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La romería de La Flor (con recuerdo al gran apagón de hace un año) reúne en Lena a cientos de incondicionales de las fiestas de "prau": "Aquí siempre hay ambiente"

Los asistentes evocan el apagón del pasado año y reclaman mejoras en el entorno del río Naredo, con una inversión pendiente de 4 millones de euros

Piedracea (Lena)

El prau está moyáu y hace un poco de frío, pero pa tomar un culín, de sobra.

Marta Solís fue este lunes de las más madrugadoras en llegar a Piedracea para disfrutar de la romería de La Flor. El tiempo solo acompañó a medias, cosas de ser la primera gran romería de la primavera asturiana. Aun con el cielo encapotado y con algo de orbayu, la fiesta cumplió con sus ritos y costumbres. La más importante, «entamar tertulies» junto a la ermita. Temas de los que hablar hubo de sobra.

Para empezar, se charló mucho de la romería del año pasado, que coincidió con el apagón eléctrico que hizo que la rutina diaria quedara colapsada en toda España... salvo en el «prau» de Piedracea: «Aquí no nos enteramos de nada. Nosotros subimos todos los años para dar un paseo, tomar un poco de sidra y bailar un par de piezas», apunta Nieves Álvarez. Junto a su marido, Arturo Oliveira, recuerdan el apagón como algo difuso: «Nos extrañaba que el baile tardara tanto en empezar y fue entonces cuando empezó a correrse la voz de que había un apagón, pero sin aclarar el alcance».

Nieves Álvarez y Artuto Oliveira, en el "prau" de la fiesta.

Nieves Álvarez y Arturo Oliveira, en el "prau" de la fiesta. / David Montañés

La propia organización tardó el año pasado en enterarse de que, mientras en Lena se danzaba, el país se había detenido: «Es cierto que nadie se dio cuenta hasta que hubo que conectar los equipos para la música. Los teléfonos no funcionaban y al final nos hicimos con un generador y seguimos con la fiesta», destaca Blanca Plaza, presidenta de la asociación de vecinos de Piedracea.

El arzobispo de Oviedo

El apagón estuvo muy presente en la celebración. Hasta el  arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, tuvo un recuerdo para lo sucedido hace un año durante la misa que él mismo ofició este lunes. A la conclusión, la procesión fue seguida por mucho público.

Pero no solo del apagón se charló en la romería de La Flor. Hace también ahora un año, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) anunció una inversión de más de 4 millones de euros para la recuperación ambiental y paisajística del tramo bajo del río Naredo. Se trataba de una actuación llamada a sanear el tramo fluvial que transcurre entre Pola de Lena y Piedracea, por el que discurre una acogedora senda peatonal muy frecuentada por vecinos y visitantes.

La llegada del ramu a la fiesta.

La llegada del ramu a la fiesta. / D. M.

«Al final es lo de siempre, para prometer todo son prisas, pero para cumplir luego la cosa cambia», lamentaba Adolfo Zapico, otro habitual de la fiesta. Lo cierto es que la Confederación tiene aún pendiente abordar esta actuación, que no solo dotará de saneamiento al cauce, sino que también abrirá nuevos espacios para el ocio, con una senda mejorada, áreas recreativas y un parque fluvial.

Entre culín y culín, los comentarios se mezclaron con la música y los bailes improvisados. Pese al tiempo, la romería fue ganando ambiente con el paso de las horas, y no faltaron las gaitas ni las parejas que se animaron a salir a la pista. «Mientras no llueva con fuerza, aquí siempre hay ambiente», resumía otra vecina, convencida de que la tradición pesa más que el cielo gris.

Atraer visitantes

Los vecinos valoran positivamente el proyecto del Naredo y confían en que finalmente vea la luz. «Es una actuación que veníamos reivindicando desde hace muchos años, ya que la senda está bastante descuidada», explican desde la asociación vecinal, que espera que la mejora contribuya a revitalizar la zona y atraer a más visitantes. «Es un paseo con mucho encanto y muy transitado, y con estas mejoras puede ganar todavía más», concluyen.

Entre conversaciones, risas y algún que otro culín de sidra, la romería de La Flor fue avanzando en Piedracea como manda la tradición, con ese ambiente relajado que mezcla fiesta y encuentro vecinal. A medida que la tarde fue despejando ligeramente, aunque sin llegar a abrir el sol del todo, el «prau» se fue llenando de más gente que no quiso perderse la primera gran cita festiva de la primavera en el concejo.

La música de gaita y tambor marcó el ritmo de una jornada en la que, pese a la falta de sol, nadie parecía dispuesto a abandonar el recinto. Las tertulies siguieron sumando temas, desde recuerdos de otras ediciones hasta comentarios sobre la evolución del propio entorno rural. Todo ello en un ambiente de convivencia que, año tras año, convierte a Piedracea en punto de encuentro imprescindible para vecinos y visitantes.

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