Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

De lo nuestro / Historias heterodoxas

Juan Bautista Velasco, un obispo en la revolución china

Natural de Parana (Lena), fue destinado a Amoy (actual Xiamen), ocupó su cargo en 1948 y en 1953 fue expulsado del territorio chino

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Ernesto Burgos

Ernesto Burgos

El 1 de julio de 1921 doce hombres fundaron en Shanghái el Partido Comunista Chino. Si ustedes tienen en cuenta que entonces el país tenía más de 500 millones de habitantes, resulta difícil creer que el 1 de octubre de 1949 aquella minúscula organización hubiese crecido hasta ser capaz de proclamar en Pekín la República Popular, después de haber combatido en mil batallas, tanto contra sus opositores nacionalistas en el interior del país como contra el poderoso Japón.

Solo uno de aquellos pioneros pudo ver la victoria final, Mao Zedong, un joven nacido en una familia de campesinos que gracias a las técnicas de la guerrilla y al conocimiento de la peculiar identidad de su pueblo obtuvo el apoyo para culminar hazañas tan increíbles como la Larga Marcha en la que 100.000 soldados, mujeres y niños recorrieron a pie durante un año los 12.500 kilómetros que median entre la provincia de Jiangxi en el sureste del país y la de Shaanxi, en el noroeste. Finalmente, solo pudieron llegar a su objetivo menos de la mitad de los que habían iniciado el camino, pero su gesta quedó para siempre en la historia. 

Aunque no puedo resumir en una página los avatares de dos décadas de lucha, sepan que en aquel 1949, la ciudad portuaria de Amoy, que ahora conocemos como Xiamen, en la costa suroeste de China, fue un escenario fundamental para la consolidación del régimen comunista, porque la ciudad está muy próxima a Taiwan, donde se refugiaron sus opositores del Kuomintang y en ella sus tropas protegieron la huida de los dirigentes combatiendo en sus calles durante un mes hasta que el Ejército Popular de Liberación también los puso en fuga. En aquellos momentos, un lenense, nacido en Parana, era el obispo de Amoy.

A Olmedo, Valladolid

Juan Bautista Velasco Díaz había nacido en 1911 en la familia formada por Bautista Velasco García y Teresa Díaz Uría, naturales del mismo pueblo, y como muchos niños de su época fue entregado a una orden religiosa que le podía ofrecer un futuro más cómodo que el trabajo en el campo. Con solo once años ingresó en el colegio de dominicos de La Mejorada en Olmedo, provincia de Valladolid, para estudiar Humanidades, y a los quince se incorporó al noviciado del Real Monasterio de Santo Tomás en Ávila para hacer Filosofía.

Entonces, la legislación permitía a las órdenes religiosas otorgar títulos académicos a los alumnos privilegiados sin reparar en su juventud, por lo que no resulta extraño encontrar entre los frailes más avezados currículos como el suyo. En 1931, Juan Bautista Velasco tenía veinte años y dos carreras, y por su aplicación y posibilidades fue enviado a iniciar la tercera, Teología, al Estudio General de Rosaryville en Louisiana, Estados Unidos, un lugar que la Orden de Predicadores aprovechaba sobre todo para familiarizar a sus futuros misioneros en Asia con el idioma inglés.

Ya con su destino decidido por los superiores, el joven de Parana se ordenó sacerdote en New Orleans en 1935 y desde allí fue enviado a la Universidad de Santo Tomás en Manila para que terminase sus estudios. Una vez preparado para incorporarse a las misiones, se le envió a la región de Fujian en la costa sureste de China donde pasó por dos pequeños establecimientos religiosos antes de ser llamado como secretario al vicariato de Amoy. Estaba claro que pronto iba a ser llamado para desempeñar un puesto importante en esta zona y por ello se le ordenó ampliar su conocimiento de la historia y del idioma chinos en la Universidad de Pekín.

Por fin fue nombrado vicario general de Amoy y el 24 de octubre de 1948 lo elevaron a obispo de esa diócesis. Juan Bautista Velasco asumió la responsabilidad siendo consciente de que el avance de los maoístas era imparable y la guerra hacía imposible desarrollar ningún proyecto pastoral. No se equivocó: cuando se cumplía un año desde su nombramiento los comunistas ocuparon definitivamente la ciudad rompiendo la última resistencia nacionalista.

