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El viento arranca varias reproducciones en vinilo de los murales de Úrculo que estaban expuesta en el vallado de la pinacoteca de Langreo

Las fuertes ráfagas se llevaron parte de los paneles

Los paneles arrancados.

Los paneles arrancados. / M. Á. G.

Langreo

El fuerte viento que en los últimos días viene azotando la región ha causado daños a las reproducciones en vinilo de los murales Eduardo Úrculo que se exponen al aire libre en el vallado exterior de la pinacoteca municipal de Langreo, que lleva el nombre del fallecido artista. En concreto, las ráfagas arrancaron varios de los paneles en las que están colocadas las reproducciones, causando también daños en ellas.

Esas copias de los murales de Úrculo se pueden contemplar desde el paseo fluvial que une los distritos de Sama y La Felguera por la orilla del río Nalón. Están instalados en la zona exterior de la valla que cierra el recinto de la pinacoteca municipal. De la decena de paneles que se exhiben solo tres han permanecido en su sitio.

La reproducciones en vinilo recrean los cinco murales de Eduardo Úrculo rescatados de la antigua librería Belter de Sama, que fue demolida en marzo de 2017 por su estado ruinoso. Los murales se exhiben en diferentes dependencias municipales. El trabajo de recuperación fue llevado a cabo por el restaurador Jesús Puras.

Puras transfirió los murales a un nuevo soporte, unos tableros de madera especiales con una carga de mortero que simulan paredes. Las cinco pinturas recuperadas de la antigua librería Belter están ligadas al mundo de la literatura y tienen un trazo próximo al realismo expresionista. Representan la plaza de un pueblo, una estampa de "Platero y yo", un pasaje de "El viejo y el mar", un grupo de obreros letrados y la imagen de un escritor bohemio. Corresponden a la primera etapa de Úrculo, cuando el artista, que vivió en Langreo y falleció en 2003, no había recibido formación artística.

Deterioro

Los murales se encontraban en un inmueble en estado ruinoso, sin apenas techumbre, lo que acentuó su deterioro. En la primera fase de la restauración se fijó la pintura para corregir abombamientos, inyectando y pulverizando diferentes resinas. Posteriormente, se colocaron gasas de algodón impregnadas en colas naturales, hechas con huesos y pieles de animales. Una vez que las colas se secaron, la pintura quedó adherida a ellas, lo que permitió arrancar los murales para su traslado.

Puras transfirió las pinturas a un nuevo soporte, tableros fenólicos hechos con láminas de madera resistentes a la humedad sobre las que se aplica una capa de mortero para que tengan una carga mural. Las pinturas se colocaron por el reverso y se fijaron al nuevo soporte mediante un material adhesivo. A continuación se retiraron las telas en las que habían estado protegidas, en una de las fases más delicadas del procedimiento. Una vez que la superficie ya estaba limpia de restos de colas, se aplicó una capa de protección de resina poliacrílica que resulta imperceptible.

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