Entrevista | María Pérez Abogada, socia fundadora de "Abogadas por la igualdad" y pregonera en las fiestas de Sama
"Ser pregonera de las fiestas de Sama es un regalo y un honor enorme, un reconocimiento a la lucha por la igualdad"
"Comprender qué hay detrás de una víctima de violencia de género es imprescindible para poder ayudarla", asegura la experta

Maria Pérez. / LNE

La abogada María Pérez (Langreo, 1976) será la encargada de dar el pistoletazo de salida a las Fiesta de Santiago de Sama el próximo jueves 23 de julio. Lo hará con un pregón en el que repasará su infancia en la comarca. Socia fundadora de la asociación "Abogadas por la Igualdad", Pérez insistirá en la repercusión de la violencia de género en la sociedad y en cómo ha evolucionado.
Este año será la encargada de pronunciar el pregón de las fiestas de Sama. ¿Cómo recibió la noticia?
Con muchísima sorpresa. No me lo esperaba en absoluto. Fue un susto de los buenos. Además, piensas que hay muchas personas que han hecho muchísimo por Sama y que podrían merecer este reconocimiento. Por eso lo vivo como un regalo maravilloso y un auténtico honor. Ser pregonera de las fiestas de tu pueblo es algo muy especial.
¿Ya tiene preparado el pregón?
Estoy dándole los últimos retoques. Cuando te pones a escribir te das cuenta de que quieres contar muchísimas cosas, pero luego hay que resumir para que resulte ameno [sonríe]. Ha sido una oportunidad para parar, reflexionar y recordar. Acabo de cumplir 50 años y este nombramiento ha sido un regalo precioso que me ha llevado a pensar en todo lo que Sama significa para mí.
¿Por dónde irá ese discurso?
Hablaré de mi infancia, de los recuerdos con las amistades y de todo lo que este pueblo me ha dado. Pero también quiero transmitir que este reconocimiento no es solo para mí. Siento que represento a mucha gente. A mi familia, que siempre ha estado muy vinculada al comercio local, empezando por mis abuelos, que tuvieron una relojería junto a la iglesia de Sama. Mi abuela, que tiene 95 años, podrá acompañarme ese día y eso me hace una ilusión enorme. También creo que este pregón reconoce el trabajo colectivo de muchas mujeres con las que llevo décadas compartiendo la lucha por la igualdad y contra la violencia de género, tanto en la asociación "Maeve" como en "Abogadas para la Igualdad". No lo entiendo como un reconocimiento individual, sino a toda esa labor de voluntariado.
¿Ha cambiado mucho Sama en estos cincuenta años?
Muchísimo. Echo de menos el comercio que había antes y la vida que generaba. Hoy mantener un pequeño negocio es casi heroico y creo que hay que reconocer ese esfuerzo porque el comercio y la hostelería son fundamentales para que un pueblo tenga vida. También creo que iniciativas como la nueva comisión de fiestas demuestran que hay gente joven con ganas de implicarse y recuperar ese espíritu participativo.
Lleva décadas trabajando contra la violencia de género. ¿Qué ha cambiado desde que empezó?
Se ha avanzado muchísimo en recursos. Cuando empezamos en "Maeve" ni siquiera existía la Ley Integral contra la Violencia de Género. Muchas mujeres iban solas a denunciar, no había unidades policiales especializadas ni asistencia jurídica específica. Hoy existe una red mucho más sólida, aunque todavía queda camino por recorrer.
¿Dónde cree que siguen estando las principales carencias?
En la formación de quienes atienden a las víctimas. Muchas veces la calidad de la atención depende demasiado de la persona que tienes delante. Ocurre en todos los ámbitos: fuerzas de seguridad, juzgados o incluso entre profesionales de la abogacía. Comprender qué hay detrás de una víctima de violencia de género es imprescindible para poder ayudarla.
En los últimos años ha insistido especialmente en la situación de los menores.
Es uno de los mayores problemas que tenemos. Los niños y las niñas también son víctimas de la violencia de género, tanto de forma directa como a través de la violencia vicaria. Muchas veces no se les escucha realmente. Se les oye, pero no se les escucha. Hay menores obligados a mantener visitas con progenitores condenados por violencia y eso genera un sufrimiento enorme.
¿Cree que esa realidad sigue siendo poco visible?
Sí. Igual que hace años costó entender la violencia que sufrían muchas mujeres, ahora estamos empezando a mirar de frente el daño que sufren los hijos e hijas. Todavía persiste la idea de que siempre es mejor mantener la figura paterna, incluso cuando esa relación les perjudica. Desde mi experiencia profesional creo que debemos poner siempre en el centro el interés y la protección de los menores.
Después de tantos años dedicada a este ámbito, ¿sigue siendo una profesión emocionalmente dura?
Muchísimo. Son casos que inevitablemente te afectan. En mi despacho llevo muchos asuntos de familia en los que existe violencia y sé que hay muchas más situaciones de las que llegan a denunciarse. Denunciar nunca es fácil. Requiere una fortaleza enorme y el procedimiento judicial es muy duro. Por eso intento acompañar a las víctimas todo lo que puedo. Hasta que una mujer consigue contar realmente lo que está viviendo suele pasar mucho tiempo, y ese proceso necesita escucha, confianza y mucho apoyo.
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