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Mieres retiene casi el 78% de su gasto comercial (145 millones) y fija como reto recuperar las compras que se van fuera en moda y equipamiento

El Plan Estratégico 2026–2029 constata que los mierenses compran mayoritariamente la alimentación en la ciudad, pero siguen desplazándose a otros municipios, más que comprar por internet, para adquirir ropa y otros productos

El objetivo es reducir una evasión anual de más de 32 millones de euros y reforzar la competitividad del comercio local

La plaza de Abastos de Mieres.

La plaza de Abastos de Mieres. / David Montañés

Mieres del Camino

El Plan Estratégico del Comercio de Mieres 2026–2029 parte de un diagnóstico riguroso de la realidad comercial del municipio impulsado por el Ayuntamiento de Mieres. Con una población superior a 37.000 habitantes y una posición estratégica en el eje central asturiano, Mieres genera, según el citado documento, una base de demanda suficiente para sostener un comercio de proximidad competitivo. El análisis de los hábitos de compra y del gasto generado, retenido, evadido y atraído permite definir con claridad las prioridades estratégicas para los próximos años.

Hábitos de compra de la ciudadanía

El estudio de demanda, basado en 400 encuestas a población residente y 200 a no residentes, refleja un nivel de satisfacción elevado con el comercio local, que alcanza una valoración media de 7,5 puntos. La principal fortaleza radica en el trato cercano, la profesionalidad y el conocimiento del cliente por parte del comerciante, atributos diferenciales frente a grandes superficies y plataformas digitales.

Sin embargo, los hábitos de compra muestran comportamientos diferenciados según tipología de producto. En alimentación, tanto fresca como envasada, el patrón es claramente local. Los mierenses compran mayoritariamente la comida en la ciudad, consolidando una fuerte cultura de proximidad en carnicerías, pescaderías, fruterías, supermercados y en la Plaza de Abastos. La frecuencia de compra es alta y se vincula a la confianza en el producto, la calidad y la cercanía física.

Por el contrario, en categorías vinculadas al equipamiento personal —moda, calzado y complementos— el comportamiento cambia de forma significativa. Una parte importante de la población opta por desplazarse a otros municipios del área central asturiana para realizar estas compras, atraída por una mayor variedad de oferta, formatos comerciales más amplios o por la experiencia asociada a centros comerciales supramunicipales. En este ámbito, además, se concentra una parte relevante del consumo online, especialmente entre población menor de 50 años.

También en equipamiento del hogar y otros productos especializados se detecta una mayor movilidad comercial. La decisión de compra se asocia en estos casos a factores como surtido, promociones, horarios amplios o percepción de modernidad de la oferta.

El aparcamiento aparece como uno de los principales elementos de insatisfacción, junto con la percepción de menor variedad en determinados segmentos no alimentarios. Estos factores influyen especialmente en la población activa y en compradores jóvenes, más sensibles a la conveniencia y a la experiencia global de compra.

En síntesis, Mieres presenta una fuerte fidelidad local en productos básicos, pero una mayor vulnerabilidad en categorías de gasto discrecional, donde la competencia intermunicipal es intensa.

Gasto generado, retenido, evadido y atraído

El gasto anual generado por la población residente en comercio minorista se estima en 145 millones de euros, con un gasto medio por persona cercano a los 3.965 euros anuales. La alimentación concentra el mayor volumen, con 81,1 millones de euros, seguida del resto de productos (28,2 millones), equipamiento de la persona (22,4 millones) y equipamiento del hogar (13,2 millones).

El comercio local logra retener el 77,6% del gasto total generado, un dato positivo que demuestra la fortaleza estructural del tejido comercial. No obstante, el análisis por sectores revela importantes diferencias.

En alimentación, la retención alcanza un destacado 93,9%. Esto confirma que los mierenses compran la comida en la ciudad y que el comercio alimentario constituye el verdadero pilar económico y social del sistema comercial local.

En cambio, la retención desciende hasta el 53,4% en equipamiento de la persona y al 57,6% en el resto de productos. Es precisamente en estos segmentos donde se concentra el grueso del gasto evadido. En términos absolutos, la evasión asciende a 32,4 millones de euros anuales. De esta cantidad, el 18,9% del gasto total se fuga hacia otros municipios, mientras que únicamente el 3,4 % se pierde por compras online. Este dato resulta especialmente relevante: la principal competencia no es internet, sino otros polos comerciales del entorno regional.

En paralelo, Mieres capta 6,4 millones de euros de gasto atraído procedente de visitantes frecuentes, turistas y población del entorno comarcal. La mayor parte proviene de visitantes habituales que utilizan la ciudad como centro de servicios y compras, mientras que el turismo y los eventos culturales aportan una cuota adicional.

Implicaciones estratégicas

El principal margen de mejora no se sitúa en la alimentación, donde el sistema comercial es sólido y competitivo, sino en recuperar parte del gasto evadido en moda, equipamiento personal y hogar. Esto exige "reforzar la especialización, mejorar el surtido, modernizar la imagen comercial y potenciar la experiencia de compra".

Asimismo, el plan estratégico plantea avanzar en digitalización práctica —no sustitutiva del comercio físico, sino complementaria—, reforzar la dinamización comercial y consolidar una marca propia vinculada a la identidad de Mieres como ciudad dinámica y cercana.

La mejora de la accesibilidad, la gestión eficiente del aparcamiento, la ocupación de locales vacíos y el impulso al relevo generacional son igualmente claves para sostener la masa crítica comercial.

En conclusión, Mieres cuenta con una base sólida: "Una ciudadanía que confía en su comercio para las compras esenciales y un volumen de gasto significativo". El reto estratégico consiste en "transformar esa fidelidad en una mayor captación de gasto no alimentario, reduciendo la evasión y aumentando el gasto atraído, para consolidar un modelo comercial sostenible, competitivo y adaptado a los nuevos hábitos de consumo".

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