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El queso de Urbiés, visto y no visto: las piezas puestas a la venta (el único día del año en que pueden comprarse) se agotaron en cuestión de minutos

La variedad artesanal más singular y escasa de Asturias se agotó pronto y muchos de los asistentes al certamen se quedaron sin probarla

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Urbiés (Mieres)

La ley de la oferta y la demanda establece que los precios suelen subir cuando la demanda supera a la oferta. Además, la rareza o escasez de un producto influye directamente en la oferta y, por tanto, en su precio. Esta regla económica no funciona con el queso de Urbiés. En este caso, se aplica un mecanismo aún más simple. Se trata del principio del que llega el primero se lo lleva. Así de fácil.

Visitantes en la cola esperando por la última remesa de queso. | D. M.

Visitantes en la cola esperando por la última remesa de queso. | D. M.

El queso de Urbiés solo se vende al público un día al año. La cita era este domingo y las tres queseras que mantienen viva esta tradición artesanal acudieron al mercado organizado para la ocasión con cientos de tarrinas. María Luisa Fidalgo, Geli Crespo y Consuelo Noval se quedaron sin producto en cuestión de minutos. Con todo vendido, una cola de gente esperaba su turno entre las caleyas del pueblo sin darse del todo cuenta de que no habría queso para todos. María Luisa Fidalgo se acercó a su casa para recoger una última remesa que tenía reservada, pero estuvo lejos de ser suficiente.

Secundino Rodríguez y Andrea Lobo, tras la compra.

Secundino Rodríguez y Andrea Lobo, tras la compra.

Resignación. El queso de Urbiés se vende caro más allá de que su precio, seis euros por tarrina, no oscile según la ley de la oferta y la demanda. El que según muchos es que el queso más antiguo de Asturias es una singularidad en peligro de extinción y eso aporta valor a una producto artesanal que demanda 30 litros de leche por cada kilo de procesado cremoso para untar. Fueron decenas, es posible que centenares, los visitantes que ayer se fueron de Urbiés sin esta rareza gastronómica: "Venimos desde Siero y nos ha dado mucha pena quedarnos sin nada. No hemos podido probarlo, pero el año que viene madrugaremos más y lo conseguiremos", apuntaban José Iglesias y su mujer Marina Uría.

El queso de Urbiés, visto y no visto

El queso de Urbiés, visto y no visto

La escena se repitió durante toda la mañana. Los más madrugadores consiguieron su tarrina y los demás tuvieron que conformarse con ver cómo las existencias desaparecían a toda velocidad. El Gran Mercáu de Artesanía y Venta del Quesu confirmó el enorme atractivo de una tradición que sobrevive gracias al trabajo de apenas tres elaboradoras. La jornada se completó además con puestos de artesanía, alimentación y productos tradicionales que llenaron de ambiente las calles de la localidad.

Una compleja elaboración

Una de las queseras, Consuelo Noval, explicaba que la producción es muy limitada porque "se necesita mucha leche para un filín de queso". Además, buena parte de lo elaborado llega ya comprometido por encargos realizados semanas antes de la fiesta. La quesera destacó también la importancia de preservar una elaboración ancestral. Preocupa el relevo generacional: "Hay gente que lo intentó, pero es un queso muy trabajoso. Hay que dedicarle mucho tiempo y seguir procesos que vienen de muy antiguo, incluso respetando las fases de la luna".

Entre los visitantes, Nacho Juliana, llegado desde Gijón, pudo regresar a casa con el objetivo cumplido. "Nos animamos a venir después de leer el reportaje publicado hace unos días en LA NUEVA ESPAÑA. No lo había probado nunca y reconozco que me ha gustado mucho", comentaba tras conseguir una de las últimas tarrinas disponibles. También Itziar Menéndez, desplazada desde Lastres, destacaba el ambiente de la jornada pese a que "ya casi no quedaba" queso cuando llegó al mercado.

"El queso vuela y hay que andar listo", resumía Secundino Rodríguez, vecino de Urbiés, recordando una época en la que la elaboración era mucho más habitual en el pueblo. "Me acuerdo de crío cuando en todos los corredores había bolsas colgando para escurrir la cuajada".

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