Mieres protege su paisaje rural: el nuevo plan urbano pone en valor la arquitectura tradicional
El planeamiento urbanístico apuesta por proteger caserías, hórreos, paneras y otros elementos etnográficos como parte esencial del paisaje y la identidad del concejo, priorizando la rehabilitación frente a la nueva construcción

Vista aérea del pueblo de Insierto. / LNE
El nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Mieres reserva un espacio destacado para proteger una herencia menos patente que el patrimonio industrial minero, pero igual de valiosa. El Ayuntamiento busca proteger la arquitectura tradicional y los elementos del patrimonio etnográfico ligados al medio rural. El documento urbanístico reconoce que caserías, paneras, hórreos, cuadras, molinos o lavaderos no son simples construcciones antiguas, “sino testigos materiales de una forma de vida que ha modelado el paisaje y la identidad del concejo durante siglos”.
El suelo rural como territorio con valores propios
El plan parte de una idea clara. La planificación establece que el suelo rural de Mieres “no puede entenderse únicamente como un espacio vacío pendiente de transformación, sino como un territorio con valores propios que deben conservarse”. Por ello, se fijan criterios específicos para la edificación tradicional, apostando por la rehabilitación frente a la sustitución y por la integración paisajística frente a modelos constructivos ajenos al entorno.

Un conjunto de horreos en Loredo. / LNE
La edificación tradicional como eje del paisaje
Uno de los ejes fundamentales es la protección de la edificación tradicional rural. El PGOU identifica y valora las construcciones que responden a tipologías históricas del concejo, caracterizadas por el uso de materiales como la piedra, la madera o la teja cerámica, cubiertas inclinadas y volúmenes sencillos adaptados a la topografía. Estas edificaciones, muchas de ellas vinculadas a explotaciones agroganaderas, forman parte inseparable del paisaje rural mierense.
Rehabilitación y adaptación sin perder la identidad
El plan establece que cualquier intervención sobre estos edificios debe respetar su carácter original. “Esto no significa congelarlos en el tiempo, sino permitir su adaptación a nuevos usos —incluida la vivienda—, siempre que se mantengan sus elementos esenciales”. Se fomenta así la rehabilitación responsable, evitando derribos innecesarios y promoviendo soluciones constructivas que conserven fachadas, estructuras y proporciones tradicionales.
Especial atención merecen los hórreos y paneras, símbolos por excelencia del patrimonio etnográfico asturiano. El PGOU los reconoce como bienes de especial interés cultural y paisajístico, protegiendo tanto las estructuras como su entorno inmediato. Estas construcciones, destinadas históricamente al almacenamiento de grano y alimentos, son consideradas piezas clave del paisaje rural y, por tanto, quedan sujetas a normas estrictas de conservación.

Una vista del nucleo rural de Cenera. / LNE
Memoria colectiva y desarrollo equilibrado
El documento urbanístico también incluye otros elementos etnográficos como fuentes, lavaderos, abrevaderos, molinos hidráulicos, muros de piedra seca o caminos tradicionales. Aunque muchos de ellos han perdido su función original, el plan subraya su valor “como memoria colectiva y como elementos que estructuran el territorio”. Su conservación no solo responde a criterios culturales, sino también a la necesidad de mantener la coherencia del paisaje rural.
En los núcleos rurales, el PGOU apuesta por un crecimiento muy controlado. Se permite la edificación, pero siempre “bajo condiciones que garanticen la continuidad formal con el tejido existente”. Las nuevas construcciones deben respetar alturas, alineaciones y tipologías, evitando impactos visuales que rompan la armonía del conjunto. De este modo, el plan trata de frenar la dispersión desordenada y la aparición de edificaciones que desvirtúen el carácter tradicional de los pueblos.
Otro aspecto relevante es la relación entre edificación y medio natural. El plan reconoce que la arquitectura tradicional se desarrolló en estrecho diálogo con el entorno, aprovechando recursos locales y adaptándose al clima y al relieve. Por eso, las normas urbanísticas promueven soluciones constructivas sostenibles y respetuosas, alineadas con ese saber tradicional.
En líneas generales, el PGOU de Mieres plantea una visión del desarrollo rural basada “en el respeto a la historia y a la identidad del concejo”. Lejos de entender el patrimonio etnográfico como un obstáculo, lo considera “un activo cultural y territorial que puede contribuir a revitalizar el medio rural”. Proteger la edificación tradicional “no es solo una cuestión estética o nostálgica, sino una apuesta por un modelo de ordenación más equilibrado, donde pasado y futuro convivan en el paisaje de Mieres”.
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