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Fallece Vicente Gutiérrez Solís, "Vicentón", histórico luchador por la democracia en España, represaliado del franquismo

De 92 años, fue militante comunista en la clandestinidad, pionero del sindicado Comisiones Obreras, impulsor del asociacionismo vecinal, estuvo ocho veces en la cárcel, sufrió destierro y durante 18 años no pudo trabajar legalmente

Vicente Gutiérrez Solís, en su casa de Sama, en 2022.

Vicente Gutiérrez Solís, en su casa de Sama, en 2022. / FERNANDO RODRIGUEZ

Langreo

Asturias, y la democracia en España en general, ha perdido este sábado a una de las personas que más lucharon por su llegada. Ha fallecido a los 92 años de edad Vicente Gutiérrez Solís, "Vicentón", histórico militante del Partido Comunista, uno de los pioneros del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), represaliado por el franquismo, con el que estuvo ocho veces en la cárcel y 18 años sin poder trabajar legalmente, "vetado". También fue desterrado de Asturias. Ya en democracia, fue impulsor del movimiento asociativo vecinal, del que fue presidente en Asturias (a través de la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Asturias).

Nacido en Otiello de Arriba-La Casona, en Langreo, el 12 de marzo de 1933, Gutiérrez Solís deja un hijo, Eliseo, y un nieto, Álvaro. Estuvo casado con Marcolina Argüelles, también luchadora por la libertad, fallecida en 2023. Pocos meses antes, en 2022, fueron homenajeados por Izquierda Unida (IU), Comisiones Obreras y el PC (Partido Comunista) en un emotivo acto que llenó el teatro de La Felguera. La capilla ardiente se encuentra ubicada en el tanatorio de Langreo, en la sala número 12. Este domingo 25, a las 14.30, sus restos serán trasladados a La Florida, Sotrondio, para ser incinerados.

Hombre claro, expresivo, gran comunicador, Gutiérrez Solís entró en el PCE en 1955, en la clandestinidad, y fue militante hasta su fallecimiento este sábado 24 de enero. "Los comunistas no comemos rapacinos", subrayaba en una entrevista en profundidad en LA NUEVA ESPAÑA, en mayo de 2022, poco después del homenaje recibido en Langreo.

Marcolina y la "huelgona del 62"

En esa misma entrevista narraba cómo su lucha por la democracia le había llevado a la cárcel en ocho ocasiones, la primera ocasión en 1960, el mismo año de su boda con Marcolina Argüelles "En el 60 me casé con Marcolina Argüelles, nos conocíamos de toda la vida, del pueblo y llevamos 67 años juntos. En el 61 nació el crío, Eliseo. Yo estaba negado en todas partes, cada sitio que iba a pedir trabajo me decían que no. Entonces llega la huelga del 62, que tuvo mucha repercusión nacional e incluso internacional. Me detuvieron y estuve dos meses en la cárcel con la huelga de abril y mayo. Antes pasé por comisaría, que es donde uno sufrió la de María santísima. Aquellos cabrones, dándote palos por un lado y por otro. A los que estábamos en la cárcel nos soltaron por la presión que ejercieron los huelguistas, los compañeros. En agosto, a últimos, me ponen en libertad y salgo y vuelve la huelga de agosto del 62 y me vuelven a detener. Ahí me deportaron”.

Deportado en Soria

González Solís acabó en Soria, en la Soria de los años 60. "Una noche nos llevaron al cuartel de la Policía Armada de Oviedo, donde Buenavista. Nos metieron en un camión de ganado que tenía cuatro asientos de madera. No nos dijeron a donde íbamos ni mucho menos. Fuimos a León, Palencia, y al final a Soria. Llegamos 12. Ni la mujer ni la familia sabía donde estaba. Llegamos a Soria y aquello era una penitencia. Nos teníamos que presentar al cuartel de la policía a las nueve de la mañana y a las seis de la tarde. Preguntamos que dónde nos metían y nos dijeron que no querían saber nada. Se corrió la voz de que había mineros asturianos deportados. Aquella pobre gente no lo creía. El comportamiento de la gente del pueblo fue extraordinario. Había que ver lo que era Soria en aquellos tiempos pero la gente hizo un esfuerzo tremendo por nosotros. Estuve allí seis meses, y el resto de la pena, hasta los 14 meses, en León. En Soria no había manera de encontrar trabajo pero otros dos y yo fuimos a un tejera".

