Dionisio González salda su deuda artística con Asturias en el Pozo Santa Bárbara
El creador rinde tributo a las Cuencas en la exposición "La revuelta y la nieve" y propone un pasado y un futuro alternativos

David Orihuela

Dionisio González tenía una deuda artística con Asturias, “un débito” que ahora empieza a cumplir con “La revuelta y la nieve”, la exposición que este jueves inauguró en la sala de compresores del Pozo Santa Bárbara, en Turón (Mieres). González, gijonés, sí había mostrado su obra en Asturias en varias ocasiones, pero lo de ahora es algo distinto, el artista ha trabajado casi dos años y medio en el proyecto y lo ha hecho en una Asturias que no le resultaba ajena pero sí un tanto periférica, la de la minería. Su relación con las Cuencas es la de cualquier asturiano que no ha nacido en los valles mineros y que no tiene familiares que bajasen al pozo, en ese “negativo del mito de Sísifo con el minero bajando a la mina frente a la subida a la montaña”.

Dionisio González en su exposición "La revuelta y la nieve" en el Pozo Santa Bárbara / D. O.
El artista tiene obra en importantes colecciones y museos, entre ellos el Reina Sofía, el Museum of Contemporary Photograph de Chicago y el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de París. Ese viaje, esa Odisea de regreso a Asturias le ha dado las herramientas para (re)conocer las Cuencas. “La revuelta y la nieve” es su interpretación de cómo pudieron haber sido los territorios mineros pero también su homenaje a una historia que ha marcado, sin muchos saberlo, el devenir industrial y laboral de todo un país.

Dionisio González observa la gran pantalla de su exposición "La revuelta y la nieve" en el Pozo Santa Bárbara / D. O.
La exposición parte de un documental, “La revuelta y la nieve: Camus y la Cuenca Asturiana”, que entrelaza el pensamiento de Albert Camus con el relato histórico de la minería asturiana. Ahí están imágenes icónicas de la Revolución del 34 como la estatua del inquisidor Valdés Salas entre los restos del edificio histórico de la Universidad de Oviedo, arrasado por las llamas; ahí están los huesos del Teatro Campoamor. La lucha obrera en una gigantesca pantalla en la sala de compresores de un pozo minero, donde saltó la chispa revolucionaria. Son luchas “que lograron derechos que hoy tenemos”, resume González.

Asistentes a la inauguración de de "La revuelta y la nieve", exposición de Dionisio González en el Pozo Santa Bárbara / D. O.
Frente a la pantalla, en un panel que podría ser el de un laboratorio fotográfico, una muestra de la arquitectura que pudo ser. Es la pregunta de “¿cómo habrían sido las Cuencas si la vivienda obrera hubiera nacido de la lógica del oficio minero?”. González “diseña” esa vivienda “siguiendo las formas, las estructuras de las construcciones industriales mineras” y propone la utilización de los materiales.
Nuevos espacios del Pozo Santa Bárbara
El artista se ha adentrado tanto en la mina que ha abierto nuevos espacios. González ocupa con dos hologramas una parte del pozo que aún no se había abierto al público y que mantiene la estructura y los materiales originales. El suelo de azulejo hidráulico contrasta con la propuesta artística que presenta un viaje del futuro al pasado de la minería.
El viaje inverso, el del pasado al presente, es otra de las claves de la exposición. A González le resulta “esperanzador” ver cómo la nube computacional puede ser parte del futuro de las Cuencas. Los 5.000 kilómetros de galerías mineras que hay en Asturias son un lugar idóneo para el almacenamiento de datos. Ese lenguaje digital, ese sistema binario de lanza al espacio del Pozo desde dos una instalación multipantalla como si fuese un viaje al futuro.
Una exposición multisoporte, con holografías, fotografías, cajas de luz, maquetas videoproyectadas y una instalación multipantalla, en la que Dionisio González plasma lo que han sido históricamente las cuencas mineras asturianas pero también lo que él ha descubierto en esos dos años y medio de investigación y de trabajo.
La muestra “de un asturiano sanador de ciudades y arquitecto de los deseos”, como lo definió en la inauguración el alcalde de Mieres, Manuel Ángel Álvarez, está comisariado por el Laboratorio de Electrónica Visual (LEV) y cuenta con la colaboración de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial.
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