Entrevista | Javier Martínez Director de la estación invernal de Valgrande Pajares
Javier Martínez, director de la estación invernal de Valgrande-Pajares: "Hay que tomar medidas con urgencia para garantizar la seguridad; si no se actúa, las consecuencias pueden ser irreparables"
"Es más fácil acallar al trabajador incómodo que asumir responsabilidades", asegura Martínez

Javier Martínez, en la telecabina de Pajares. / LNE
La labor que desde hace diez años desarrolla Javier Martínez como director de Valgrande-Pajares ha suscitado elogios desde todos los sectores. Clubes deportivos, asociaciones de vecinos, concesionarios de la estación y tejido hostelero (Asturcentral) han coincidido en alabar su tarea, que, por contra, ha hallado contestación en la plantilla. Martínez percibe que el esfuerzo que ha dedicado a la estación no ha sido valorado por el Principado y acaba de presentar una denuncia ante el fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Asturias contra la consejera de Cultura, Política Llingüística y Deporte, Vanessa Gutiérrez , y a la directora general de Deportes y Actividad Física, Manuela Fernández Ena. Les achaca una supuesta inacción prolongada ante graves deficiencias en materia de seguridad. Las acusa abiertamente de "poner en riesgo la vida de trabajadores y usuarios". El director de Pajares ha querido explicar su decisión a través de este diario. Se le nota cansado, pero se expresa sin titubeos.
–Usted afirma que durante años asumió funciones que no le correspondían. ¿Por qué?
–Durante seis años hice el trabajo de jefe de explotación, además de dirigir la estación. El puesto estaba cubierto oficialmente, pero en la práctica no se ejercía. Ante los informes técnicos y el riesgo que detectaba, el Servicio de Transportes y el de Deportes acordaron que yo asumiera esa función. Lo hice por responsabilidad, porque era imprescindible para poder abrir la estación con garantías.
"El desgaste fue enorme y el médico me obligó a parar; nos adeudan 1.300 días de descanso"
–¿Cuándo empiezan las advertencias técnicas sobre la incapacidad de la jefatura de Explotación?
–En 2019, la primera empresa externa de responsabilidad técnica emitió un informe alertando de graves carencias en la persona que ocupaba el puesto y recomendando que lo desempeñara otra. No era una opinión mía. Eran auditorías de empresas de prestigio internacional contratadas mediante licitación pública para supervisar la seguridad de la estación.
–¿El Principado conocía esos informes?
–Desde el primer momento. Puse la situación en conocimiento de la Consejería de Cultura y seguí informando durante seis años. No solo con mis propios informes, sino con los de dos empresas externas que coincidían en la falta de capacitación. La respuesta siempre era que se iba a solucionar, pero nunca llegaba ese momento. Fueron años de promesas incumplidas.
"Estoy muy tranquilo, he hecho lo que debía, denunciar las irregularidades y advertir del riesgo"
–¿Qué supuso para usted asumir esa doble responsabilidad?
–Un desgaste enorme. Asumimos esas funciones sin contraprestación económica, acumulando días sin descanso para que la estación permaneciera abierta. Ahora la Administración nos adeuda 1.300 días de descansos. Eso afectó a mi salud física y mental. El médico me obligó a parar porque la presión era insostenible.
–¿Por qué era tan importante mantener la estación abierta?
–Porque es una instalación pública que debe prestar servicio, pero también es el sustento de muchos pequeños empresarios de la zona. Cada día de cierre supone pérdidas irreparables. Además, sin un jefe de explotación acreditado no se puede abrir legalmente una estación de esquí. Esa figura es imprescindible para garantizar la seguridad.
–¿Cuál fue el punto de inflexión del conflicto?
–Cuando la directora general de Deportes acordó retirarle oficialmente las funciones al jefe de Explotación. Eso desencadenó una denuncia contra mí y otros compañeros. El Principado se allanó y le devolvió las funciones. A partir de ahí dejé de ejercer por decisión judicial y comenzaron los problemas visibles.
–¿A qué problemas se refiere?
–Hubo un descarrilamiento de una cabina y aperturas tardías. Más allá de la anécdota, lo preocupante es el contenido de los informes sobre seguridad. Después empezaron a pedirme explicaciones por correo sobre deficiencias que llevaba seis años denunciando sin que se hiciera nada.
–También denunció irregularidades en pruebas de carga. ¿Qué ocurrió?
–El primer día no se superaron las pruebas porque se produjeron tres maniobras gravísimas que atentaban contra la seguridad. Emití un informe porque estaba presente, igual que la directora general. En privado reconocieron la gravedad, pero no lo reflejaron en sus informes. Después repitieron las pruebas sin notificármelo
.
–¿Se han tomado medidas tras esos episodios?
–No. Es la primera vez que una directora general presencia pruebas de carga y ve algo así sin actuar. No sé si es ignorancia o irresponsabilidad, pero estoy completamente en contra. Creo que deberían adoptarse medidas urgentes antes de que ocurra un accidente
.
–¿Por qué decidió acudir a la Fiscalía?
–Porque ha pasado un año y todo sigue igual. He informado internamente, en la Inspección de Trabajo, en la Junta General y ahora en Fiscalía. No quiero esperar a que haya un accidente grave para que se tomen decisiones. Si pasa algo, no será porque no estuvieran avisados.
–La Consejería sostiene que usted no informó adecuadamente.
–Es rotundamente falso. Todos esos informes que dicen que no existían están ahora en manos de la Fiscalía. Es sorprendente que en lugar de resolver el problema se me haya abierto a mí un expediente con 14 faltas graves y muy graves.
–¿Cómo interpreta esa decisión?
–Parece más fácil acallar al trabajador incómodo que asumir errores. Después de denunciar públicamente la situación, la respuesta fue abrirme un expediente y activar protocolos de acoso laboral. Mientras tanto, no se han adoptado medidas sobre la seguridad.
–¿Se siente respaldado en su actuación?
–Estoy muy tranquilo. He hecho lo que debía, advertir de los riesgos y denunciar lo que considero irregular. Esquiar es el fin último, pero antes hay que subir en un transporte por cable seguro. Mi obligación era garantizar eso. Si no se actúa, las consecuencias pueden ser irreparables.
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