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Soy de Langreo, mira qué...

Las mujeres de las Cuencas, pioneras y luchadoras, un ejemplo para todas

"Soy de Langreo,

mira que soy langreana,

pierdo la vida por defender a una hermana".

Esta asturianada la aprendí en una de esas grabaciones antiguas que cada semana Alfredo Canga nos grababa a mi hermano y a mí en cintas de cassette, y que aprendíamos con esmero para volver a visitarlo y que él nos corrigiera en la cochera de su casa en Les Pieces, "pa arriba de Sama".

La cuenca minera siempre fue inspiración para la música, porque la cuenca minera siempre fue música en sí misma, aunque muchos de esos sonidos ahora solo formen parte de nuestra memoria.

Si cierro los ojos, siento asturianaes "al altu la lleva" por los chigres de Sama o El Entrego, así como en los concursos de Rioturbio o La Nueva, la gaita y el tambor de los Carreros, la voz de Chus Pedro entonando "El Chalaneru", la de Laudelino, el Abogau, el Tordín, la de Víctor Manuel… el fuego quemando los neumáticos en cada barricada, el turullu, el martillu, el picu y la pala, la sirena de la fábrica, el llanto, el silencio del duelo, la voz que protesta, la mezcla de acentos de tanta gente que emigró de otras comunidades a este próspero lugar, como mi abuelo Agustín, que desde Salamanca vino a trabajar en la fundición de metal en Menasa. Él vino con mi abuela, mi madre y mi tío, dejando allí a los suyos para echar en Llangréu raíces, como tantas otras familias hicieron. Sí, somos hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes.

También suena a la sidra que cae y rompe en el vaso, aunque ya quedan menos chigres en la cuenca donde se siga escanciando, y qué bien suena cuando la escancia un campeón como mi padre, y en un chigre como el que abrió mi abuelo Fernando en Riañu, El Moadafe, donde tantas tardes también sentí jugar a los bolos. ¡Qué suerte ser nieta de una generación que amó y respetó tanto sus tradiciones!

Y si vuelvo a la canción, no diría que nos define, porque definir quizá sea limitar, y esta tierra y su gente nunca tuvieron límites. Pero ye que esta frase… ¿cómo ye esta frase? "Pierdo la vida por defender a una hermana". Casi la pierden Anita Sirgo, Tina Pérez, Celestina Marrón y muchas otras que me encantaría nombrar, en la Huelgona del 62. Casi la pierden (y muchos la perdieron) nuestros mineros y mineras, tanto dentro como fuera de la mina. Defender nuestros derechos y los de nuestras hermanas y hermanos, luchar por un bien común y no por un fin individual… ¿En cuántos trabajos veis a prejubilados unirse a las barricadas y manifestarse con quienes siguen trabajando? Aquí, en la cuenca minera, pasaba; en la mina, pasaba…

Y las mujeres… las mujeres de las cuencas mineras fueron pioneras, luchadoras, un ejemplo para todas. Y, por cierto, qué orgullo que haya sido en La Felguera donde, en 1982, varias mujeres se pusieran de acuerdo y boicotearan el concurso de asturianada como protesta ante la discriminación y la diferencia económica que existía en los premios entre mujeres y hombres. Y qué orgullo que la mujer que luchó y abrió paso a las mujeres a entrar en la mina (al menos de manera legal) fuese Concepción Rodríguez, de La Felguera.

Si me preguntan qué quiero ser de mayor, diré que parecerme a ellas, al igual que cuando era pequeña decía que me quería parecer a mi bisabuela Luz Divina, que hasta los 104 años que falleció, vestida de negro y con el moño bien alto, cenaba sentada en una tayuela y con una bota de vino entre las piernas.

Hoy, el activismo y el asociacionismo entre mujeres sigue muy vigente y con grandes ejemplos como Maricusa Argüelles.

La cuenca minera es lucha y compromiso, es solidaridad… y por eso yo, como artista, busqué la inspiración para mi último trabajo desde una silla de mimbre pegada a la ventana de un piso antiguo en el centro de La Felguera (porque sí, nací aquí y, en contra de lo que parece lógico para que una artista triunfe —irse a Madrid—, yo sigo viviendo aquí, y desde aquí está demostrado que se pueden conseguir grandes cosas… o, si no, que se lo pregunten a las mujeres del Tren de la Libertad). Y solo tuve que observar y darle paso a la memoria… contar todo lo que esta tierra nos hace ser y me hace sentir.

Siento orgullo de ser de la cuenca minera y, cuando canto a esta tierra fuera de aquí, veo en los ojos de la gente admiración. No perdamos eso, no olvidemos y no permitamos que la tierra que un día alumbró a todo un país pueda llegar a apagarse.

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