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Entrevista | Concha Fernández Pol Psicología clínica y escritora

Concha Fernández Pol, psicóloga clínica y escritora: "Es importante recuperar la tradición oral que formaba parte de las Cuencas, pero mi generación ya no la transmitió"

"El sexismo continúa colándose, no hay más que ver a algunas 'influncers' propugnando un modelo de feminidad de hace décadas, o a algunos jóvenes quejándose que las mujeres tienen muchos derechos"

Concha Fernández Pol.

Concha Fernández Pol. / LNE

Mieres del Camino

La psicóloga y escritora de origen turonés Concha Fernández Pol regresa a la escena cultural con “Retazos de una educación sentimental”, una obra que invita a mirar hacia dentro a través de las emociones y la memoria. Licenciada por la Universidad de Salamanca y doctora por la Universidad de Oviedo, desarrolló buena parte de su trayectoria profesional en el Servicio de Salud del Principado de Asturias como especialista en Psicología Clínica. La autora presentará el libro el próximo 5 de mayo en el Espacio 19 10, en Mieres, un encuentro que servirá también para reflexionar sobre el papel de la educación emocional en la sociedad actual.

- ¿Qué le impulsó a escribir Retazos de una educación sentimental en este momento de su vida?

-En realidad, este libro llevaba más de tres décadas urdiéndose en mi mente, pero no disponía de tiempo para dedicarle la atención que requería. Hace tres años sentí que no podía seguir relegándolo, tanto por mi edad como por el momento histórico que atravesamos. Considero que la espera ha merecido la pena, pues me ayudó a integrar, a conciliar distintos objetivos.

-¿Cuáles?

-Por un lado, la necesidad de compartir, para que no se perdiesen, leyendas, canciones y romances de tradición oral que formaban parte del acervo cultural de la zona del Caudal, pero que mi generación ya no transmitió a sus descendientes. Por otro, analizar la influencia de determinados elementos (lecturas, juegos, canciones, anuncios publicitarios, programas radiofónicos y televisivos, usos y costumbres…) en la construcción de la subjetividad, de la identidad masculina y femenina de los niños y niñas de mi generación. Y todo ello, contextualizado en los tres marcos concretos en los que transcurrieron mi infancia, adolescencia y primeros años de juventud. Es decir, Turón, Oviedo y la ciudad de Salamanca.

- ¿Hasta qué punto este libro es autobiográfico, y hasta qué punto refleja una memoria colectiva?

- Algunos pasajes de mi vida son utilizados como hilo conductor para reflexionar, de forma crítica no exenta de humor, sobre la historia social de España durante el tercer cuarto del siglo XX. Los comentarios realizados por hombres y mujeres, tanto de mi generación como de la anterior y posterior a la mía, tanto de Asturias como de otras partes de España, confirman que se sienten identificados con lo relatado en el libro. Recientemente, una amiga que se lo había regalado a la mujer colombiana que cuida a su madre, me comentó que “le estaba prestando mucho, y que apreciaba bastantes paralelismos con su infancia en Colombia”.

- ¿Cómo influyeron el contexto minero y social de su niñez en su forma de ver el mundo?

- A una edad muy temprana ya tomabas conciencia de la dureza y peligrosidad del trabajo del minero, de lo mucho que costaba traer el jornal a casa. Quien más, quien menos, tenía algún familiar o allegado que “se había matado en la mina”, sufrido algún accidente laboral, o al que veías “reventando de tos” a causa de la silicosis. Eso, por no hablar de los ciento treinta duros de pensión de viudedad que le pagaban a una vecina mía. Los turullos que intermitentemente atronaban en aquel valle verde y negro, coincidiendo con la entrada y salida de los distintos turnos de trabajo, cuando sonaban a deshora, sabías que algo malo había pasado, como aquel fatídico verano de 1967 en el que cuatro mineros quedaron sepultados en el Pozo Santa Bárbara. Pocos días después, una explosión de grisú en la mina de Santo Tomás, cerca del Instituto de Turón en el que yo estaba haciendo un cursillo de verano, acabó con la vida de otros once trabajadores. Ese tipo de vivencias creo que sí han condicionado mi forma de percibir el mundo y mi actitud ante determinadas situaciones.

El contexto minero me influyó, una edad muy temprana ya tomabas conciencia de la dureza y peligrosidad del trabajo, de lo mucho que costaba traer el jornal a casa

Concha Fernández Pol

— Psicóloga clínica y escritora

- ¿Qué papel jugaron la música, los libros o los medios de comunicación en esa construcción emocional que describe?

