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El Curucho, una defensa del siglo X ante el temor a incursiones hacia Oviedo: así se frenaban en el medievo en Lena los ataques de Almanzor

La torre, según los estudios, se levantó ante el riesgo de ataques y para supervisar el tránsito entre León y Asturias

Varios de los investigadores, durante las excavaciones.

Varios de los investigadores, durante las excavaciones. / Foto cedida a LNE

Pola de Lena

La reciente excavación arqueológica en el Curucho de Reconcos, en el concejo de Lena, ha permitido reinterpretar uno de los enclaves históricos del valle del Huerna. Lo que durante décadas se consideró un castro prerromano ha resultado ser, en realidad, una torre defensiva del siglo X, levantada en un contexto de inestabilidad marcado por las campañas militares de Almanzor.

Los trabajos, desarrollados a finales de febrero en el marco del Proyecto Pintaius, han estado dirigidos por el arqueólogo Alfonso Fanjul Peraza. Desde el primer momento, los investigadores detectaron que los restos no correspondían a un asentamiento castreño, sino a los derrumbes de una estructura fortificada. La excavación de un sondeo en la zona superior del enclave permitió identificar los vestigios de una torre, protegida además por un imponente foso excavado en la roca.

Carbono 14

Aunque los fragmentos cerámicos hallados ya apuntaban a una cronología medieval, ha sido el análisis por carbono 14, realizado por el Centro de Ciencias Físicas y Tecnología de Lituania, el que ha permitido precisar la datación. Los resultados sitúan la ocupación del Curucho en el último cuarto del siglo X, y, de forma significativa, durante un periodo muy breve, de apenas unas décadas.

Este dato resulta clave para comprender la función del enclave. Lejos de tratarse de un asentamiento permanente, la torre del Curucho parece responder a una necesidad concreta y puntual: reforzar la defensa del territorio en un momento de amenaza. La cronología coincide con el inicio de las incursiones de Almanzor contra el Reino de León, una etapa especialmente convulsa en la que el caudillo andalusí lanzó más de medio centenar de expediciones militares entre los años 977 y 1002.

En este contexto, los investigadores interpretan la torre como una estructura de carácter estratégico, concebida para vigilar y proteger las comunicaciones entre la Meseta y Asturias. Su ubicación no es casual. Desde el Curucho se controla el punto de convergencia de las principales vías naturales y caminos históricos que descendían desde León hacia el valle del Huerna.

Zona de tránsito

Más allá de su papel defensivo, la torre también habría funcionado como un punto de control del tránsito de personas y mercancías. Esta doble función —militar y de vigilancia— refuerza la idea de una ocupación ligada a una coyuntura de riesgo, más que a un poblamiento estable.

El hallazgo se enmarca en el Proyecto Pintaius, dirigido por Jorge Oca y financiado por el Ayuntamiento de Lena. La iniciativa tiene como objetivo documentar, datar y poner en valor los poblados fortificados del valle del Huerna, vinculándolos con el origen histórico de Pintaius, un militar astur-trasmontano.

Los resultados obtenidos en el Curucho no solo aportan nueva luz sobre el pasado medieval de la zona, sino que también abren la puerta a una mejor comprensión del sistema defensivo del territorio asturiano en una de sus etapas más inciertas.

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