Éxito de Mao

El éxito de Mao Zedong se debió a que su ejército defendía grandes reformas, sobre todo en el campo, dando al mismo tiempo ejemplo de honradez y disciplina, por lo que recibió el apoyo de la población que le dio carta blanca para reprimir por cualquier medio los obstáculos que se oponían tradicionalmente a los cambios que se precisaban para cambiar la sociedad: los funcionarios y colaboradores del antiguo Gobierno, los comerciantes, propietarios, burgueses y banqueros fueron perseguidos y reeducados por el trabajo o eliminados según los casos, de modo que en los tres primeros años del régimen maoísta se registraron más de 10 millones de ejecuciones e innumerables deportaciones.

En cuanto a los cristianos, Mao Zedong los consideraba como meros instrumentos de la colonización al servicio de los gobiernos occidentales por lo que prohibió este culto destruyendo las iglesias y cerrando las instituciones sociales que dependían de ellas. Muchos sacerdotes y fieles chinos pasaron entonces a los campos de concentración en el curso de una persecución que se recrudeció más tarde durante la Revolución Cultural (1966-1976); sin embargo, cuando el maoísmo comprendió que era imposible apartar de la religión a un sector importante de la población, decidió crear su propia Iglesia independiente del Vaticano y en 1957 la Asociación Patriótica Católica China asumió la regulación oficial del catolicismo en China.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

El concejo de Lena ha estado vinculado históricamente a la Orden de Predicadores con un largo listado de dominicos. Algunos también fueron misioneros en Asia y sufrieron en sus carnes los cambios políticos y las revoluciones del convulso siglo XX. Por ejemplo, Florentino Fernández fue otro perseguido por el maoísmo: llevaba diez años en la gran isla de Pingtang, en la provincia de Fukien, muy cerca de Taiwán, cuando los revolucionarios la ocuparon. Entonces lo detuvieron y fue juzgado por un tribunal popular en 1949 que lo condenó a trabajos forzados. Luego, tras ser deportado, se unió a los nacionalistas y en 1951 lo aceptaron como profesor de la Academia Militar del Aire de Formosa.

En el caso del obispo Juan Bautista Velasco Díaz, la decisión de las nuevas autoridades se limitó a prohibir que siguiese con su actividad religiosa. Lo mantuvieron en arresto domiciliario, hasta que finalmente el 11 de septiembre de 1953 recibió la orden de expulsión definitiva del territorio chino junto a miles de sacerdotes, monjas y pastores protestantes que fueron sustituidos por la nueva organización religiosa controlada por los comunistas.

Idiomas

El obispo retornó entonces a Asturias para recuperarse antes de volver a Asia. En 1954 fue destinado a la sede episcopal de Manila, mucho más tranquila y con una colonia china muy numerosa. En aquel momento, además de su lengua materna y el latín eclesiástico, hablaba con soltura inglés, italiano, francés y mandarín y también podía expresarse en otros dialectos de la zona suroriental china que se había preocupado de estudiar en sus años de misión en Fujian Teniendo en cuenta esta circunstancia y su experiencia en el trato con esta comunidad, fue nombrado obispo auxiliar en 1955 con el encargo de atender a las familias chinas asentadas en la ciudad, compaginando su labor con la de director nacional del apostolado y vicario general de los chinos, una responsabilidad que ampliaron sus superiores en 1959 dándole autoridad para toda Filipinas.,

Desde allí fue reclamado en varias ocasiones para participar en reuniones internacionales y entre 1962 y 1965 participó en el decisivo Concilio Vaticano II, convocado en Roma por Juan XXIII y clausurado por Pablo VI, donde se debatieron y aceptaron los cambios formales y estructurales de la Iglesia Católica para adaptar sus disposiciones y objetivos situándola en la modernidad que requerían los tremendos cambios sociales del siglo XX.

Juan Bautista Velasco mantuvo toda su vida el título de obispo emérito de Amoy, que evidentemente no era más que un reconocimiento simbólico y en la década de 1980 también pasó a ser obispo auxiliar de Manila, pero tuvo que renunciar el 9 de junio de 1984 por razones de salud. Entonces retornó definitivamente a Asturias donde apenas tuvo tiempo de implicarse en actividades pastorales ya que falleció el 26 de octubre de 1985 a consecuencia de un paro cardiaco en el Centro Médico de Oviedo. Después, sus restos fueron llevados al pueblo que le había visto nacer y desde entonces reposan bajo el altar de la iglesia de Santa María de Parana.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents