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De lo nuestro / Historias heterodoxas

El cartero rural trostkista

La historia de Crisanto Romero Pola, nacido en Calatayud, enviado por "Pasionaria" a Mieres, donde acabó afincándose

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

Ernesto Burgos

Ernesto Burgos

Mieres del Camino

José Fernández Sánchez, nacido en Ablaña en 1925, fue uno de los niños de la guerra evacuados a la Unión Soviética durante la contienda española. Allí estudió letras con aprovechamiento, trabajó como traductor e intérprete ruso-español y en 1971 regresó a Madrid para impartir clases de culturas eslavas en la Universidad Autónoma. También escribió varios libros contando sus recuerdos de infancia y juventud, entre ellos el magnífico “Cuando el mundo era Ablaña” que luego fue recreado en “El sol na escombrera”, con el que Alberto Vázquez obtuvo en 2020 el XII Premio Alfonso Iglesias de cómic en lengua asturiana.

Uno de los capítulos de este libro está dedicado a quien el autor denominó «el cartero rural trotskista». Como no es muy largo, lo transcribo completo:

«En política, Ablaña era uniformemente socialista. Había un par de falangistas que se rebelaron como tales solo al terminar la guerra. El único disidente conocido era el cartero, que un día se declaró trotskista. Se pasaba la vida rezongando contra todo y contra todos, y, desde entonces, para mí el trotskismo, más que una doctrina, es un berrinche prolongado. Un día el pueblo amaneció lleno de carteles con un texto enigmático: “En la República un cartero rural percibe diariamente 0,25 pesetas”. Al principio yo no podía creer que los hubiera pegado nuestro cartero. Yo me imaginaba a un cartero rural con un morral al costado, bajando del monte por una cuesta pedregosa, casi cegada por las zarzas. Yo identificaba lo rural con la timidez de nuestros lecheros que venían todas las mañanas desde Valmurián, o con el purpúreo dueño de aquella quintana adonde fui con mi abuelo a echar la vaca al toro. Tal vez nuestro cartero entendía el término igual que yo, y el título discriminatorio de cartero rural, amén de las 0,25 pesetas de sueldo, le habían arrastrado a las filas del trotskismo.

Al terminar la guerra. Aquel hombre se pasó varios años de cárcel, como todos, y alguno más por trotskista. También perdió la cartería. Después puso en Mieres un puesto de tebeos y golosinas. Dentro del garito, las revistas prendidas con pinzas de la ropa te rozaban la cara igual que las telarañas. Al fondo en la penumbra tras las tarrinas de chupa-chups y las cornetas de plástico, se parapetaba el viejo trotskista, preservando su ideario frente al mundo burgués».    

Crisanto Romero

En realidad el cartero rural citado por José Fernández tuvo nombre y apellidos: se llamaba Crisanto Romero Pola y fue el padre de Florentino Romero García, fallecido en 2021, a quien sus amigos seguimos recordando, tanto por su buen carácter y su sonrisa permanente, como por el conocimiento que tenía sobre las máquinas de vapor y la historia de Fábrica de Mieres.

Crisanto Romero había nacido en Bijuesca, en la comarca zaragozana de Calatayud, el 25 de octubre de 1901 y tuvo una vida azarosa. Tras concluir su servicio militar en el norte de Africa, en junio de 1924 optó al puesto de cartero en el concurso que se convocaba para que los licenciados pudiesen acceder a destinos civiles, pero fue rechazado porque no presentó el certificado de aptitud física expedido por los médicos militares, que se exigía entre los requisitos.

Entonces viajó hasta las minas francesas de Pas de Calais, luego estuvo en el sur del país galo y siendo ya comunista conoció a “La Pasionaria” en Gallarta, quien lo envió hasta Mieres para que extendiese el Partido. Aquí se afincó definitivamente, compaginando su trabajo como panadero con la actividad política.

El joven aragonés se casó con Nieves García Huelga, que pertenecía a otra familia muy comprometida con el movimiento obrero: dos de sus hermanos iban a morir luchando en el monte durante la posguerra. Crisanto mantuvo una gran amistad con Antón Barrera Huelga, otro de sus cuñados, también militante comunista, que vivía en La Villa y cuyo primer apellido no coincide con el de Nieves porque solo eran hermanos de madre.

