Josefa Cabello, la abuela de las Cuencas que mantiene la guasa con 107 años y será homenajeada el sábado: "A ver si aguanto el mes"
La mujer, que mantiene el acento y el humor de su Málaga natal, emigró con su marido a Langreo en 1956 y ahora vive arropada por la familia en La Felguera

Josefa Cabello, de 107 años, rodeada de tres generaciones de su familia, por la izquierda su bisnieto Izan, su nieta Fátima, y sus hijas Toñi y Pepi / D. O.

El pasado 4 de enero la familia entera se reunió para el bautizo de Leo. A Josefa Cabello le pareció “un buen momento para morir” porque estaban todos juntos. Entonces tenía 106 años pero el 2 de abril cumplió 107 y ahora tendrá que acabar la botella de Sansón de la que cada día toma un vasín. “Si queda ahí no a van a beber porque era de la abuela y se va a pudrir, así que tendré que esperar”, bromea Josefa sentada en el sofá de su casa de La Felguera y rodeada de la familia. “A ver si acabo el mes”, dice, como si fuese el "partido a partido" del Cholo Simeone.

Josefa Cabello, de 107 años, en su casa de La Felguera, en Langreo / D. O.
Joséfa nació el 2 de abril de 1919 en Villanueva de Algaidas, Málaga, y pese que llegó a Langreo en 1956 sigue manteniendo el acento y el humor de su tierra natal. Nunca se olvidó de sus orígenes, tanto que para celebrar el 105 cumpleaños viajó a Antequera, donde pasó su juventud, con sus dos hijas, Toñi y Pepi. “Nunca había podido ir con las dos así que tenía muchas ganas”, explica. Eso sí, “todos me decían que si estaba segura de ir en avión con 105 años, pero qué iba a pasar, yo ya había subido muchas veces en avión”. Fue un cumpleaños muy especial. También lo será este. Este sábado recibirá el homenaje del Ayuntamiento de Langreo junto a otros 26 centenarios o personas que están cerca de cumplir cien años.
Homenaje a los centenarios de Langreo
Lo único que le preocupa a Josefa es cómo va a salir de casa. La última vez que lo hizo fue ese 4 de enero. Vive en un primer piso sin ascensor. Las escaleras son estrechas y enrevesadas así que ella no deja de darle vueltas a cómo salir. Se encargará la familia pero ella tiene una propuesta. Vive en la zona donde se están haciendo las obras de urbanización de los terrenos liberados por el soterramiento de Langreo. “Podemos pedirle las llaves de la pala (excavadora) al obrero y me sacáis por el balcón”. Un plan sin fisuras.

Josefa Cabello, de 107 años, con sus hijas Toñi, a la izquierda, y Pepi, en su casa de Langreo / D. O.
El cuidado de la familia
Josefa hace chistes con el Sansón, con que ahí está el secreto de la longevidad, pero tiene claro que el secreto es otro. “La familia me cuida muy bien, siempre estoy acompañada”, subraya. La familia son sus hijas, los nietos y los bisnietos. Entre el nieto mayor y el pequeño Leo, el menor de los bisnietos, hay 47 años de diferencia.
La historia de Josefa es la historia de la emigración andaluza que llegó a las cuencas mineras asturianas en busca de una vida mejor. En el pueblo trabajaba en el campo, en la aceituna, y luego se fue a Antequera como cocinera. A los 36 años se casó y Antonio y ella decidieron trasladarse a Lada, donde vivía Francisco, hermano de Josefa, con sus siete hijos. Antonio intentó entrar a trabajar “en la fábrica”, en Duro Felguera, pero era ya demasiado mayor, así que trabajó toda la vida en lo que pudo. Nunca fueron ricos, pero lograron comprar un pisín en La Felguera e ir arreglándolo. “Lo único que queríamos era no morirnos sin haber pagado la hipoteca y dejarles la deuda a las hijas”, explica la mujer. Antonio falleció en 2011 a los 91 años de edad, ella sigue viviendo en esa casa que ya está más que pagada. El edificio tiene también algo muy especial: Antonio trabajó en su construcción.
Ahora Josefa vive arropada por su familia. La última vez que fue la hospital, “me miraron todo y está todo bien, no tengo ni colesterol, así que no entiendo que tenga que tomar 10 pastillas al día”. Lo hace, con ese chupitín de vino. Ve mal de un ojo pero eso no le impide hacer ganchillo. Oye mal de un oído pero eso no le impide mantener una buena y divertida conversación ni ver la tele. Su rutina es la que muchos sueñan. Se levanta más allá de las once de la mañana, desayuna y vuelve un rato a la cama. Ve la tele, come y toca siesta. “De la cama a la cocina y al sofá”, ríe. Le gustan los concursos televisivos y no se pierde “Pasapalabra” y su rosco.
Joséfa ríe, bromea y agradece a Dios que por el momento se haya olvidado de ella y le permita disfrutar de la familia.
El sábado será una de las protagonistas del homenaje del Ayuntamiento de Langreo a sus centenarios. No estará Antonio para verlo pero sí la mayor parte de la familia. Y si tuviese que salir volando por el balcón e ir de La Felguera a Sama subida en el cazo de una excavadora lo haría muerta de risa, vitalidad y ganas de vivir no le faltan.
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