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Una historia de superhéroes anónimos: minero y carnicero de día, campeones del ultrafondo de noche

Luis Alberto Moro y Raúl Velasco, integrantes del Club Atletismo Mieres, firman una gesta en el Campeonato de España de 50 kilómetros y convierten la vida cotidiana en una historia de superación

Luis Alberto Moro y Raúl Velasco, con una de las medallas que lograron en el Campeonato de España.

Luis Alberto Moro y Raúl Velasco, con una de las medallas que lograron en el Campeonato de España. / D. M.

Mieres del Camino

Luis Alberto Moro es un minero jubilado y Raúl Velasco trabaja como carnicero en un Alimerka de Mieres. Esa es su identidad pública, pero al igual que Clark Kent esconde a Superman tras su traje cotidiano, ambos tienen una identidad oculta bajo la que realizan proezas. Corren 50 kilómetros como si hubieran nacido fabricados específicamente para ello. Moro acaba de proclamarse campeón de España de la distancia para mayores de 65 años, rebajando en 20 minutos el récord nacional. Velasco se colgó la medalla de la plata en la aún más competida categoría de mayores de 45 años. Un logro que pone al Club Atletismo Mieres como una referencia del ultrafondo, ya que los también atletas locales Leticia Sevillano e Isaac Barragán destacan igualmente en el reto de los 100 kilómetros, siendo respectivamente subcampeona de España en más 40 años y tercero en más 45.

Detrás de los dorsales, los cronómetros y las medallas hay dos historias de esfuerzo cotidiano que nacen lejos de los focos. Luis Alberto Moro, de 67 años, no siempre fue corredor. Empezó a correr tras su prejubilación en la mina, casi por casualidad, después de que su cuñado lo animara a probar con el club. “Cuando dejé la mina caminaba rápido y me dijeron que casi estaba corriendo. Vine a entrenar y hasta hoy”, recuerda. Aquel paso aparentemente sencillo terminó convirtiéndose en una rutina diaria de disciplina y superación.

Luis Alberto Moro y Raúl Velasco, entrenando en la pista del Hermanos Antuña.

Luis Alberto Moro y Raúl Velasco, entrenando en la pista del Hermanos Antuña. / D. M.

Registro sin precedentes

Su victoria en el Campeonato de España de 50 kilómetros, disputado en Málaga, fue tan meritorio como contundente. Paró el crono en 3 horas y 49 minutos, veinte minutos menos que el anterior récord nacional en su categoría. “El resultado fue inmenso para mí. Estaba entrenado para ese ritmo, pero hasta el kilómetro 45 no sabes cómo va a responder el cuerpo”, explica. A partir de ahí los cuádriceps empezaron a avisar de que las fuerzas eran las justas, pero el margen logrado en los primeros kilómetros fue suficiente para asegurar un triunfo que difícilmente olvidará. “Tengo 67 años y 50 kilómetros son muchos. Ahora el objetivo es el campeonato de España de maratón, que es la medalla que me falta”, señala.

Raúl Velasco, 46 años, representa la otra cara de esta historia. Trabaja como carnicero, pasa muchas horas de pie y entrena cuando los turnos se lo permiten. En Málaga logró la plata en su primer Campeonato de España, con un tiempo de 3 horas, 12 minutos y 22 segundos. “Iba a pegarme al primero hasta donde aguantara. Faltando cinco kilómetros pegó un tirón y ya tuve que asegurar la segunda plaza”, cuenta. Llegó tan fuerte que los dos últimos kilómetros los corrió por debajo del ritmo previsto.

Inicio temprano y retorno

Su relación con el atletismo comenzó de niño, pero la dejó al empezar a trabajar. Doce años después regresó al club y desde entonces encadena meses de más de 400 kilómetros de entrenamiento. “Hay días que te tiemblan las piernas en el trabajo, pero al día siguiente vuelves porque haces lo que te gusta”, afirma.

Ambos coinciden en el mismo espíritu competitivo que les empuja a seguir. Moro intenta seguir el ritmo de los más jóvenes en los entrenamientos; Velasco prepara ahora el maratón de Valencia y sueña con mejorar su marca. Mientras tanto, el Club Atletismo Mieres celebra un éxito colectivo que también comparten Leticia Sevillano e Isaac Barragán, protagonistas del crecimiento de las pruebas de ultrafondo en el concejo.

Porque, como en las mejores historias de superhéroes, sus proezas no nacen de poderes extraordinarios, sino de la constancia diaria de dos hombres corrientes que, al ponerse las zapatillas, se convierten en algo extraordinario.

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