Lanzas de fabricación casera y una "obsesión" por las armas blancas: el perfil del joven encarcelado por la reyerta mortal de Langreo
Dionisio H. H., que ya estuvo en prisión por agredir con un hacha a un hombre, fue detenido el pasado verano tras pasearse por el centro de La Felguera con dos cuchillos

La imagen de Dionisio H. H. proyectada por la investigación es la de un hombre con problemas mentales, con un historial de episodios violentos y una relación recurrente con las armas blancas. La reyerta mortal del pasado miércoles en La Felguera, en la que murió su tío abuelo, Arturo Hernández, fue más que un brote repentino de violencia: “Era algo que se veía venir”, afirman compungidos los vecinos del entorno del número 28 de la calle Marqués de Bolarque .
Los vecinos hablan de una convivencia marcada en los últimos tiempos por discusiones frecuentes, intervenciones policiales y una tensión creciente desde que salió de prisión en 2020. Su propia madre, con la que convive, había denunciado unas horas antes de la reyerta que venía sufriendo amenazas y malos tratos por parte de su hijo desde hace seis años.
Quienes lo conocen hablan de su fijación por las armas. “Está obsesionado con ellas”, sostienen residentes de la zona, que recuerdan haberlo visto en más de una ocasión exhibiendo cuchillos de grandes dimensiones.
Un gusto conocido por las armas blancas
La investigación policial posterior a la reyerta ha reforzado esa percepción vecinal. En el registro domiciliario autorizado judicialmente, los agentes intervinieron dos lanzas artesanales (elaboradas con palos y cuchillos adheridos a ellos), un machete y varias armas blancas adicionales, algunas con restos biológicos pendientes de análisis pericial. También se incautaron prendas de vestir con manchas susceptibles de estudio. Precisamente la agresión mortal a Arturo Hernández, tío abuelo de Dionisio H. H. se produjo con un machete artesanal.
No era la primera vez que en el entorno de Dionisio H. H. aparecían armas. Hace apenas unos meses fue detenido tras pasearse por el centro de La Felguera con dos cuchillos, generando alarma entre los viandantes. En otro incidente anterior, la Policía le requisó una katana de grandes dimensiones. En aquellas ocasiones no hubo heridos, pero sí una creciente inquietud en el barrio ante su actitud desafiante.
Esa vinculación con armas blancas se remonta al menos una década atrás. Cuando rondaba los veinte años fue encarcelado por su implicación en una agresión con un hacha y un cuchillo a otro hombre en La Felguera. La víctima sufrió heridas de gravedad, con afectación pulmonar. Aquel episodio lo convirtió en un viejo conocido de las fuerzas de seguridad.
La escalada previa a la tragedia
En los últimos tiempos, según fuentes próximas al caso, su comportamiento se había vuelto más errático. Horas antes de la reyerta mortal, ya se había producido un episodio violento en el ámbito familiar. En la noche del martes, una discusión terminó con el abuelo del ahora detenido herido por dos incisiones con arma blanca en el pecho. Aunque las lesiones no fueron graves, el incidente evidenció el nivel de tensión existente en el domicilio. La hostilidad estaba a punto de estallar.
A la mañana siguiente, varios familiares acudieron al inmueble para pedir explicaciones. Según las diligencias policiales, Dionisio H. H. bajó al portal armado con un machete de fabricación casera —un palo con un filo adherido— y otras armas blancas. De acuerdo con los testimonios recabados, habría iniciado la agresión sin mediar palabra, desencadenando una pelea en la que tres hombres resultaron heridos por arma blanca. Hay vecinos que afirman haber incluso visto una pistola en la mano de uno de los implicados.
Arturo Hernández, de 62 años, recibió una herida bajo el brazo que le provocó una hemorragia masiva. Fue trasladado al hospital Valle del Nalón, donde falleció poco después. Otros dos familiares sufrieron lesiones por golpes y cortes, aunque fueron dados de alta tras recibir asistencia médica. El propio agresor presentó contusiones en la cabeza.
Un perfil marcado por la conflictividad
Quienes han tratado con Dionisio H. H. lo describen como alguien que, tras salir de prisión, parecía “desatado”. Las discusiones en el inmueble eran habituales y la presencia policial, recurrente. La denuncia interpuesta por su madre por amenazas y malos tratos horas antes de la reyerta fue el último aviso de una situación que llevaba tiempo deteriorándose.
La investigación judicial deberá determinar ahora la secuencia exacta de los hechos y las responsabilidades penales. Pero en el retrato que dibuja el vecindario emerge una constante: una relación persistente con armas blancas, episodios de violencia previos y un clima de conflicto familiar que acabó en tragedia.
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