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De lo nuestro / Historias heterodoxas

Un sendero de dinamita

La huelga de diciembre de 1932 en Duro Felguera, que acabó extendiéndose a más puntos de la región

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

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Ernesto Burgos

Ernesto Burgos

La Segunda República fracasó porque las circunstancias históricas la colocaron como el fiambre de un sándwich entre las rebanadas de la derecha egoísta e intransigente y la izquierda impaciente y ansiosa por transformar la estructura de la sociedad. La violencia anarquista no dejó de atacar al gobierno democrático elegido por el pueblo, porque según su visión no era otra cosa que un instrumento de la burguesía para seguir manteniendo sus privilegios. En aquellos territorios donde la CNT era mayoría se sucedieron las huelgas y no faltaron los intentos de insurrección armada en pequeños pueblos de la España más profunda donde la desesperación impulsaba la Utopía. 

Ya hemos visto otras veces en esta página como La Felguera siempre fue un reducto confederal en el que la radicalidad de la Federación Anarquista Ibérica se impuso a veces sobre la mayoría anarcosindicalista en una factoría tan importante para el desarrollo industrial asturiano como Duro Felguera.

En los años que precedieron a la revolución de octubre de 1934 no hubo ni un solo mes sin conflictos en estos hornos, las minas de carbón que los abastecían. sus talleres o las variadas industrias auxiliares que dependían de ellos. Vamos a detenernos hoy en los primeros quince días de diciembre de 1932 para ver cuál era el ambiente de tensión que siempre acompañaba a estos paros, aunque podríamos coger cualquier otro periodo, porque hubo un momento en que las explosiones de dinamita formaron parte del paisaje cotidiano en las dos grandes villas del Nalón.    

El motivo del conflicto en aquel momento había sido la propuesta empresarial de reducir la jornada laboral y recortar los salarios para paliar la crisis que se cernía sobre el mercado hullero. El 2 de diciembre de 1932, ya habían parado 1.500 mineros y casi toda la plantilla de Duro Felguera; la ausencia de los obreros que alimentaban con carbón las calderas de lo que se conocía como Fábrica de Electricidad forzó a llevar hasta allí a veinte fogoneros experimentados del barco militar «Contramaestre Casado», cuyos uniformes de marinería incrementaron el aspecto de ocupación militar que ya se había creado con los refuerzos de guardias de Asalto y Guardia Civil patrullando las calles de la villa. En protesta, tampoco se acudió al tajo en Tornillería del Nalón, Felguera Industrial, Fábrica de ladrillos refractarios, La fundición de Hijos de Tejerina y los talleres de Manuel Carbajal.

La misma jornada fueron detenidos tres directivos del Centro Obrero La Justicia y cuando sus compañeros trataron de impedir su conducción a Oviedo, los guardias de Asalto cargaron contra los concentrados. Ya al atardecer, poco después de las siete de la tarde, la línea eléctrica de 50.000 voltios que abastecía al Pozu Sotón fue volada con una decena de cargas explosivas. Aquella noche, la dinamita también acabó con un transformador que dejó a La Felguera sin más luz que la que alumbraba las instalaciones de su gran factoría.

Tensión

Desde este momento, la tensión no hizo más que crecer y en los días que siguieron se multiplicaron los sabotajes con dinamita, los apagones y los incidentes entre trabajadores y fuerza pública; también, como venía siendo habitual en esos años, los enfrentamientos dialécticos entre los partidarios de las tres internacionales que dividían al mundo obrero en esos años: la primera, anarquista; la segunda, socialista y la tercera, comunista.

El día 3, domingo, fue relativamente tranquilo, aunque continuó la actividad policial y cinco metalúrgicos acusados de participar en los sabotajes fueron llevados hasta la cárcel provincial. Con todo, pudo celebrarse una asamblea en el Teatro Dorado, donde tras escucharse intervenciones de los diferentes sindicatos se acordó pedir la libertad de los detenidos, el levantamiento de la clausura de los Centros Obreros de Sama y la Felguera, la retirada de las fuerzas concentradas en Langreo y la intervención del gobernador civil ante las autoridades de Madrid para buscar una solución.