- En mi opinión, los mensajes transmitidos a través de esos medios tenían tanto o más impacto que los de la “enseñanza reglada”, que era más explícita. Al producirse en contextos de aprendizaje informal, su enorme potencialidad en el moldeamiento del papel que el niño y la niña habrían de desempeñar en la adultez pasaba más inadvertida. Por ejemplo, en el recreo de la escuela, los niños solían practicar juegos de rescate y de guerra mientras que las niñas se decantaban por las canciones de corro y de comba, alguno de los cuales equiparaba la vocación con el estado civil. Así mismo, los anuncios publicitarios y los programas radiofónicos y televisivos reproducían y reforzaban los valores y el sexismo propios de aquellos años. Por otra parte, el análisis de las canciones que estaban de moda me permitió acceder a una fuente de información privilegiada, y valorar la paulatina evolución que se estaba produciendo en la conceptualización de las relaciones de pareja.

- En su libro habla del olvido como la verdadera muerte, ¿es la escritura una forma de resistencia frente a eso?

-En este caso, sí. Resistencia a que caigan en el olvido la riqueza de nuestra tradición oral; resistencia a que Turón -y, particularmente, Armiello- olvide sus raíces y se convierta en un lugar despojado del significado emocional que tuvo y tiene para quienes allí nacieron o vivieron. Con la escritura de este libro he querido contribuir a que las generaciones más jóvenes puedan transitar, si lo desean, por las huellas del tiempo y del paisanaje que habitaba el valle de mi niñez.

- ¿Qué conexión existe entre su trayectoria profesional en la psicología clínica y su faceta como escritora?

- En mi anterior libro, “Una vía en las estrellas. El Camino de Santiago de unas personas poco corrientes”, existe una relación muy clara. Es el relato del proceso de rehabilitación psicosocial llevado a cabo con un grupo de pacientes aquejados de un trastorno mental grave, con quienes la enfermera del Centro de Salud Mental de Otero y yo formamos un grupo de montaña y realizamos el Camino de Santiago Primitivo. Uno de los objetivos de aquel libro era reducir el estigma social asociado a las “enfermedades del alma”. En cuanto a los “Retazos de una educación sentimental”, si mi actividad profesional hubiese sido otra, mi análisis sobre la configuración de la identidad en función del sexo posiblemente no sería el mismo.

- Su compromiso con causas sociales, como los derechos humanos, ¿de qué manera atraviesa su obra?

-De una u otra forma, yo diría que todo lo que he escrito está impregnado por esa preocupación, por ese compromiso. Eso ya se remonta a mis primeros trabajos escolares, como me recordaba hace poco una compañera del antiguo Instituto Femenino de Oviedo.

- ¿Qué le ha enseñado su experiencia en el activismo que luego haya trasladado a la escritura?

- El conocimiento de los informes elaborados por la organización con la cual llevo más de dos décadas colaborando (Amnistía Internacional) y el contacto directo con defensoras y defensores de diversas partes del mundo, que se juegan la vida y hasta se la han arrebatado, me confirman la importancia de acciones concretas, entre ellas, la publicación de algún artículo referente a violaciones concretas de derechos humanos.

- ¿Cree que las nuevas generaciones comparten esa educación sentimental o el contexto ha cambiado radicalmente?

-El contexto ha cambiado, pero el sexismo continúa colándose de diversas formas. No hay más que ver la imagen proyectada por algunas “influencers” propugnando un modelo de feminidad entroncado con el de hace décadas; o el malestar expresado por muchos jóvenes quejándose de que “las mujeres tienen muchos derechos” y que eso va en detrimento de los suyos.

- ¿Qué le gustaría que sintiera o reflexionara el lector al terminar el libro?

- Sentimientos y reflexiones similares a las que me han transmitido algunas personas que ya lo han leído: “Nunca había leído nada tan cercano, una vez que empecé a leerlo no podía dejarlo”; “me has llevado a mi infancia, parece que es mi vida”; “me emociona volver a recordar determinadas situaciones y sensaciones que casi tenía olvidadas y descubrir vivencias que no tuve porque me tocó ser hombre y conocer las cuencas mineras solo de visita”; “has convertido tus vivencias de infancia y juventud en una novela que se lee con mucho interés y en un ensayo sobre un momento de nuestra historia que hace pensar mucho, sobre todo en el valor de las mujeres, cómo pudimos sacar la cabeza de ese camino que nos marcaban”… O el mensaje que el Día del Libro me envió Nervi, una antigua vecina que ahora vive en Urbiés: “Cada día que lo leo y lo leo, más me emociono, ya que regreso a nuestras raíces. Hasta sueño que compro todas las casas viejas y en ruinas y hago un pueblo lleno de vida”.

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