Dionisio González, artista que expone en el Pozo Santa Bárbara: "Busco una restitución activa de la memoria histórica de las Cuencas"
"El agua de nuestros 5.000 kilómetros de galerías mineras es el refrigerante idóneo que necesita la infraestructura digital del siglo XXI"

Dionisio González junto a una de las piezas que expone en el Pozo Santa Bárbara. | LNE

Dionisio González (Gijón, 1965) había expuesto en Asturias pero su tierra natal no había sido objeto de un proyecto de trabajo a largo plazo. Lo hace ahora con "La revuelta y la nieve", una exposición multisoporte comisariada por el LEV (Laboratorio de Electrónica Visual) que no solo restituye la memoria obrera, sino que se atreve a diseñar el futuro habitacional de las Cuencas y a proponer el subsuelo minero como el ecosistema idóneo para la revolución digital global.

David Orihuela
¿Cómo definiría conceptualmente esta muestra?
Es una exposición multisoporte, en la que el espectador va a encontrar desde holografías y fotografías de gran formato hasta cajas de luz retroiluminadas, maquetas videoproyectadas y una instalación multipantalla. El proyecto parte de un minucioso estudio histórico y documental, pero muta hacia una propuesta prospectiva y arquitectónica.
El punto de partida es un documental que rescata la conexión entre la Revolución de 1934 y Albert Camus.
Así es. Hay un análisis histórico que arranca en 1934, una fecha clave cuyas huelgas y levantamientos concitaron la atención del mundo entero, muy especialmente de Europa y de los intelectuales de la época. Esa memoria se manifiesta en la exposición a través de un documental donde el narrador o el locutor subyacente, es el propio Albert Camus. Camus escribió en 1935 una pequeña y bellísima obra de teatro titulada "La rebelión en Asturias". Originalmente, la pieza iba a llamarse "La nieve", y de ahí surge precisamente el juego que da título a la exposición: "La revuelta y la nieve". Aquel texto de Camus quiso ser representado en Argel, pero las autoridades coloniales francesas de la época lo impidieron fulminantemente por considerarlo incendiario.
En la pantalla vemos el Valle de Turón, vemos mineros, pero también imágenes de lucha, del Oviedo arrasado en la Revolución del 34.
Camus es el vehículo perfecto a través de sus grandes pilares filosóficos: el absurdo, la dignidad humana y la rebelión. Hay un paralelismo conceptual muy potente que conecta de forma directa su reinterpretación del mito de Sísifo con la realidad del minero. La bajada diaria del minero a las profundidades de la tierra es el reverso exacto, el negativo perfecto de esa subida agónica de Sísifo a la montaña cargando con la piedra. Es el esfuerzo cíclico, el peligro y la resistencia. En la obra de teatro, además, los personajes deslizan una frase un tanto desesperanzada: dicen que llegarán las nieves y nadie se acordará de lo sucedido. Camus veía la nieve como un manto de olvido. Por eso, esta exposición pretende ser todo lo contrario: una restitución activa de la memoria histórica de las Cuencas.
Plantea distintas propuestas de vivienda residencial, la que llama "arquitectura del oficio" y la " arquitectura negra".
La propuesta residencial nace de una pregunta: ¿cómo habrían sido las Cuencas si la vivienda obrera hubiera nacido de la lógica del oficio minero? "La arquitectura del oficio" responde a la voluntad conceptual de introducir la propia morfología de la infraestructura de la mina en el diseño de las viviendas. Proponemos volúmenes técnicos, pórticos metálicos, piezas seriadas y repetibles, metales corrugados... Es decir, trasladar los elementos propios de la explotación minera al ámbito doméstico.
¿Y la "arquitectura negra"?
La "arquitectura negra" desvía su mirada hacia el mineral en sí, hacia la carbonilla, el fisco, el tizón... El resultado es una arquitectura texturada, opaca, que absorbe la luz por completo. Funciona de manera similar a una cámara oscura.
En la muestra está el pasado y el futuro de las Cuencas.
Aquí entra en juego la prospectiva, esa ciencia que se encarga de estudiar los "futurables" y los "futuribles". Los futurables son aquellos futuros que consideramos deseables, mientras que los futuribles son los futuros que son técnicamente posibles. Lo que propongo en la exposición pertenece a la categoría de los futuribles, a esos futuros posibles que, de hecho, ya están empezando a germinar en nuestra región.
¿Por ejemplo?
En Asturias tenemos un metabolismo subterráneo único: más de 5.000 kilómetros de galerías mineras actualmente en desuso. En este momento, a través de actores tecnológicos locales como Hunosa y la Universidad de Oviedo, se está dialogando y pensando con gigantes de la escala de Google, Microsoft o Huawei. La idea es introducir en el vientre de las minas, en sus entrañas, los grandes centros de datos del futuro. El subsuelo asturiano ofrece dos recursos críticos que estas multinacionales buscan: líneas de tensión eléctrica preexistentes y, sobre todo, agua subterránea.
La minería de datos, la mina de la Inteligencia Artificial.
Los centros de datos son infraestructuras ciegas, inconsútiles —es decir, sin costuras—, oclusivas y opacas que consumen muchísimo oxígeno y desprenden ingentes cantidades de dióxido de carbono. Pero, por encima de todo, necesitan miles de litros de agua diarios para refrigerarse. Se calcula que, en unos años, la computación consumirá el 20 por ciento de la electricidad mundial, una cifra que se va a disparar con la eclosión de la Inteligencia Artificial. El agua de nuestras minas es el refrigerante natural idóneo. Ver cómo esa infraestructura industrial pesada puede reconvertirse para albergar la infraestructura global y digital del siglo XXI es algo sumamente estimulante. Puede ser una solución logística sin precedentes para Asturias y, sobre todo, un elemento de provisión de esperanza para reactivar la economía y la vida de todas estas Cuencas.
Usted es gijonés , ¿cuál era hasta ahora su relación con las Cuencas?
Mi visión de la mina siempre había sido periférica, tangencial. Hay una frase de Hannah Arendt que a mí siempre me ha guiado y que me gusta recordar: "Escribir para comprender". En mi caso, he tenido que mapear y fotografiar para comprender. El hecho de introducirme a fondo durante dos años y medio en Turón, de recorrer esos valles estrechos, flanqueados por desfiladeros imponentes, te hace comprender de golpe la estructura significante de nuestro paisaje. Te das cuenta de que el paisaje asturiano no se entiende sin la mina, ni tampoco sus industrias orbitales o paralelas como la metalurgia o la siderurgia. Te hace consciente de hasta qué punto nuestro pasado ha sido profunda y orgullosamente industrial.
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