Conmoción en Sueros (Mieres) tras la detención de un vecino por agresión sexual e intento de homicidio: "Nunca piensas que a tu lado pueda vivir un salvaje así; ojalá se pudra en cárcel"
Vecinos aseguran que apenas conocían al acusado y reconocen sentirse “sobrecogidos” tras conocer los detalles del caso

Vecinos de Sueros, obervando la parte alta del pueblo, donde residía en el detenido. / David Montañés
Cuando a primera hora de la tarde del pasado domingo los vecinos de Sueros vieron llegar a la Guardia Civil y llevarse esposado a uno de los residentes de la zona alta del pueblo, nadie imaginó el alcance de los hechos que se le imputaban a este transportista de 50 años. “Pensamos que algo habría robado”, comenta una vecina del núcleo mierense. “Cuando luego leímos en LA NUEVA ESPAÑA lo que había hecho nos quedamos de piedra. Nunca piensas que a tu lado pueda vivir alguien así, un salvaje”, añadía este jueves otra residente mientras su marido sentenciaba: “Ojalá se pudra en la cárcel. Lo sucedido sobrecoge”.
El detenido, de origen portugués y vecino desde hace pocos meses de la localidad de Sueros, está acusado de un delito de agresión sexual con acceso carnal (violación) y otro de homicidio en grado de tentativa. Según abogados consultados por este periódico, por la primera imputación podría enfrentarse a una pena de entre 4 y 12 años de prisión, mientras que por la segunda la condena oscilaría entre los 5 y los 10 años. En total, la pena podría situarse entre los 9 y los 22 años de cárcel.
Fuentes jurídicas apuntan, además, que uno de los aspectos clave del futuro procedimiento judicial será determinar si la violencia extrema ejercida sobre la víctima formó parte de la agresión sexual o si, como todo parece indicar, se produjo también posteriormente con la intención de acabar con su vida.
Golpe en la cabeza con un ladrillo
La investigación de la Guardia Civil sostiene que el acusado golpeó a la joven con un ladrillo en la cabeza, la dejó inconsciente y posteriormente la arrojó por un barranco en las inmediaciones de Carabanzo, en Lena, posiblemente creyendo que había muerto.
Los hechos se remontan a la madrugada del pasado 23 de abril. La víctima, una joven extranjera de 25 años, había perdido el autobús que debía trasladarla desde Benavente hasta Madrid, donde tenía previsto tomar un vuelo con destino a Suiza. En ese contexto de urgencia, aceptó la ayuda del ahora detenido, que se ofreció a llevarla primero hasta León y posteriormente hasta la capital a cambio de dinero.
Según el relato de la víctima y la investigación desarrollada por la unidad judicial de la Guardia Civil de Mieres, el hombre fue desviándose progresivamente del itinerario previsto. Primero realizó varias entregas vinculadas a su trabajo como repartidor y después cambió de vehículo antes de abandonar la autopista y adentrarse por carreteras secundarias.
Fue entonces cuando, presuntamente, cometió la agresión sexual. Posteriormente, la golpeó con violencia, la arrastró del pelo y terminó golpeándola en la cabeza con un ladrillo antes de arrojarla por un desnivel.
Búsqueda de ayuda
Pese a la brutal agresión, la joven logró recuperar el conocimiento horas después y caminar desorientada hasta una gasolinera situada en Villallana. Algunos vecinos ya la habían visto previamente deambulando por el arcén ensangrentada y en estado de shock. Finalmente, fue atendida por los servicios de emergencia y trasladada al hospital Álvarez-Buylla de Mieres, donde se activó el protocolo para víctimas de agresión sexual.
La investigación resultó especialmente compleja. Los agentes analizaron grabaciones de cámaras de seguridad y rastrearon el teléfono móvil de la víctima, que había sido robado y arrojado junto a su bolso a un contenedor de basura en Ujo. Ese seguimiento permitió localizar el escenario de la agresión y recopilar pruebas que resultaron determinantes.
En Sueros están sobrecogidos, aunque lo sucedido está lejos de percibirse con el agravante de la cercanía. Casi nadie en el pueblo conoce al presunto agresor. “Lleva unos meses residiendo aquí. Lo vemos pasar con el coche y poco más”, señalan los pocos que lo identifican. “Aquí hay mucho tránsito de personas, con una comunidad portuguesa creciente. Familias de la zona de toda la vida quedamos apenas media docena”, apunta una vecina natural de Sueros. El acusado es de nacional portuguesa y llevaba poco tiempo residiendo en Sueros. Los vecinos subrayan que en la localidad no hay problemas de convivencia pese a que los vínculos entre familias se han debilitado: “Ahora la gente va a lo suyo y en muchos casos no hay relación”. El detenido apenas hacía vida en el pueblo: “Nos hemos quedado de piedra con la noticia. Es increíble la maldad que tienen dentro algunas personas, pero lo cierto es que aquí no se había hecho notar, ni para bien ni para mal”, señala uno de los pocos vecinos que en alguna ocasión se cruzó con el acusado.
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