de Mayores de Mieres, cuyo taller de confección se encarga de realizar y arreglar los trajes del desfile.
La seguridad volvió a ser uno de los pilares del evento. Los vecinos respetaron el vallado y se cumplió con la prohibición de los sprays de nieve artificial. “Llevamos animales, llevamos caballos, y puede ser un problema”, advirtieron los organizadores, destacando al final el buen comportamiento ciudadano de los últimos años.
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