Peleas, vomitonas, heces, lunas rotas y hasta bragas abandonadas: esto es lo que tienen que soportar los conductores del "búho" en el Nalón
Los sindicatos mantienen que no habrá servicio nocturno el fin de semana si no hay un guardia de seguridad en el autobús

Fernando Rodríguez / M.A.G.

Los conductores que hacen el servicio nocturno, el popular "búho", en la Cuenca del Nalón, las han visto de todos los colores. Nunca había ocurrido nada tan grave como la agresión del pasado sábado cuando un hombre apuñaló al chófer en el cuello y en una mano. El conductor acabó teniendo que ser intervenido de urgencias en el HUCA y el agresor está en prisión preventiva acusado de tentativa de homicidio. Lo ocurrido ha llevado a los conductores a plantear que el próximo fin de semana no funcione el servicio nocturno. El Consorcio de Transportes de Asturias (CTA) lo mantiene y la empresa adjudicataria, el grupo Sanjuán, en el que se integra Transportes Zapico, la empresa del conductor apuñalado, ya ha fijado los turnos para el fin de semana, como dicta el contrato con el CTA. Aun así, los sindicatos mantienen que "no habrá servicio si el conductor no va acompañado de un guardia de seguridad".

VÍDEO: David Orihuela / FOTO: Fernando Rodríguez
Vomitonas y heces
Nunca se había producido una agresión tan grave, pero conducir esos autobuses por las noches supone un "sobresalto constante", relatan los propios conductores. “Lo de menos son las vomitonas”, explica uno de los chóferes, que se muestra hasta cierto punto comprensivo con ese “desahogo” corporal a unas horas en las que la ingesta de alcohol es lo habitual. Los "búhos" nacieron en cierta medida para eso, para poder disfrutar de las copas y el ocio nocturno sin tener que coger el coche. Pero hay otras “evacuaciones” que ya no tienen un pase. Hace no demasiado unas chicas avisaron a un conductor, “mira lo que tienes ahí atrás”. “Habían cagado entre los asientos, que mira que es difícil agacharse ahí”, recuerda. Ese mismo conductor relata cómo “hay chavales que se dedican a arrancar parte de los asientos, que van enganchados con grapas, y cuando abres la puerta para que suban o bajen viajeros, los tiran a la calle”.
Insultos y peleas
“Lo más habitual son los insultos y las faltas de respeto”, añade otro de los conductores. Todos prefieren permanecer en el anonimato al narrar lo que viven las noches de los fines de semana. En ocasiones los insultos van a más, como cuando un hombre le puso los genitales a un conductor en la espalda en pleno viaje y le pidió que le hiciese una felación.
También hay muchos problemas entre los viajeros. “Muchas veces van chavales que discuten entre ellos y se ponen a pelearse dentro del autobús”. En ese momento al conductor no le queda otra que “parar el vehículo y enfrentarte a ellos”, con todas las consecuencias que pueda tener meterse en una riña nocturna entre dos personas que pueden ir bebidas o drogadas. “Cuando se ponen a dar voces es mejor no decir nada, pero cuando empieza la pelea tienes que parar”, explica este conductor.
Lunas rotas
Otra de las “prácticas” habituales de algunos incivilizados que usan ese servicio de transporte público nocturno es romper las lunas del vehículo. Hace unas semanas uno de los conductores tuvo que sufrir que le rompiesen dos de los cristales un sábado por la noche. A la semana siguiente se volvió a repetir. “Vas conduciendo a las tres de la mañana, pendiente de la carretera, de si sale un perro o un jabalí y de repente suena un estruendo tremendo porque han roto una luna, no se puede trabajar así”, afirma uno de los chóferes que ha sufrido estas circunstancias.
Las sorpresas no se acaban al aparcar el autobús. En el momento de revisarlo la base también hay hallazgos cuando menos peculiares. “Un día encontré unas bragas ahí enrolladas en el reposacabezas de un asiento”, recuerda uno de los conductores.
La situación se ha vuelto ahora insostenible con la agresión a un compañero. Todos saben que hacer el servicio nocturno puede tener ciertas peculiaridades, pero en ningún caso están dispuestos a poner en peligro sus vidas ni la del resto de viajeros que hacen uso de ese servicio. Cuando el servicio de búho se instauró en la Cuenca del Nalón, cada conductor iba acompañado de un guardia de seguridad, “entonces había un poco de respeto”, recuerdan. Aquello duró alrededor de un año, desde entonces cada fin de semana es una aventura. Por eso piden mamparas para proteger su integridad y hasta que esos elementos sean una realidad reclaman que un guardia de seguridad viaje en el autobús nocturno. Si no los ponen, afirman, no volverán a trabajar en estos servicios nocturnos.
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