Entrevista | José Antonio Martín Pallín Magistrado emérito del Tribunal Supremo, ofreció una charla en Mieres
José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo: "Ya no hace falta volver a dictaduras militares, hoy los poderes económicos tienen suficiente fuerza para actuar con la misma impunidad”
El magistrado emérito del Supremo advierte en Mieres sobre el deterioro democrático, critica el “sectarismo” judicial en algunas causas políticas y alerta del avance de discursos autoritarios en Europa.

José Antonio Martín Pallín, junto al "Fuerte" del Ayuntamiento de Mieres. / David Montañés
José Antonio Martín Pallín continúa sus 89 años siendo una de las voces más reconocidas y combativas del panorama jurídico e intelectual español. Magistrado emérito del Tribunal Supremo y fiscal durante la Transición, ha dedicado gran parte de su trayectoria a la defensa de los derechos civiles, las libertades públicas y la independencia judicial. Estos días visita Mieres invitado por la Asociación “Amigos de Mieres”. El lunes ofreció una charla sobre su libro “Visto para sentencia” y el martes visitó la fosa común del Pozo Fortuna y a los alumnos del IES Bernaldo de Quiros. Tuvo tiempo también para compartir alguna reflexión con LA NUEVA ESPAÑA.
—¿Considera que la independencia judicial atraviesa hoy uno de los momentos más delicados?
—En absoluto. La independencia en estos momentos yo diría que incluso está peligrosamente aumentada. La Constitución dice que los jueces tienen responsabilidad y, por lo que se ve, hay algunos jueces, véase el señor Peinado, que pueden hacer lo que les da la gana y no hay ninguna responsabilidad. Ningún juez en este momento en España puede quejarse de ataques a la independencia. Otra cosa son los ataques extrajudiciales o fuera de la jurisdicción por parte de medios de comunicación o determinados sectores políticos. Pero los jueces tenemos que saber resistir esos ataques y mantenernos dentro de las normas que marcan la Constitución y las leyes. La independencia judicial no puede convertirse nunca en una especie de patente de corso para actuar sin control ni responsabilidad.
“La independencia judicial no puede convertirse en una patente de corso”
—Después de décadas en la judicatura y el Tribunal Supremo, ¿qué le preocupa más del actual clima político y social en España?
—No es extraño, a pesar de lo que algunos piensan, que asuntos políticos lleguen a los tribunales. Eso sucede en todas las democracias modernas. A mí lo que realmente me preocupa es que esos asuntos políticos hagan que algunos jueces y tribunales invadan competencias del poder legislativo y del poder ejecutivo. También me preocupa que se interfieran actos políticos y, en otros casos, que se alarguen los procedimientos de tal manera que puedan servir de argumento para el debate político. Pero repito, en una situación democrática y de división de poderes es lógico que asuntos políticos lleguen a los tribunales.
—¿Cree que el debate público se ha deteriorado hasta el punto de poner en riesgo derechos y libertades fundamentales?
—Sí, claro que existe un deterioro. Hoy vivimos una inflación de tertulias, opiniones y mensajes rápidos que muchas veces sustituyen al análisis serio de la realidad. La gente tiene que dedicar tiempo a leer, a escuchar y a reflexionar. No será por falta de tertulias y artículos de opinión.
—En numerosas ocasiones ha alertado sobre el auge de discursos autoritarios. ¿Detecta paralelismos preocupantes con etapas pasadas de la historia europea?
—Por supuesto. Yo nunca pensé que íbamos a llegar a una situación como esta. Yo viví la Europa que salió horrorizada de la Segunda Guerra Mundial e hizo todos los esfuerzos posibles para que aquello no volviera a repetirse. Ahí están las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y los pactos internacionales. Todo surgió precisamente porque se entendió que el desastre había venido del desprecio a los derechos humanos. Hubo un momento de esplendor democrático y de auge de la socialdemocracia, pero el retroceso es alarmante. Ya no hace falta volver a dictaduras militares. Hoy los poderes económicos tienen suficiente fuerza para actuar con la misma impunidad y con el mismo desprecio hacia los derechos de los ciudadanos y de las minorías. Esto se está notando no solamente en Norteamérica, sino en muchos otros países. Lo que está sucediendo en Estados Unidos es muy preocupante y espero que no nos lleve a una catástrofe. Yo visité Palestina en 2005 y realmente todo esto se veía venir. El objetivo es el Gran Israel y, con la complicidad de Estados Unidos, no dudarán en masacrar a la población y saltarse todos los convenios internacionales de derechos humanos.
