Opinión

Presidenta Sociedad Humanitarios de San Martín
La pervivencia de las tradiciones
Saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos

Ambiente de Moreda durante la fiesta de los Humanitarios de 2025 / Miki López
Hablar de tradiciones y su mantenimiento es remontarse y rememorar tiempo pasado para no olvidar nuestras raíces. Porque es necesario saber de dónde venimos para saber a dónde queremos ir. Además, en mi caso es recordarme que la recuperación de esas tradiciones han sido claves en cómo se ha desarrollado mi propia existencia.
Desde la escuela al grupo de baile, y de ahí a monitora en la Escuela Hogar de Hunosa, pasando por recorrer los pueblos del concejo enseñando a bailar a lo suelto y recuperando bailes y vestimenta. Así fue calando y cogiendo poso en mi persona aquello que hicieron nuestros ancestros para vivir, e incluso sobrevivir…. Y sobre todo el interés por seguir transmitiéndolo a generaciones futuras.
Descubrir los útiles y cacharros donde comer y guardar los alimentos, la matanza del gochu o la güerta, centro de la siembra y la recogida, de la agricultura y la ganadería, de celebración y alegría… así como valores como la solidaridad, presentes en la andecha o la sextaferia, se convierten en ejemplos de vida que deberían ser referentes en cualquier sistema educativo.
La transmisión oral de estas costumbres y oficios, que hoy puede y debe apoyarse en las nuevas tecnologías, es la base para seguir manteniendo estas tradiciones, imprescindibles para conocer lo que nos identifica como pueblo y nos da identidad. Por ello, debemos enseñar a quienes nos sucederán a recoger y recopilar poemas, música y bailes, juegos, y todo lo que conformaba una manera de vivir.
Considero importante transmitir a nuestros niños y jóvenes esa inquietud, pues siempre hay cosas por descubrir en el pasado de sus ancestros, así como la importancia de mantener los valores que deben acompañarnos en nuestra existencia y, evidentemente, aprender a no cometer los mismos errores… En definitiva, evolucionar con la herencia de quienes construyeron lo que hoy somos.
No estoy hablando de nostalgia, sino de arraigo. En la niñez, los juegos en la calle eran la vida de los pueblos; eran, sin apenas darnos cuenta, nuestra forma natural de relacionarnos y de aprender a convivir: saltar a la comba, la pica la mula, el escondite, pies quietos, "paloma uno, paloma dos, paloma tres", la gancheta, lirio lario, el güa, el cascajo, la peonza, el corro de la patata, "tres marinos a la mar", "pase bisi, pase bisa", los paquetes, el pañuelo…
Al mirar atrás, no busco idealizar el pasado, sino recordar una manera de comunicarnos más directa, más cercana, más humana. Una comunicación cara a cara que hoy, en gran medida, se ha transformado bajo la influencia de las redes sociales.
Ese arraigo por lo nuestro te lleva a crear, a poner en práctica ideas que nos transporten y permitan dar a conocer, entre diferentes pueblos, lo que cada uno tuvo, de lo que se nutrió y aquello con lo que puede seguir enriqueciendo a sus habitantes.
Cada concejo y cada pueblo de Asturias tienen su propia dignidad y forma de vivir, lo que los hace ricos en el desarrollo de sus costumbres. Desde los quesos, el azabache, la tornería o la cestería, hasta los diferentes tipos de minería, los árboles frutales, la miel, los juegos (bolos, rana) o el bateo del oro, o la propia elaboración y conservación de los alimentos, incluso formas de pesca, tala de los bosques….
Esto me lleva a hablarles de la Sociedad Humanitarios de San Martín, de su nacimiento y repercusión hoy en día. Nuestra entidad nace con el fin de dinamizar al pueblo, buscando sus mejoras, siendo la Solidaridad su parte principal y el mantenimiento de sus Tradiciones, dando vida con ello al pueblo y al concejo. De aquella panadería popular para que a nadie le faltara el pan, al auge del panchón como postre especifico de la zona, de poner la Picona y el chaleco, a vestir por San Martín los trajes de antaño, resaltando costumbres de vida en las Xandas y juegos tradicionales.
Hemos acumulado un importante patrimonio inmaterial a través de los premiados con nuestros galardones, que además llevan nuestro nombre por España y Asturias. Son el galardón "Espiga de Escanda de Oro" a la Tradición, que contribuye a valorar y resaltar el valor de unas costumbres en las que apreciamos la recuperación de oficios de antaño, de gran arraigo en Asturias; y "La Colmena de Oro" a la solidaridad, que destaca el espíritu de ayuda hacia quienes lo precisan, otra cualidad profundamente arraigada en el ser humano, donde el compañerismo es un factor determinante.
Me quedaría satisfecha, si se van compartiendo la idea que las costumbres ancestrales son nuestra brújula, por lo cual debemos trabajar unidos para proteger, promover y conservar lo que nos identifica. De nada servirán luego las lamentaciones.
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