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La "pegarata", una costumbre que sigue muy viva en las Cuencas: miles de tartas y bollos se venden estos días

Las pastelerías de los valles mineros trabajan destajo para elaborar el bollo de hojaldre y almendra que los padrinos entregan a sus ahijados por la Semana Santa

Omar Cuesta y Marián Gil, en la Configería Marián de Mieres.

Omar Cuesta y Marián Gil, en la Configería Marián de Mieres. / D. O.

Langreo / Mieres

Bollo de pascua, tarta de los padrinos... y sobre todo, "pegarata". Estos días las pastelerías y confiterías de las Cuencas son un no parar de trabajar, para cumplir la tradición: la de entregar el "ramu" bendecido el pasado domingo a los padrinos, para cambiarlo por un dulce, un roscón, una tarta, la denominada pegarata, una costumbre de gran arraigo, incluso entre quienes no se ciñen a la ortodoxia religiosa.

Alberto Ojeda ha llegado a hacer alguna pegarata de diez pisos. Es el bollo tradicional de Pascua de las cuencas mineras. Se trata de una rosca de hojaldre relleno de almendra que el padrino le entrega a su ahijado, “hasta el momento antes de casarse que le da lo que llaman en enramao, que es una tarta de almendra con un bollo grande”.

En la pastelería Albert de La Felguera hay bollos, pegaratas por todos los rincones, desde los individuales, pequeñas roscas, a un precio de 7,50 euros, hasta los de varios pisos. Ahí ya, “hasta lo que el padrino quiera pagar”, explica el maestro pastelero.

Alberto Ojeda, en la Confitería Albert de La Felguera.

Alberto Ojeda, en la Confitería Albert de La Felguera. / D. M.

La pegarata está decorada con merengue, con un cordón alrededor y en el centro de la rosca. También se añaden pequeñas frutas de confitería, “plumas, pollitos y otros animales”. En el escaparate se pueden ver también figuras de chocolate. “Sí que se añade alguna figura pequeña pero en la Cuenca no son tan tradicionales como en Oviedo o Gijón”, explica Alberto Ojeda que añade que “la gente prefiere un bollo más grande que una enorme figura de chocolate así que las que ponemos son pequeñas”.

El ir y venir es constante en un local donde estos días venderán alrededor de 5.000 bollos de Pascua de diferentes tamaños.

En Sama, en la pastelería Betty, han limitado el tamaño de la pegarata y “solo” las hacen de hasta cuatro pisos, “porque va muy relleno y no aguanta el peso”. Llevan desde el domingo de Ramos recibiendo encargos. Beatriz Rodríguez diferencia entre las roscas, de solo una unidad, y los “bollos montados”, en los que unas roscas se colocan encima de otras. En Betty el chocolate es casi una religión así que sus clientes sí que piden figuras de este dulce, “animales o los dibujos animados de moda”, apunta Rodríguez.

Beatriz Rodríguez, en la Confitería Betty, en Sama de Langreo.

Beatriz Rodríguez, en la Confitería Betty, en Sama de Langreo. / D. O.

Ventas

Las ventas de pegaratas en la Cuenca del Nalón se mantienen similares a las del año pasado, “quizás un poco más”, puntualiza Ojeda. Beatriz Rodríguez apostilla que ellos no han subido el precio en los dos últimos años y que sus bollos de Pascua oscilan entre los 15 y los 120 euros, hay para todos los bolsillos.

Los niños y jóvenes del Nalón degustarán este fin de semana uno de los dulces con más tradición en la comarca, “la pegarata”, una delicia de hojaldre y almendra.

Por su parte, en el valle del Caudal la Semana Santa también se endulza con la pegarata. La tradición consistía antiguamente en una salida al campo donde familias, amigos o cuadrillas compartían comida, bebida y juegos durante el Domingo o Lunes de Pascua. Con el tiempo, esta parafernalia ha quedado reducida la compra de una sabrosa tarta. Se trata de una tradición que poco a poco también se va perdiendo. “Los niños ahora piden otras cosas y muchas veces prefieren chocolates industriales”, señala Marian Gil, conocida empresaria mierenses con medio siglo de experiencia en la Confitería Marián. “Por suerte muchos clientes siguen valorando la calidad y eso hace que las ventas se mantengan por estas fechas”.

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