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Háblame bien de México

El país azteca y el despegue de su economía

Carlos Cuesta

Carlos Cuesta

Me lo dice con frecuencia mi amigo Rogelio Álvarez Cimadevilla, un cubano trasterrado a México en su adolescencia y con raíces en Laviana, El Condao e Iguanzo, a través de padres y abuelos. "Háblame bien de México" es su frase permanente. Y yo le respondo que sin duda lo haré. Este gran país hispanoamericano tan hermanado con España vive momentos coyunturales complejos por una inseguridad –delincuencia organizada– que urge desterrar con premura y la necesidad de una conciencia de nación por parte de sus habitantes.

Háblame bien de México

Háblame bien de México

México es un gran país y en mis viajes por ese territorio querido observo su presente y su futuro envuelto en deseos de progreso y bienestar. Y Rogelio, como buen antropólogo social de la Universidad de Xalapa y empresario en Tulum, se esfuerza día a día en situar a México en unas coordenadas de sentido común y en un despegue de su economía con la gestión gubernamental como tema esencial. Vivir México es adentrarse en su idiosincrasia, en sus gentes, en su paisaje, en sus costumbres y en esa "mexicalidad" desbordante que atesoran sus nativos. Rogelio es un enamorado de México y tiene la historia de este territorio en su mente inquieta y meticulosa. Sus trabajos sociológicos y demográficos sobre el universo de acá son actualmente un referente para los estudiosos de esas disciplinas y para las nuevas generaciones que desean acercarse al mundo mexicano en toda regla.

Estos días, en mi periplo mexicano desde Veracruz, pasando por Oaxaca, Puebla hasta recalar en Tulum, los encuentros afectos con la compañía de Rogelio sirvieron para analizar con certeza el devenir de este país que busca con ansias ganar la modernidad entre muchas pláticas de cantina, muchos chilaquiles, ese chile sempiterno, el guacamole, el agua de Jamaica, los huecos estrellados con frijoles refritos, los tacos de pastor, la arrachera con pico gallo o los ricos camarones de Veracruz, entre otras suculencias de la variada y contrastada cocina mexicana.

Y en Tulum, Rogelio, su hijo Rocki y todo el equipo profesional están dotando a esta población de unos equipamientos turísticos que son el orgullo de la zona con la ecología y la armonía constructiva como ejemplo. Y en el barrio de la Veleta, con trasfondo hispano, el restaurante Kaapeh destaca por sus desayunos, platillos y jugos de altura. Y en Bacalar está la atrayente laguna de los siete colores con un ecosistema único, sus cenotes, sus palapas, sus playas, sus hotelitos cuidados y un turismo limitado que busca la belleza y la tranquilidad como terapia de unos días de asueto. Y en estos enclaves de Quintana Roo, Rogelio ejerce de persona influyente y un perfecto guía para engancharse a unos rincones cargados de magia y energía. ¡Órale! n

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