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El viejo corazón de vapor de Mieres vuelve a latir como patrimonio industrial, recuperando una joya de la ingeniería eléctrica de principios del siglo XX

La rehabilitación de la central termoeléctrica culmina la reforma integran de la subestación de Santa Cruz tras una inversión de 14 millones

Las obras de reforma de la histórica nave de la vieja central de Santa Cruz.

Las obras de reforma de la histórica nave de la vieja central de Santa Cruz. / A. Velasco

Santa Cruz (Mieres)

La reforma integral de la subestación eléctrica de Santa Cruz (Mieres), una vez culminada en el ámbito estrictamente funcional, ha entrado en su fase final con la rehabilitación de la vieja central termoeléctrica, un edificio cargado de valor histórico y simbólico para el concejo y para toda la cuenca del Caudal. La actuación permitirá salvar uno de los elementos más singulares de la instalación original, su turboalternador de 1915, considerado una auténtica joya de la ingeniería eléctrica del primer tercio del siglo XX. El proyecto contempla además la urbanización del entorno, con zonas ajardinadas, aparcamiento público y espacios peatonales, con el objetivo de complementar la mejora técnica con una integración urbanística y social real.

Modernización sin renunciar al patrimonio

La intervención, que en su conjunto alcanza los 14 millones de inversión, supone el último eslabón de un proceso más amplio iniciado años atrás, centrado en modernizar una infraestructura estratégica para el sistema eléctrico sin renunciar a la conservación del patrimonio industrial. En una primera fase se ejecutaron las actuaciones necesarias para garantizar la operatividad y seguridad de la subestación, con la renovación de equipos, la mejora de accesos técnicos y la adaptación a los estándares actuales. Una vez completado ese trabajo, el foco se ha desplazado ahora al edificio histórico de la central termoeléctrica, cuya recuperación permitirá dotar al conjunto de un nuevo significado.

Las obras de reforma de la histórica nave de la vieja central de Santa Cruz.

Las obras de reforma de la histórica nave de la vieja central de Santa Cruz. / A. Velasco

Una central clave para la Asturias industrial

La Central Termoeléctrica de Santa Cruz no fue una instalación cualquiera. En el contexto de la Asturias industrial, desempeñó un papel clave como suministradora de energía para la actividad minera, los talleres, los lavaderos de carbón y los núcleos obreros del entorno. Fue una pieza esencial del engranaje productivo que convirtió a Mieres y su valle en uno de los motores industriales del norte de España.

El turboalternador de 1915

El elemento más valioso de la central es su turboalternador instalado en 1915, una máquina que representa uno de los grandes avances tecnológicos de su época. Hasta entonces, la generación eléctrica se apoyaba en motores alternativos de vapor, lentos, ruidosos y poco eficientes. La llegada del turboalternador supuso un salto cualitativo. La turbina de vapor de alta velocidad, acoplada directamente a un alternador, permitía una producción de electricidad mucho más estable, continua y fiable.

Tecnología pionera

Estas máquinas trabajaban habitualmente a 3.000 revoluciones por minuto, sincronizadas con la frecuencia eléctrica, y alcanzaban potencias que, para la época, resultaban extraordinarias. “Aunque hoy puedan parecer modestas, en 1915 garantizaban un suministro constante en un entorno industrial que no podía permitirse interrupciones”, señala un ingeniero consultado por este diario. Santa Cruz se convirtió así en un nodo energético esencial para el valle.

Un circuito cerrado de energía local

El modelo respondía además a una lógica perfectamente integrada en el territorio. El carbón extraído en los pozos cercanos alimentaba las calderas; el vapor generado movía la turbina; y la electricidad regresaba a la propia industria minera y a los servicios asociados. Era un circuito cerrado de energía local, que reducía costes y dependencia exterior.

Un valor histórico singular

Aunque este esquema fue común en Asturias, Santa Cruz pertenece a una fase pionera de la electrificación industrial. Centrales como La Pereda, en Mieres, o Lada, en Langreo, llegarían más tarde, con mayor potencia y una vocación ya regional. El valor de Santa Cruz no reside en su tamaño, sino en su antigüedad y en la temprana adopción de una tecnología que marcó una época. “En España quedan muy pocos ejemplos conservados de turboalternadores anteriores a 1920; en otros países europeos, piezas similares se exhiben hoy en museos industriales como patrimonio tecnológico de primer orden”, recalcan las fuentes consultadas.

Memoria obrera y futuro urbano

La rehabilitación permitirá conservar el turboalternador como corazón simbólico de la central, aunque ya no esté en funcionamiento. Cada válvula, cada eje y cada carcasa condensan décadas de saber técnico, trabajo especializado y memoria obrera. “No se trata solo de proteger una máquina o un edificio, sino de preservar una parte fundamental de la historia industrial de Asturias”, subraya Arsenio Díaz Marentes, presidente de la Agrupación Vecinal de Mieres.

La actuación se completa con la reordenación del entorno, que transformará un espacio tradicionalmente cerrado y técnico en una zona más accesible para la ciudadanía, con áreas verdes, aparcamiento público y recorridos peatonales. De este modo, Santa Cruz aspira a convertirse no solo en una infraestructura energética modernizada, sino también en un referente de recuperación patrimonial y convivencia entre pasado industrial y ciudad contemporánea.

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