“El debate público se ha degradado entre bulos y tertulias”
—¿Qué valoración hace del papel que está desempeñando el poder judicial en asuntos relacionados con la libertad de expresión y la protesta social?
—Ahí sí que se observa un cierto desequilibrio. El mundo de la libertad de expresión tiene muchos matices y sensibilidades, pero estadísticamente se ha demostrado que se está condenando a cantantes, manifestantes y personas vinculadas a posiciones de izquierdas. Eso no hay más que comprobar las estadísticas. Por tanto, debemos preocuparnos.
—¿Qué opinión le merece el uso político y mediático de determinadas causas judiciales?
—Hay que tener mucho cuidado porque determinados sectores tienen mucho poder en la selección de asuntos. La selección que se hace en España es nefasta, arbitraria y propia de países atrasados. No tiene parangón con los 27 países de la Unión Europea. El núcleo fundamental es que la persona que juzga debe explicar, razonar y motivar por qué ha llegado a una resolución. Podrá convencer o no, porque todo es discutible, pero lo que no puede hacerse es prescindir del razonamiento lógico.
—Usted ha hablado en numerosas ocasiones de memoria democrática. ¿Considera que España sigue teniendo cuentas pendientes con su pasado?
—Sin ninguna duda. Todavía que en un país queden miles de asesinados en las cunetas nos debe hacer reflexionar. Eso tiene que estar en la memoria de las nuevas generaciones para que sepan de dónde venimos y cuáles son los peligros que pueden llevarnos a situaciones parecidas de desprecio hacia los derechos de las personas. Se ha dividido la España que decía Machado, aquella de las dos Españas. Y estamos viendo la aparición de movimientos que quieren retroceder hacia fórmulas autoritarias, como Alternativa por Alemania o Vox en España.
—¿Cómo observa el avance de la extrema derecha en Europa y también en España?
—Es preocupante que una parte de la juventud apoye estos movimientos y crea en sus promesas, aunque sinceramente yo no sé muy bien cuáles son esas promesas. Pero también creo que hay muchísimos más jóvenes demócratas que jóvenes que quieran volver a una dictadura.
—¿Y la izquierda no es también corresponsable del auge de estos partidos?
—La izquierda, efectivamente, ha llegado al poder y no ha sido capaz de cumplir muchas promesas electorales. Ahí están los problemas de vivienda, la privatización del espacio público, la sanidad, la escuela pública o la atención a los dependientes. Hasta ahora, por ejemplo, se ha tratado de blindar las pensiones, pero también ha habido decepción en muchos aspectos. Existe una parte de jóvenes desilusionados con la izquierda, que se han ido a la abstención o a lo que los politólogos llaman el voto de cabreo. Y eso hay que restañarlo.
—¿Cree que las redes sociales están favoreciendo una degradación del debate democrático y jurídico?
—Por supuesto. Pero yo siempre intento buscar el lado positivo. Muchas veces comparo algunos mensajes actuales con aquellos antiguos telegramas de tres líneas. Pueden servir para comunicar una noticia buena o mala, pero nunca pueden sustituir el análisis de la realidad y de la experiencia cotidiana. Hay que ver si eso que se dice en los bulos se corresponde con la realidad o no.
—¿Qué termas aborda en su nuevo libro?
—Muchos temas de actualidad y lo que se ha dado en llamar "lawfare". Ahí están las causas contra Atutxa (Juan María), contra Carme Forcadell o contra Podemos. Ha habido un sectarismo notable en muchos jueces que actuaron en esos procesos. Y ahora vemos lo que se está haciendo con la esposa y el hermano del presidente del Gobierno o con el fiscal general del Estado, que es un verdadero golpe de Estado en miniatura.
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