Dictadura de Primo de Rivera

En 1997, el historiador José Hinojosa Durán publicó en la revista de la Universidad de Extremadura “Norba” el informe que elevó el juez especial Salvador Alarcón al ministro de la Gobernación sobre la actividad del PCE durante la dictadura de Primo de Rivera. En el mismo, Crisanto Romero figura como uno de los seis dirigentes de la ilegal Federación Regional Asturiana junto a Pedro Monroy Quirós, Emilio Fernández Pueyo, Ceferino Álvarez Rey, Antonio Piquero Navarro y Secundino Rodríguez.

También aparece citado en el famoso Sumario nº 203/1928 instruido por el Juzgado Especial del Tribunal Supremo contra José Bullejos Sánchez y otros «por un delito de conspiración para la rebelión y para la investigación de maquinaciones y propagandas comunistas en España». Su nombre se acompaña del alias «Pedro Portero», que seguramente utilizaba para su actividad clandestina.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

Por fin, durante la República -como bien escribió José Fernández Sánchez- fue encargado de la oficina de Correos de Ablaña, un nudo ferroviario en el que se recogía y se enviaba toda la correspondencia de Mieres. Entonces ya se había separado del PCE y militaba en el Bloque Obrero y Campesino, próximo al trotskismo, que contaba con una pequeña agrupación en Mieres dirigida por Manolé Grossi. Bajo estas siglas participó en la revolución de Asturias y cuando el 29 de septiembre de 1935 nació el Partido Obrero de Unificación Marxista POUM, que integró al BOC, formó parte de su primer Comité Central junto al también mierense Marcelino Magdalena.

Tras la caída del Frente Norte, Crisanto Romero fue detenido en la llamada «casa del miedo», situada en la actual calle de La Vega, aunque salvó su vida gracias a unos falangistas que le debían favores y se opusieron a que lo fusilasen. Desde allí fue llevado primero a la Cárcel de Oviedo y luego a la Prisión Central de Celanova, donde ingresó el 6 de mayo de 1938 con una condena de 20 años que debía extinguirse el 5 de julio de 1957; sin embargo, el 18 de agosto de 1940 pudo retornar a Asturias con prisión atenuada, lo que le permitió seguir cumpliendo la pena en el domicilio en lugar de en un centro penitenciario.

Cuando su marido estaba en prisión, Nieves García recibió un culatazo en la espalda, sin mediar palabra, mientras esperaba en una cola para el reparto de comida. La rompieron dos costillas y tuvo secuelas toda su vida.

Ya de vuelta en Mieres, Crisanto no pudo reintegrarse a su antiguo trabajo. Aún en febrero de 1945 la Comisión de Penas Accesorias resolvió negativamente su solicitud: «1° Que se desestime la petición de don Crisanto Romero Pola, cartero rural, de reingreso en el Cuerpo, por falta de precepto legal que autorice a la Comisión para conceder tal beneficio. 2° Que se remitan los efectos de la pena accesoria de inhabilitación impuesta a don Crisanto Romero Pola, en cuanto supongan impedimento para el ejercicio con carácter privado de una profesión u oficio».

Otros empleos

Aprovechando que el segundo punto le permitía buscar otros empleos, fue acomodador en el cine Esperanza y guarda en Mina Alta, sobre Nicolasa, donde aprovechó para enlazar con los fugaos de la zona; después se incorporó como peón en El Batán y por último regentó en el barrio de San Pedro una pequeña librería-quiosco, donde, a pesar de las diferencias ideológicas, escondía bajo otras las revistas los ejemplares de “Mundo Obrero” que le dejaban los encargados del Partido Comunista para su distribución.

Y es que el viejo trotskista siempre huyó del sectarismo, buscando tanto la unidad de la izquierda, como la de todos los ciudadanos si se trataba de defender el interés colectivo. Un ejemplo lo vemos en el artículo que firmó el 37 de diciembre de 1967 en el semanario “Comarca”, cuando casi nadie preveía la crisis que se estaba asomando a Mieres:

«En una casa pueden vivir diferentes personas con diferentes formas de pensar. Pueden ser moros o cristianos, judíos, comunistas, etcétera. Pero si la casa se quema, todos acudirán a extinguir el fuego con todos sus medios sin preguntarse mutuamente por sus creencias o su filiación política. Si nuestra casa se encuentra en condiciones parecidas, es lógico que todos nos aprestemos a aunar esfuerzos para lograr que nuestro pueblo sea próspero para todos»

Crisanto Romero Pola falleció en Mieres en mayo de 1973 y fue enterrado en el cementerio civil de esta villa. El destino quiso que su tumba estuviese muchos años justo al lado de la de Manuel Llaneza.

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