Tras unas jornadas en las que se repitieron los sabotajes y los choques en las calles, el día 6 se dio la paradoja de que mientras la mayor parte de los mineros langreanos volvían al trabajo, limitando el paro al Fondón y Duro Felguera, se declaraban en huelga solidaria los pozos Pumarabule y Mosquitera. Tampoco cesaron las bombas, una cadena de explosiones echó abajo el tendido eléctrico de una línea secundaria que abastecía a varios pueblos y los militares se hicieron cargo de la línea de autobuses entre Villa y Ciaño-Santa Ana para sustituir a los conductores afectos a la CNT que se quedaron en casa. Sin embargo, los viajeros se negaron a subir a los vehículos militarizados.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

El jueves 7, el paro era total en la cuenca del Nalón, afectando a unas 30.000 personas y la CNT de Gijón convocó la huelga general en solidaridad. Hubo más de veinte detenciones entre los directivos de la Casa del Pueblo de esa villa. Entretanto, en La Felguera se produjo un hecho original en esta clase de conflictos, que merece un estudio más detallado para ayudar a comprender las relaciones sociales de la Montaña Central en los años previos a la insurrección de Octubre: a pesar de las advertencias del gobernador, todo el comercio cerró sus puertas y solo abrieron las farmacias; en consecuencia, 40 comerciantes e industriales fueron sacados de sus domicilios y conducidos en dos camiones hasta la cárcel de Oviedo.

Aunque se instó a los otros 40 que quedaban en el pueblo a reanudar su actividad bajo la amenaza de fuertes multas, estos se negaron para mantener su apoyo a los que habían sido detenidos y por la tarde también fueron llevados a comisaría. Por la noche volvieron a oírse explosiones y se repitió un apagón de 20 minutos.

El día 8 la huelga ya se había extendido por otras zonas de Asturias e incluso tuvo seguimiento en las cuencas mineras de León y Palencia. Llegaron más fogoneros de la Marina para hacerse cargo de la central hidroeléctrica de «La Curuxera» que daba luz a Laviana y debido a la voladura del tendido en los montes del Nalón, las minas de Olloniego tuvieron que parar. Los explosivos también levantaron la vía del ferrocarril de Langreo. En el lado positivo, después de pasar la noche entre rejas, los comerciantes fueron puestos en libertad.

La huelga general siguió recrudeciéndose en otras zonas, aunque el SOMA ya pedía la vuelta al trabajo. En Mieres, como el cuartel de la Guardia Civil se había traslado a Langreo, tuvieron que enviarse desde Madrid fuerzas del Tercio Movil para este valle y el de Turón donde fueron voladas la líneas eléctricas impidiendo el trabajo en todos los pozos. Por esta causa, La Rabaldana llegó a inundarse y tuvieron que intervenir algunas brigadas para evitar que el daño fuese irreparable.

El día 10 fueron volados varios postes de electricidad que abastecían a otras minas, el compresor de San Mamés, y hasta un castillete en El Serrallo y el martes 12, aunque fueron tiroteados tres esquiroles en Figaredo y se atentó contra la maquinaria del cable funicular del Grupo Cutrifera en Aller, el Sindicato Único decidió dar por finalizada la huelga en las minas. La noticia más alarmante de ese día fue el robo de 75 kilos de dinamita en el polvorín de Carbayín.

Sabotajes

Después, siguió registrándose algún acto de sabotaje aislado, pero la CNT también se replanteó la huelga y poco a poco se comenzó a volver al trabajo mientras los comunistas colocaban pasquines por las calles de Sama y Mieres llamando a la normalidad.

El día 15 la prensa anunció que la huelga general había concluido en toda Asturias al aceptarse la resolución del Gobierno acordando que las minas de Asturias trabajasen cinco días por semana durante las dos siguientes mientras se estudiaba una solución definitiva para la crisis del sector. Solo siguieron parados paro El Fondón y Duro Felguera a la espera de que fructificasen las gestiones del gobernador. Los detenidos fueron puestos en libertad y no se registraron más detonaciones nocturnas.

Por hoy lo dejamos aquí, pero deben saber que aquella paz fue solo un breve espejismo y en enero se reprodujeron los incidentes, con momentos tan intensos como la noche del 1 de enero de 1933, cuando entre las siete de la tarde y las once volvieron a explotar en La Felguera nada menos que 59 bombas de gran potencia, preparadas con la dinamita robada en Carbayín: los anarquistas seguían su propio camino hacia la revolución social.

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