El fuego de la resistencia vecinal llega al cine: la protesta contra a quema de basura salta a la gran pantalla
El cortometraje Tolos fueos el fueu, de Diego Flórez, premiado en el Festival de Cine de Gijón, retrata la oposición ciudadana al proyecto de quema de residuos en la térmica de La Pereda y recupera la memoria de lucha de las cuencas mineras

Imagen de la protesta recogida en el documental. / Foto cedida a LNE
La lucha minera ha dejado una huella profunda en la literatura asturiana con más de un siglo de huelgas, encierros y movilizaciones. Sin embargo, cuando el foco se desplaza al cine, el conflicto parece haberse reformulado. Ya no es solo la defensa del trabajo lo que articula los relatos, sino la resistencia frente a los impactos ambientales y sanitarios de un modelo energético heredado.
José Antonio Quirós lo retrató en "Cenizas del cielo" (2008), donde narraba el frustrado intento vecinal de frenar la térmica de Soto de Ribera. Casi dos décadas después, ese testigo lo recoge una nueva generación de cineastas. Esta vez, el escenario es Mieres y la amenaza, la transformación de la térmica de La Pereda en una central que queme residuos sólidos recuperados (CSR), además de biomasa.
Un conflicto convertido en cine
Ese enfrentamiento es el eje de "Tolos fueos el fueu", cortometraje documental de Diego Flórez, premiado con el galardón al mejor corto del Jurado Joven en el Festival Internacional de Cine de Gijón. En apenas quince minutos, la película condensa pasado y presente de las cuencas mineras asturianas a través de un elemento omnipresente: «el fuego, símbolo de la industria, de la memoria obrera y también de la amenaza que planea sobre el territorio».

Diego Flórez. / Foto cedida a LNE
Una mirada joven y combativa
Diego Flórez, nacido en Mieres en 1998 y formado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, ha construido una filmografía marcada por la experimentación formal y por el interés en las tensiones entre lo rural y lo urbano, lo local y lo global.
"Tolos fueos el fueu" continúa esa línea, pero lo hace desde una urgencia política explícita. «Es una película urgente», señala el propio director, reivindicando un cine combativo frente a la apatía social y la normalización de proyectos que, a su juicio, «ponen en riesgo la salud colectiva».
La oposición vecinal como relato coral
El cortometraje se centra en la oposición vecinal al proyecto impulsado por Hunosa para reconvertir la térmica de La Pereda en una instalación de quema de CSR y biomasa. Una iniciativa que ha generado un profundo rechazo en parte de la ciudadanía mierense, organizada en la Plataforma contra la Quema de CSR/Basura en las Cuencas.
El filme no se limita a exponer los riesgos ambientales del proyecto, sino que traza un retrato coral de esa resistencia cotidiana: voces anónimas, conversaciones, silencios y miradas que hablan de desconfianza, cansancio y también de dignidad.
Autoproducción e independencia
Rodado íntegramente en Mieres y autoproducido, la cinta es también un ejemplo de cine hecho desde la precariedad. Flórez explica que no contó con financiación pública ni privada, más allá del apoyo y la colaboración directa de la plataforma vecinal, cuyos miembros participan en el cortometraje tanto de forma visible como a través de sus voces.
Esa independencia, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una de las principales virtudes de la obra. Permite al autor «escapar de discursos institucionales» y situarse claramente «del lado del conflicto social».
El sonido y la memoria del territorio
Formalmente, el corto apuesta por un lenguaje sensorial en el que el sonido —uno de los intereses centrales del director— juega un papel clave. El crepitar del fuego, los ruidos industriales y los ecos del paisaje construyen una atmósfera que conecta el presente con el pasado minero del territorio.
«A través de las llamas, la película evoca una memoria colectiva marcada por el trabajo, la solidaridad obrera y la transformación radical de las cuencas», hoy atrapadas entre la desindustrialización y nuevos proyectos energéticos de dudosa sostenibilidad, señala el director.
Un premio y un mensaje para el futuro
El reconocimiento en el Festival de Cine de Gijón supone un espaldarazo inesperado para una obra pequeña en medios pero ambiciosa en planteamiento. Estrenado en la sección oficial de cortometrajes, "Tolos fueos el fueu" no solo logró entrar en competición, sino que se alzó con el premio del Jurado Joven, un galardón que subraya su capacidad para interpelar a nuevas generaciones, quizá menos vinculadas emocionalmente al pasado minero pero directamente afectadas por las decisiones que se tomen hoy.
El cine como campo de batalla
En un momento en el que el debate sobre la transición energética se libra a menudo en términos abstractos, el cortometraje de Diego Flórez devuelve la discusión «al terreno concreto de las personas, los pueblos y los paisajes».
Como ya hiciera Cenizas del cielo, pero desde una sensibilidad contemporánea y militante, "Tolos fueos el fueu" demuestra que el cine sigue siendo un espacio de resistencia y un campo de batalla simbólico. Un recordatorio de que, en las cuencas, todos los fuegos siguen siendo el mismo fuego.
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