Los deportados asturianos se trasladaron a León y ahí el PCE le ofreció, tanto a él como a su esposa y su hijo, trasladarse a Francia. Finalmente aceptó un par de años después. En Francia, en sus encuentros con Santiago Carrillo, explicaba a los dirigentes comunistas en el exilio la huelga minera del 62, que había puesto en jaque a la estructura franquista. De ahí viajó a Rusia, precisamente al Donbás, y posteriormente a la República Democrática Alemana. Desde ahí, y ya con los papeles de su familia, viajó a Lyon (Francia) para hacerse cargo de la asamblea del Partido. Cuando su hijo Eliseo le veía le llamaba "el paisano" porque no le reconocía. Marcolina había sufrido tanto que Vicentón quiso llevarla a Francia para podere reunir de nuevo a la familia.

Aministía, democrcia y Perlora

Regresó a España, a su Langreo natal y a través de Horacio Fernández Iguanzo, este sí "El Paisano", encontró trabajo, un empleo que le sirvió para mantener la lucha obrera hasta que en 1977, dos años después de la muerte del dictador Francisco Franco, llegó la amnistía. Se abría entonces un proceso democrático en el que Gutiérrez Solís tenía muchas esperanzas que no se tradujeron en certezas. “El mero hecho de la amnistía y la legalización del partido te abría un nuevo mundo. Para una persona con todos esos años de trabajo clandestino en la organización del partido, creías que se abría una nueva etapa, que terminabas con el pasado y que se iba a construir un nuevo presente. Pasó lo que pasó y, francamente, los resultados no fueron del todo favorables. Pero estoy orgulloso de lo que luchamos porque, si no, estaríamos mucho más jodidos. Lo que ocurre que se aprovechó mucha gente. Hubo una temporada en la que tener el carnet del partido era la hostia. Pero todos sabíamos quienes trabajaron y quienes no, quienes aguantaron y quienes no fueron capaces de aguantar, quienes doblaban por cualquier cosa mientras nosotros estábamos sufriendo, aguantando y haciendo frente a todas las dificultades para lograr que en esta España hubiera libertad, justicia, menos ladrones y que la riqueza fuera mejor repartida de lo que fue. Desgraciadamente no fue así, pero podría haber sido peor. Hay que seguir trabajando. El partido se rompió en Perlora en el 78. De aquello hay lecturas diferentes", recordaba al dictar sus memorias a LA NUEVA ESPAÑA.

Asociacionismo vecinal

Tras tantos años de lucha clandestina, tras tanto sufrimiento, Gutiérrez Solís afrontó aquello con cierto desencanto. Esa ya no era su política, la de la calle. Pero encontró una nueva veta en la que seguir luchando, el asociacionismo vecinal. “Antes de legalizar el partido yo ya fui presidente de la asociación de padres del instituto Jerónimo González de Sama. Lo que había ahí, en la anterior junta directiva... menudo ganao. Desmontar todo eso costó un huevo, había que hilar muy fino. Cuando el chaval dejó el instituto tuve que dejarlo. En el programa electoral de las primeras elecciones municipales ya hablábamos de las asociaciones de vecinos. La política se debe hacer desde el asociacionismo vecinal. Estuve 11 años en el Ayuntamiento de Langreo como concejal, pero en el 91 me retiro de toda responsabilidad política, Entonces planteo a unos compañeros del barrio montar una asociación de vecinos en Sama. Lanzamos octavillas y visitamos puerta por puerta. Montamos una asociación cojonuda. Yo estaba quemado porque del estatuto de participación ciudadana que presentamos en el 79, lo que se aprobó luego era totalmente descafeinado. Como aquella asociación, Torre de los Reyes, funcionó, empezamos a trabajar y montamos otras 13 asociaciones de vecinos. Luego, llegó la federación de asociaciones de Langreo y luego la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Asturias (Cavastur). El movimiento vecinal en Asturias era de lo más potente, pero lo jodió el PSOE a nivel nacional”.

Una última batalla

Una de sus últimas luchas fue contra la tortura que sufrió durante el franquismo. En su memoria y en su cuerpo quedaron las huellas de sus "encuentros" con el infame Claudio Ramos, comisario de la brigada político social. Vicente Gutiérrez Solís acudió en 2022 al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas para denunciar las torturas que sufrió durante los últimos años del franquismo. Un camino que inició tras no encontrar el apoyo deseado en los tribunales españoles. El langreano, como todo lo que hizo en su vida, no buscaba el beneficio propio sino la justicia histórica y social. El abogado Francisco Javier Rodríguez –de la Comuna de Asturias, perteneciente a la coordinadora estatal de apoyo a la querella argentina– explicaba entonces que en 2018 se presentaron por todo el estado español una serie de denuncias por tortura, entre ella las de los asturianos Gutiérrez Solís y Gerardo Iglesias. “Esas denuncias se desestimaron en junio de ese mismo año”, apuntaba el abogado, señalando que “hicimos un recurso ante la Audiencia Provincial, que también se desestimó, y llegamos hasta el Constitucional”.

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