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La súplica de una asturiana a las personas que visitan la zona rural: “No acariciéis los perros de los pueblos”

Bárbara Canteli apela al “respeto animal” y explica que los perros que están “en libertad trabajando” no pueden aprender a “mendigar y abandonar su función”

Un perro en el muro de la casa familiar

Un perro en el muro de la casa familiar / A. P. P.

El mensaje es claro: “no se deben acariciar los perros de los pueblos”. Así de contundente ha sido Bárbara Canteli, una asturiana que regenta una granja escuela en Laviana, con su alegato al “respeto animal”. Su súplica en redes sociales se ha vuelto viral y tiene tantos defensores como detractores.

“Suplico: no acariciéis a los perros de los pueblos, de las finques, del monte, que están en libertad trabajando. Eso se llama respeto animal”. Con estas palabras Bárbara Canteli, a través del perfil en Instagram de “El Trasgu La Fronda”, la granja escuela en la que enseña a los niños a amar y respetar la naturaleza, ha abierto un gran debate sobre si se deben o no acariciar a los perros de otras personas. “Yo no voy por la ciudad acariciando los nenos de la gente”, apuntó.

Su malestar no es casual. Vive en una casa en plena naturaleza y muchas personas se acercan a su jardín para acariciarlo. “Una vez con el perro atado en el jardín abrieron la puerta y pasaron. Otra vez me criticaron por tenerlo atado”, explica.

Hay quien le pregunta qué hacer si el perro se acerca a “pedir mimos”. Para Canteli, estas muestras de cariño son peligrosas. “Se acostumbra a que cualquiera le dé comida o cariño y acaba aprendiendo a mendigar y abandonando su función. No saben distinguir, van a lo cómodo”, argumenta.

Ante la avalancha de preguntas y críticas en redes sociales, la afectada explica en un segundo vídeo una explicación más extensa de su forma de pensar. “Yo digo que los animales son inocencia, buscan alimentación y refugio. Si una persona pasa por delante y lo acaricia, eso le va a decir al perro que esa persona puede ser una zona de confianza; si encima le da una chuche con aditivos, le está generando una necesidad que no tiene. Al final, el perro piensa que todas las personas son majas y agradables y un día se va y abandona su trabajo de proteger la casa o cuidar a los animales”.

En su caso, el perro juega un papel importante y así lo explica a modo de conclusión: “Se despista un poco y viene la raposa y me come las pites”.

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