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Memoria de treinta años: viejos dilemas, nuevos desafíos

La apuesta por lo emergente a través de la educación, la innovación y la ciencia, capital para afrontar el futuro

Dos estudiantes, ante la entrada del edificio principal del campus de Mieres

Dos estudiantes, ante la entrada del edificio principal del campus de Mieres / Luisma Murias

Quizá porque mi niñez sigue habitando en las Cuencas, agradezco especialmente la invitación para unirme a la celebración del treinta aniversario de esta edición de LA NUEVA ESPAÑA. Felicidades, ante todo, a quiénes habéis hecho crónica y memoria de la vida de las Cuencas en esos años. Me sumo encantado a la celebración, además, porque mi trayectoria como economista y responsable universitario me ha permitido participar en algunos hitos destacados de esa historia y ocuparme de ellos en mis trabajos y publicaciones sobre la minería del carbón, la economía asturiana y las comarcas mineras.

La historia de esas décadas es tan conocida que no hay mucho que añadir: es la de una reconversión ineludible, saldada con ajustes de enorme envergadura pese a unas resistencias que apenas lograron dilatar el anunciado fin del carbón. La de un caso paradigmático de desplome de las bases industriales de crecimiento, sin parangón en su concentración sectorial y territorial. La de un delicado laboratorio de gestión social para atenuar los impactos económicos de la reestructuración. La de un palpable ejemplo de la "destrucción creativa" de Schumpeter, que tuvo más de destructivo que de creativo en nuestra región. Y, en fin, la de unos objetivos reindustrializadores frustrados, todavía pendientes, traducidos en un prolongado declive que ha dejado en Asturias una profunda huella económica, social y mental.

Pero si hay que convocar a la memoria en el presente no es para ajustar cuentas con el pasado, sino para que hable a un futuro en el que todo está por decantarse, de modo que viejos dilemas de ayer no lastren la capacidad de afrontar los nuevos retos de hoy. Entre tantos otros, hay tres de esos dilemas a los que brevemente me voy a referir.

Es comprensible que la dureza de los ajustes de la reconversión suscitase una reacción defensiva convertida casi en mito social y que impregnó al conjunto de una economía asturiana más proclive desde entonces a forjar consensos para resistir que para cambiar. Pero en el dilema entre "resistir y cambiar" se encierra una lección: las dinámicas de evolución económica conducen ineludiblemente a transformaciones que se podrán retrasar pero no eludir, especialmente en tiempos complejos e inciertos como los actuales, que requieren innovación, flexibilidad y capacidad de adaptación ante cambios disruptivos en la economía global.

El segundo dilema, "reconversión vs reindustrialización", nos ha dejado como herencia un negativo desequilibrio que no pudieron compensar unos "fondos mineros" ineficaces para recomponer el tejido económico y empresarial. Aunque no fueron inútiles del todo esos fondos, al contribuir a mejorar la habitabilidad, las comunicaciones, equipamientos, infraestructuras y servicios, que ofrecen ahora a las Cuencas algunas ventajas (como vivienda más accesible o freno a la pérdida de población) y constituyen un buen soporte para impulsar nueva actividad. Pero para llenar los vacíos aun pendientes de reconstruir y reactivar la base económica e industrial, se necesitará algo más que unos fondos compensatorios de los que ya no vamos a disponer (ni pueden ser suplidos por nuevas modalidades de subvenciones o una cultura de gratuidad que se parece extender), porque lo que se va a requerir son ideas, planes, estrategias (recordemos como se desdeñó en su día el Programa ERA) y un marco que propicie el emprendimiento, la empresa y la competitividad

Esto me lleva al tercer dilema que me evoca la historia de las pasadas décadas: el de "lo declinante vs lo emergente". La herida del declive ha dejado una profunda huella de la que está costando recuperarse. Pero ahora es lo emergente lo que nos debe importar, para certificar el paso de la economía mineral a la ambiental, de la energía fósil a la renovable, de la minería del carbón a la de los datos, para apostar por las nuevas tecnologías, el patrimonio natural e industrial, la cultura, el turismo, la salud y atención social, la industria de la seguridad. Con sectores como ésos son con los que decididamente nos debemos alinear y en todos ellos contamos con recursos, proyectos y emprendedores, que merecen una confianza, apoyo y proyección mayor de la que muchas veces se les da.

En la innovación, la ciencia, la educación, las Cuencas cuentan con un gran capital para hacer de la economía del conocimiento una de sus apuestas de mayor valor. Precisamente una factoría del conocimiento, esa metáfora de pozo minero convertido en campus universitario, está próximo a cumplir 25 años que, con sus logros y dificultades, la sociedad ha de valorar mucho más y con el que las instituciones se han de volcar para un nuevo impulso posible ahora que entra en la madurez.

Estamos viviendo ahora un dilema más, el de una transición energética ¿justa? que parece haber contrapuesto los intereses del "fin del mundo con los del fin del mes". Pero otra historia de futuro vendrá, que tendremos que construir con esperanza, esfuerzo e imaginación, atentos a las nuevas fuerzas que ha desatado el tiempo actual, sin desoír la memoria del pasado, pero evitando sus errores y su repetición.

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