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Una nueva vida para las Cuencas

Las comarcas mineras dejan atrás la pesadumbre para hablar de oportunidades y empleo

Vista nocturna de la entrada a Mieres desde la Autovía Minera

Vista nocturna de la entrada a Mieres desde la Autovía Minera / Miki López

Las Cuencas, mi hogar, llevan años cargando con el mismo diagnóstico: reconversión, empleo a la baja, envejecimiento y la impresión de que el viento del crecimiento siempre pasa de largo. Ya no es así. Los datos apuntan un cambio de tendencia, y el estereotipo de las comarcas mineras como un territorio resignado a un bucle infinito de nostalgia ya no responde a la realidad.

Este artículo es breve y no puedo detenerme en todos los indicadores, pero fijémonos en uno de los más reveladores: la demografía. Tras años de pérdida sostenida de población, el Nalón y el Caudal comienzan a recuperar habitantes. Que zonas históricamente castigadas vuelvan a resultar atractivas para vivir no es un matiz menor: es una señal estructural. Cuando un territorio atrae población, se reactivan dinámicas económicas y sociales que empujan al comercio, a los servicios, a la escuela, a la vivienda y, sobre todo, a la autoestima colectiva.

Sería tentador atribuirlo únicamente al precio de la vivienda. Pero esa explicación se queda corta: en paralelo se aprecian movimientos económicos, con empresas que consolidan actividad, otras que amplían y algunas nuevas que llegan. El paso relevante es precisamente ese: dejar la resistencia para hablar de oportunidades y empleo. Y también de relato: que la edición de Cuencas de LA NUEVA ESPAÑA haya cumplido la treintena no es un detalle menor. Está siendo el mejor testigo de este cambio.

Zona media y baja del valle del Nalón desde El Entrego, en primer término.

Zona media y baja del valle del Nalón desde El Entrego, en primer término. / Miki López

Hay más. La reconversión de espacios vinculados a la minería: antiguas infraestructuras con enorme carga simbólica empiezan a encontrar usos distintos con proyectos ligados a la I+D. Ese giro transforma el significado de un lugar sin borrar su memoria. Donde antes hubo trabajo duro y peligroso, ahora se abren posibilidades ligadas al conocimiento y a la I+D. Además, el patrimonio industrial aparece como un activo con recorrido. La oferta cultural y turística asociada a la minería ha demostrado capacidad de atracción, pero está lejos de su techo.

En este contexto, la apuesta del Gobierno de Asturias por las comarcas mineras es decisiva y tangible. Las cuentas autonómicas para 2026 refuerzan la inversión en vivienda, modernización de equipamientos, infraestructuras y recuperación de entornos degradados. Ahí están la mejora del corredor del Nalón; proyectos de reactivación industrial como Carrio; y el refuerzo de la sanidad de proximidad, con avances y mejoras en hospitales y en centros de salud como los de Lena y Sotrondio. El objetivo es facilitar que quien llega se quede, y que quien ya está encuentre razones para no marcharse.

Nada de esto elimina los retos pendientes, que son muchos, pero cambia el horizonte. El destino de las Cuencas no se reduce a mirar atrás con pesadumbre. En las comarcas mineras late una nueva vida y nuestra obligación, la del Gobierno de Asturias, es alentarla y fortalecerla, sin olvidar nuestra cultura común de cohesión y resistencia. Y lo digo también desde lo personal: quien hoy preside el Gobierno conoce estas calles y esta manera de vivir. Ser de las cuencas es una forma de estar y de ser.

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