La mujer herida tras dispararse en la cabeza en Columbiello (junto a su marido, fallecido) evoluciona favorablemente en la UCI y ya no precisa sedación
Irene G. permanece en el Hospital Universitario Central de Asturias, pero presenta signos de mejoría y ya empieza a interactuar con el entorno

La UVI móvil que trató a la mujer, aparcada frente al domicilio familar. / LNE
Irene G. no solo logró sobrevivir contra todo pronóstico tras dispararse en la cabeza en su vivienda de Columbiello, al mismo tiempo que lo hacía su fallecido marido, sino que además muestra una evolución clínica sorprendentemente favorable. La mujer permanece ingresada desde el pasado sábado en la UCI del Hospital Universitario Central de Asturias, pero con signos esperanzadores de mejoría que han generado cierto alivio entre su entorno más cercano.
Según ha trascendido, tras ser inicialmente inducida a un coma para estabilizar su estado, los médicos han podido retirarle la sedación en las últimas horas. Irene G. responde a estímulos y ya es capaz de relacionarse ligeramente con las personas que la rodean, una evolución que se considera positiva dentro de la gravedad del cuadro inicial.
El suceso tuvo lugar en la mañana del sábado, cuando Irene G. y su esposo, Félix G., ambos de 70 años, fueron hallados con heridas de arma de fuego en su domicilio. Utilizaron pistolas. El hombre falleció en el lugar, mientras que la mujer fue localizada con vida en estado crítico, lo que permitió su traslado urgente al centro hospitalario.
Decisión conjunta
Las primeras investigaciones de la Guardia Civil apuntan a que ambos habrían tomado de forma conjunta y planificada la decisión de acabar con su vida. De hecho, antes de los hechos, avisaron a un familiar para que acudiera a la vivienda. Fue este quien descubrió la escena y dio la voz de alarma a los servicios de emergencia.
El caso ha generado una profunda conmoción en la zona, donde el matrimonio era conocido. Su entorno más cercano ya era consciente de las dificultades que atravesaban desde hacía tiempo. A los problemas económicos que arrastraban se sumaban complicaciones de salud en ambos casos. Irene G. había sufrido un ictus años atrás y presentaba un serio deterioro físico, mientras que su marido padecía dolencias crónicas que requerían atención constante.
Sin terceras personas ni armas de fuego
Pese a ello, allegados aseguran que en los últimos meses habían mostrado cierta mejoría. Los problemas económicos sí se habían agravado últimamente. Las autoridades han descartado la intervención de terceras personas y cualquier indicio de violencia de género. Vecinos y allegados destacan la buena relación que tenía el matrimonio.
Mientras la investigación sigue su curso, la evolución de Irene G. abre ahora una inesperada vía de esperanza en medio de la tragedia. Su recuperación, aunque todavía incierta, se ha convertido en el principal foco de atención para familiares y vecinos, que siguen pendientes de su evolución tras un suceso que ha dejado una huella profunda en toda la comunidad.
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