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Rafael Abril Manso, pregonero de las fiestas de San Pedro de La Felguera: "Es un honor inmerecido dar el pregón en unas fiestas en las que el primer pregonero fue Fermín Canella"

"Cuando estudiaba en los Dominicos La Felguera era una ciudad como Oviedo"

Rafael Abril, en su domicilio de La Felguera.

Rafael Abril, en su domicilio de La Felguera. / M. Á. G.

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David Orihuela

David Orihuela

Langreo

Rafael Abril Manso, titular del Juzgado de lo Mercantil número 3 de Oviedo (con sede en Gijón), pronunciará este viernes a las 20.00 horas el pregón de las fiestas de San Pedro en el teatro José León Delestal de La Felguera. Lo hará como “un honor inmerecido” y más por satisfacción familiar que por convicción personal porque insiste una y otra vez que cree que no ha hecho méritos para abrir las fiestas de San Pedro. Además, como magistrado es un tipo discreto a quien le gusta más tomar una sidra en un chigre de La Felguera, donde vive, que subirse al escenario del teatro.

-Uno de Sotrondio pregonando las fiestas de La Felguera.

-Sí, nací en Sotrondio en 1967 cuando aún había maternidad allí. Mi padre era picador en el Sotón y mi madre ama de casa. Vivíamos en la barriada del Serrallo y de aquella éramos 3.000 vecinos. Pero toda mi educación fue en La Felguera. Cogía el Efrén, el bus de un paisano de Blimea, e iba todos los días a los Dominicos de La Felguera, allí hice EGB y el Bachiller. De aquella La Felguera era una ciudad comparable a Oviedo. En el colegio éramos más de 400 alumnos.

-Estudiaba y jugaba al fútbol.

-Sí. En el Santo Tomás. Hasta que me fui al San Martín de Sotrondio, porque todos mis amigos jugaban allí. Al padre que llevaba el equipo de los Dominicos no le sentó muy bien. Con 17 años pasé al Oviedo, donde estuve dos años.

-¿Cómo era La Felguera en su infancia y juventud?

- Era una Felguera muy distinta. El Nalón era un río negro por la contaminación del carbón. Y llovía muchísimo. Yo miraba por la ventana de clase, no paraba de llover y solo pensaba que no podíamos jugar al fútbol. Hoy el río baja más limpio y hay hasta truchas, algo impensable entonces. La mejora de comunicaciones también ha cambiado mucho la vida aquí.

-La carrera de Derecho en Oviedo.

-En el Caserón de San Francisco. Hoy soy profesor asociado y doctor en la Universidad de Oviedo, a la que tengo un gran cariño. Con este pregón he descubierto una de esas coincidencias agradables que ocurren a veces. El primer pregón de San Pedro lo dio Fermín Canella en 1908, cuando era rector de la Universidad de Oviedo. Ahora, más de un siglo después tengo el honor de hacerlo yo, otro jurista profesor de la misma universidad.

-Es de Sotrondio pero se siente un fleguerino más.

-Me casé con una felguerina que me secuestró sin posibilidad de pedir rescate. Nos conocimos en la escuela de idiomas de La Felguera y desde entonces, hace 30 años, estamos juntos, tenemos dos hijos y son orgullosos felguerinos. Ella es de aquí, de aquí, y de aquí no la saca nadie. Eso influyó mucho en que aceptase ser pregonero. La primera vez que me lo propusieron dije que no, que no venía que podía aportar, pero cuando mi hijo mayor me dijo que le haría mucha ilusión y se lo contamos a mi mujer, ya no pude negarme.

-Estudió en La Felguera, se enamoró en La Felguera, también trabajó en Langreo.

-Sí., estuve 11 años como juez sustituto. Empecé con 25 años. Langreo tenía dos juzgados y ahora tiene cuatro. Eran juzgados con mucha carga penal, robos y asuntos laborales. Nadie los quería entonces.

Rafael Abril, en su casa de Langreo.

Rafael Abril, en su casa de Langreo. / M. Á. G.

-Hablando de trabajo, tiene un nuevo reto profesional.

- Sí, durante un año formaré parte Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Luxemburgo. Es un orgullo enorme. Además me han elegido desde la UE no es una elección de España, sino que te designan desde Europa, y eso es una satisfacción.

-Pero antes, las fiestas de San Pedro, ¿qué significan para usted?

-Son un lugar de encuentro. Se reencuentra gente de toda la cuenca, incluso personas que hace mucho que no ves en todo el año y solo las ves en San Pedro y te parece imposible que haya pasado un año.

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