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Una grúa de 24 toneladas, una polea y mucha pericia: el (milimétrico) rescate del camión de la Vuelta Ciclista que quedó suspendido en el aire al borde de un precipicio en el Angliru

La situación del vehículo, al borde del abismo, obligó a desplegar un plan que consiguió devolverlo a la calzada

Salvar al camión de la Vuelta: una grúa libera (tras hora y media de trabajos) el transporte pesado que quedó suspendido en el aire en una curva al bajar el Angliru tras la etapa

D. Montañés

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El Angliru (Riosa)

La curva del Aviru es uno de los pasos más conocidos del Angliru. Es especial por varios motivos. Se trata de una de las últimas rampas duras del puerto, con desniveles de hasta el 20 por ciento, y al tiempo ofrece una de las mejores panorámicas de toda la zona centro de Asturias, desde Oviedo hasta el puerto de Gijón. Es un enclave que parece ideado para disfrutar del paisaje. Pero la imagen con la que se encontró el pasado domingo el conductor de uno de los camiones de logística de la Vuelta Ciclista a España Femenina distó mucho de ser idílica. Más bien ofreció un sentido mucho más inquietante al vértigo que provoca asomarse a este balcón natural. El problema es que se acercó demasiado al precipicio.

Sobre estas líneas, la posición en la que quedó el camión en la curva del Aviru tras montar en el terraplén. A la derecha, el vehículo de la Vuelta Ciclista a España femenina, ya en la calzada tras ser recuperado.  | D. M.

Sobre estas líneas, la posición en la que quedó el camión en la curva del Aviru tras montar en el terraplén. A la derecha, el vehículo de la Vuelta Ciclista a España femenina, ya en la calzada tras ser recuperado. | D. M.

Tras tomar la curva excesivamente cerrada, el vehículo, de tres ejes, quedó parcialmente suspendido en el aire y escorado hacia el terraplén. Quedó atrapado a apenas unos centímetros de una caída de cientos de metros al vacío. Hasta tal punto se percibió el riesgo de despeñarse dentro de la cabina, que el conductor, tras arrojarse a la calzada, se negó en redondo a volver a subirse al vehículo. Una vez trasladado a un hotel de Mieres para pasar la noche, sufrió un ataque de ansiedad que requirió de asistencia médica. Según fuentes consultadas por este diario, ya el día anterior había manifestado con nerviosismo su preocupación por los riesgos que supone negociar la retahíla de "muros" y curvas del temible Angliru.

Espectacular operación para rescatar el camión de la Vuelta atrapado en el Angliru

Espectacular operación para rescatar el camión de la Vuelta atrapado en el Angliru

Con el trabajador ya estabilizado y algo más tranquilo, toda la atención se centró en la manera de sacar el camión del atolladero. No fue fácil. Nada fácil.

Una grúa de la empresa Rubio remontó el puerto poco antes de las once de la mañana. Al llegar al Aviru se encontró con un primer problema añadido. Tres montañeros se habían saltado la prohibición de circular por el puerto y habían aparcado justo en la escapatoria que la pesada máquina, de 34.000 kilos, necesitaba para maniobrar y acercarse marcha atrás al camión accidentado. Por suerte apareció el propietario de uno de los vehículos, que se encontraba recogiendo setas, y la primera maniobra, la de aproximación, pudo acometerse.

Operación muy delicada

El camión había quedado atrapado en pleno descenso, en una curva de derechas bastante espaciosa, pero que el conductor tomó demasiado cerrada. El personal de Grúas Rubio se enfrentó entonces a una operación extremadamente delicada. Tras estudiar varias alternativas para liberar el vehículo sin riesgo de precipitarlo montaña abajo hasta el fondo del valle —donde las casas apenas se perciben como tejados en miniatura—, se estableció un plan milimétrico.

Se descartó utilizar la pluma de la grúa para levantar el transporte y se optó por una estrategia menos espectacular, aunque igualmente compleja. En el puerto habían quedado atrapados otros dos camiones que circulaban detrás del vehículo inmovilizado. Finalmente se decidió utilizar uno de ellos para fijar una polea que, desde la parte trasera del camión atrapado, permitiese empujarlo hacia atrás mediante el cable de la grúa.

La maniobra exigió precisión absoluta. El cable se tensó lentamente mientras los operarios, con ayuda de agentes de la Guardia Civil, coordinaban cada movimiento al milímetro, conscientes de que cualquier error podía resultar fatal. No sin esfuerzo y con una enorme pericia, el vehículo fue finalmente reintegrado en la calzada alrededor de las doce y media del mediodía. A partir de ahí, la comitiva logística pudo descender el puerto sin más complicaciones.

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