El hospital de Mieres elimina en una mañana los tumores dermatológicos más complejos
El centro comienza a aplicar la novedosa técnica de "Mosh", que permite analizar "en directo" el tejido canceroso hasta que queda "limpio"

Jota Caral

Un paciente con un tumor se somete a una cirugía dermatológica, entra en el quirófano y el laboratorio analiza lo que los médicos han extirpado, espera un tiempo y le dan los resultados desde anatomía patológica. Si se detecta algo, el paciente deberá someterse a una nueva cirugía para “limpiar” más la zona afectada. Ese proceso puede prolongarse “con suerte” un mes, eso si hay quirófano y cirujano disponible para esa segunda operación.
Todo eso se reduce ahora a unas pocas horas, una mañana, en el Hospital Álvarez Buylla de Mieres, que ha implantado la conocida como técnica de “Mosh”. El paciente entra en el quirófano, el cirujano quita el tumor y se lo envía al técnico de anatomía patológica, inmediatamente este realiza el corte adecuado y le manda la muestra al patólogo. En menos de una hora el cirujano sabe si ha eliminado todo el tumor o aún quedan restos de células cancerígenas en el tejido. De ser así, al dermatólogo le indican además en qué zona están esas células para que siga trabajando.

El equipo del Hospital Álvarez Buylla de Mieres que aplica la técnica de "Mohs". De izquierda a derecha, Paula Penanes Jimena Carrero, Rebeca Pérez, Inés Gómez de la Riva, Ana Maríaa Gutiérrez Palacios, Alvaro iglesias y Bárbara Fernández Hevia. / D. O.
Los beneficios para el paciente
Álvaro Iglesias, dermatólogo del hospital mierense, explica que las ventajas para el paciente no son solo una cuestión de horas de quirófano o de espera por resultados. “Si no que se va con el 99 % de seguridad de que se la ha quitado todo el tumor”, explica. A eso hay que añadir que al precisar tan detalladamente en qué zona se debe intervenir “se reduce mucho el área dañada”. Un ejemplo, este mismo martes. El paciente tenía un tumor en la cara y estaba muy cerca de la cuenca del ojo, del lagrimal. Con una cirugía tradicional el médico habría intervenido en esa zona, pero al analizarlo con la precisión de la técnica de “Mosh” los patólogos vieron que el tumor no se había extendido hacia el ojo, que esa parte estaba limpia. Informaron al cirujano y no intervino en una parte en la que, de haberlo hecho, las consecuencias para el paciente serían mucho mayores en cuanto a impacto de la operación o postoperatorio.

Ana María Gutiérrez, a la izquierda, y Bárbara Fernández Hevia junto al criostato. Tras el cristal, Álvaro Iglesias / D. O.
Tejido que se corta a 20 grados bajo cero
Hasta ahora el equipo del Álvarez Buylla, formado por dermatólogos, anatomopagólogos y técnicos de anatomía patológica, ha operado a diez pacientes con esta técnica. Los primeros, Álvaro Iglesias y su equipo, son los que están el quirófano y extraen el tejido. Se lo envían a Bárbara Fernández Hevia, técnica de anatomía patológica, que corta esas muestras en un criostato, un aparato que secciona ese tejido a menos 20 grados centígrados. Marca con tinta los límites, con un sistema horario, y esas muestras, con una precisión de micras se las envía a Ana María Gutiérrez Palacios o Inés Gómez de la Riva. Ellas son anatomopatólgas y son las que le indican a Iglesias si el tejido está limpio y si tiene aún restos de células cancerígenas y en qué punto concreto se encuentran.

La doctora Ana Gutiérrez con una de las muestras de tejido / D. O.
Zonas de especial riesgo
Esta técnica no se aplica de forma genérica, sino que, como explica el dermatólogo, “está indicada para tumores como el carcinoma basocelular o el espinocelular”, especialmente cuando están en zonas que los médicos denominan "complejas o de especial riesgo". En estas áreas, donde el tejido es escaso y valioso, la prioridad es "ahorrar tejido en zonas donde es crítico mantener la piel sana".
Todo lo realiza un grupo de profesionales coordinados de una manera excepcional. Un equipo que trabajan juntos para limitar al máximo el impacto que sufre el paciente en la cirugía. No es sencillo coordinar, ni tener disponible, a personal tan cualificado. En la operación de este martes las muestras empiezan a llegarle a Bárbara Fernández Hevia a las ocho y media o nueve menos cuarto de la mañana y, desde ese momento, se inició un ciclo de análisis que dura unos 45 minutos por fase.
Es un trabajo milimétrico de paciencia y rigor donde el técnico de anatomía patológica es, en palabras del propio cirujano, "un punto fundamental". Solo cuando Ana María Gutiérrez o Inés Gómez de la Riva confirman que los bordes de la muestra que les ha enviado la técnico están libres de enfermedad, se da por concluida la intervención. Solo queda suturar la herida y el paciente se irá a su casa con una cicatriz más pequeña y lo más importante, sin el tumor.
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