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Opinión

Javier Fernández López

Javier Fernández López

Director del Museo del Ferrocaril

Patrimonio industrial, de ruina a recurso

Lo hecho y lo que queda por hacer para poner en valor los vestigios del pasado fabril

Visitantes en el Pozo Sotón

Visitantes en el Pozo Sotón / LNE

Un beneficio que vamos adquiriendo los que nos hacemos viejos es que se nos permite contar historias convertidas en personales y hasta pontificar sobre ellas, a sabiendas de que la bondad de quienes nos escuchan lo sabe disculpar. Me permitiré usar ese privilegio.

Como llevo muchos años metido en esto que hemos venido en llamar patrimonio industrial, inevitablemente me vienen a la mente antiguas batallas y, como resultado de ellas, muchas derrotas y algunas victorias. Que el patrimonio industrial asturiano, más concretamente el de las cuencas, se considere ahora un valiosísimo recurso que no puede ser ignorado, fue la primera y más ardua pelea que hubo que ganar.

En un tiempo no tan lejano, los venerables vestigios de la industria y minería que poblaban nuestro territorio tenían la general consideración de feos testimonios de un pasado a olvidar. Para la mayoría, los restos de nuestro pasado industrial y minero eran sólo paisajes sucios y oscuros, instalaciones deleznables y objetos achatarrables. Modificar ese relato y mutar la mentalidad social para que ese patrimonio tuviera la consideración de tal, fue una victoria lenta y trabajada, que se ganó gracias al esfuerzo de mucha gente, tantas veces anónima, a la que tenemos que homenajear ya.

Tren del Ecomuseo de Samuño

Tren del Ecomuseo de Samuño / LNE

La siguiente contienda fue convertir esas ruinas en recursos. Es una gran verdad que la conservación del patrimonio ha de hacerse por el valor del patrimonio en sí mismo. Sin embargo, no es menor certeza que lograr utilidades sociales con esa preservación facilita la tarea. Definitivamente la sociedad está mucho más dispuesta a invertir recursos públicos, siempre escasos, si percibe un retorno. Conseguir que ambas cosas, la conservación y la utilidad, fluyan con soltura ha de ser, sin duda, la base de cualquier plan estratégico sobre nuestro patrimonio industrial. Y llegados a este punto, tras ya décadas de actuaciones, toca posiblemente llevar a cabo una evaluación objetiva de lo realizado, de los triunfos y de los fracasos.

Bien, mi conclusión, en muy pocas palabras, es que todo podría haber sido mucho peor. Nadie discute ahora el valor de conservar esas memorias plasmadas en instalaciones, objetos, vivencias y modos de vida. Por el camino muchas cosas desaparecieron para siempre, inevitablemente inmoladas por selección natural; mucho de lo que queda son meros retazos inconexos. Sin embargo, otras veces se ha logrado que pervivan verdaderos monumentos dignos del pasado de esta tierra. Además, con sus luces y sus sombras, cuando se ha asumido la transformación de ruina a recurso, el resultado ha sido en general razonablemente exitoso.

Actuaciones recientes del gobierno autonómico, de los ayuntamientos de las Cuencas, de empresas como Hunosa y de entidades particulares como la Asociación Santa Bárbara de Mieres, siguen su curso, tanto a nivel de promoción como de rescate y conservación de estos elementos. Tenemos buen número de museos y conjuntos preservados de nuestro rico patrimonio industrial, en buena medida bien interpretados, que ya crean utilidades innegables.

Sin embargo, aún hay ejemplos de lo que no debe ser. Me quedo con uno, aunque todos conocemos bastantes más: el Sanatorio de Bustiello, cuyo triste estado actual representa una sangrante muestra, y no estoy utilizando una figura retórica, de las actuaciones fallidas.

La principal carencia en este ámbito, y realmente se echa mucho de menos, es la existencia de un verdadero plan estratégico que ordene actuaciones y sobre todo inversiones, partiendo siempre del valor patrimonial de los bienes afectados. Un plan es mucho más que una compilación de términos de moda, como sostenibilidad, puesta en valor y resiliencia, que suelen servir de comodines para llenar páginas pero que, si se analizan con un poco de detenimiento, carecen de verdadero fondo.

Sanatorio de Bustiello

Sanatorio de Bustiello / LNE

No podemos ser conformistas y aún queda mucho por hacer, pero lo cierto es que nuestras cuencas y la zona central de Asturias en general, conservan hoy en día un conjunto patrimonial industrial valiosísimo que ya es parte básica de cualquier planteamiento futuro en estos territorios. Y lo que resulta más relevante, no sólo suponen una utilidad económica inmediata, como así es, sino que como memoria preservada, como testimonio abierto para quienes estamos ahora aquí y, sobre todo, para quienes nos sucedan, nos dan las claves de los orígenes ciertos de nuestra sociedad, las razones por las que estamos aquí, de donde venimos y, sobre todo, de los grandes destinos a los que podemos llegar.

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