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Más de 50.000 avispas asiáticas capturadas y 3.000 nidos eliminados: el balance de seis años de lucha contra la velutina en Mieres

Los voluntarios de Protección Civil Pedro Domínguez y Miguel Pérez han convertido el concejo en uno de los principales frentes contra la especie invasora, una labor que ya les ha costado varias visitas al hospital por picaduras

Miguel Pérez, retirando una trampa en el parque de Rioturbio.

Miguel Pérez, retirando una trampa en el parque de Rioturbio. / David Montañés

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Mieres del Camino

El Ejército Rojo de la Unión Soviética llegó a movilizar durante la Segunda Guerra Mundial a cerca de 34 millones de soldados, la mayor fuerza militar jamás reunida. En Asturias, desde hace más de una década, también se libra una guerra de desgaste contra otro ejército inmenso, aunque sus combatientes apenas midan unos centímetros. La avispa velutina, una de las especies invasoras más dañinas presentes en la región, sigue extendiendo su presencia y amenazando tanto a la biodiversidad como a la seguridad de las personas. En Mieres, la magnitud de esa batalla queda reflejada en una cifra demoledora: en apenas seis años se han capturado más de 50.000 ejemplares de la conocida como avispa asiática y se han destruido alrededor de 3.000 nidos.

En esa particular trinchera permanecen desde hace seis años Pedro Domínguez y Miguel Pérez, dos voluntarios de Protección Civil que se han convertido en el principal muro de contención frente a la plaga en el concejo. Su trabajo, silencioso y muchas veces poco visible, les ha llevado incluso a poner en riesgo su integridad física. Ambos han necesitado atención médica en varias ocasiones tras sufrir ataques de estos agresivos insectos. "Esto es una batalla continua, no tiene fin", resumen.

Pedro Domínguez y Miguel Pérez, junto al coche de Protección Civil dedicado a la lucha contra la vetulina.

Pedro Domínguez y Miguel Pérez, junto al coche de Protección Civil dedicado a la lucha contra la vetulina. / David Montañés

La campaña anual de trampeo acaba de concluir y los resultados vuelven a evidenciar la dimensión del problema. Durante los últimos meses instalaron más de doscientas trampas repartidas por distintos puntos del concejo, logrando capturar este año cerca de 9.700 ejemplares, una de las cifras más elevadas desde que comenzaron los trabajos de control.

Con el final del trampeo apenas concluye una fase de la guerra. Ahora comienza la temporada más intensa, la retirada de nidos. Solo en poco más de un mes los dos voluntarios han eliminado ya 67 colonias, una labor que se prolongará durante todo el verano y el otoño. Cada temporada llegan a destruir varios centenares de nidos, muchos de ellos situados a gran altura en árboles, aunque cada vez aparecen más en lugares insospechados.

"La gente piensa que solo anidan en los árboles, pero los encontramos prácticamente en cualquier sitio", explica Miguel Pérez. Los hay en tejados, cuadras, garajes, aleros de viviendas e incluso enterrados bajo tierra. Precisamente estos últimos son los que más preocupan a los integrantes de Protección Civil.

"Los nidos en el suelo son los más peligrosos", advierte Pedro Domínguez. "Cuando alguien está desbrozando una finca o limpiando una parcela puede romper el nido sin darse cuenta. Entonces las avispas atacan en grupo y apenas hay tiempo para escapar". La experiencia les ha enseñado que un ataque masivo puede tener consecuencias muy graves, incluso para personas que no son alérgicas. "Como te cojan varias a la vez, la situación puede complicarse muchísimo".

Nuevos protocolos

Para combatir la plaga, Protección Civil ha ido perfeccionando sus métodos. Durante años emplearon pértigas para inyectar insecticida en los nidos situados a gran altura. Actualmente, la mayor parte de las actuaciones se realizan mediante un sistema adaptado que permite disparar proyectiles con biocida sobre las colonias desde una distancia de seguridad, una técnica que agiliza el trabajo y reduce los riesgos para los operarios.

Pese a los miles de nidos destruidos y a las más de 50.000 velutinas capturadas, Domínguez y Pérez tienen claro que la batalla está lejos de ganarse. La extraordinaria capacidad reproductiva de la especie hace que cada primavera nazcan miles de nuevas reinas dispuestas a fundar colonias. Mientras tanto, la avispa asiática continúa ejerciendo una fuerte presión sobre las poblaciones de abejas autóctonas y otros insectos polinizadores, además de mantener un riesgo constante para quienes trabajan o disfrutan del medio rural.

Después de seis años de lucha, ambos voluntarios siguen afrontando cada aviso con la misma determinación. Saben que el enemigo nunca desaparece del todo, pero también que cada nido eliminado y cada reina capturada supone una pequeña victoria en una guerra que, por el momento, parece no tener final.

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