De lo nuestro / Historias heterodoxas
Cuestión de Prioridades
Los problemas que ocurrieron en Mieres en los años 30 con la reconstrucción del puente La Perra

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico / Alfonso Zapico
Hay una norma fundamental para entender la historia: cada época es distinta y las actitudes y comportamientos varían con el tiempo. Si esto no se tiene en cuenta, jamás entenderemos el papel que jugó la religión en la Edad Media, ni por qué muchos de los mejores españoles apoyaron inicialmente la invasión francesa en 1808, ni tampoco llegaremos a entender a los mineros asturianos que hicieron una revolución en 1934.
Hoy les traigo un buen ejemplo que seguramente les llame la atención: el famoso concepto de prioridad que ahora esgrime la ultraderecha para restar derechos a los migrantes, fue mantenido en la década de 1930 por todos los sindicatos, incluyendo a la CNT, pero de una forma todavía más drástica, ya que se llevó a lo local defendiendo que mientras existiesen parados en una comarca debería cerrarse la posibilidad de trabajar a quienes no fuesen vecinos de la misma. Ahora les muestro un ejemplo.
En 1926 una riada se llevó parte del puente de La Perra de Mieres, arruinando una obra que se había presentado como modelo de construcción para este tipo de estructuras. En aquel momento, este paso era imprescindible, tanto para que los vecinos de los numerosos pueblos que ocupaban la margen izquierda del río Caudal y lo cruzaban para acercarse hasta el centro de la población, como para traer y llevar a los viajeros y las mercancías que movía el ferrocarril del norte, cuya estación también estaba en la otra orilla.
Por ello, el ingeniero José Eugenio Ribera, responsable de la obra, asumió enseguida los trabajos de refuerzo aprovechando para darle una nueva estética y mejorar su funcionalidad: suprimió los arcos que apoyaban la estructura sobre el cauce del río y dotó al paso de un ancho mayor colocando además un alumbrado moderno. La reconstrucción se prolongó siete años, hasta 1933, dando ocupación a cientos de trabajadores en una época marcada por el paro obrero, lo que convirtió a esta obra en esencial para muchas economías familiares.
Sin embargo, en 1932, cuando aún faltaba un año para la conclusión del proyecto surgió un conflicto inesperado porque los mierenses acusaron al contratista de dar preferencia a los venidos desde otras regiones olvidando que aquí el paro no hacía más que aumentar.
Apuros económicos
En aquel momento la situación económica del Ayuntamiento pasaba por un apuro porque ya estaba comprometido en un empréstito de tres millones y medio de pesetas a través de la Caja Asturiana de Previsión Social para el gran proyecto de traída de aguas. Este era desde hacía décadas el principal problema de Mieres y la máxima ambición de quienes aún estaban obligados a abastecerse en las fuentes públicas y vivían con el miedo constante a las epidemias que se facilitaban con la existencia de multitud de pozos negros y la falta de alcantarillado del que carecían muchos lugares del concejo.
Además, otros problemas se sumaron a la gran conflictividad que se había acentuado con la proclamación de la República: por un lado llegaba el anuncio de que se iban a paralizarlas obras de encauzamiento del río Caudal por falta de presupuesto, lo que contribuía a aumentar el número de parados; por otro, el Cuerpo de Ingenieros de Minas acababa de adoptar un acuerdo referente al Reglamento de Policía Minera anulando totalmente las atribuciones que hasta aquel momento tenían los facultativos en la dirección de las explotaciones, lo que motivó una huelga de los estudiantes de la Escuela de Capataces de Minas ante la amenaza de que su titulación perdiese muchas de sus funciones.
González Peña
La responsabilidad de apagar todos estos fuegos recayó en el alcalde Alfredo González Peña, quien había sustituido en el puesto a su hermano Ramón cuando este fue nombrado presidente de la Diputación de Oviedo. El regidor recibió, por un lado, a los alumnos de la Escuela y por otro a una comisión de los trabajadores del puente y después se desplazó hasta Oviedo para pedirle al gobernador José Alonso Mallol su intervención en varios asuntos del concejo y entre ellos la concesión de un nuevo crédito que ayudase a remediar la gran crisis de trabajo que se estaba sintiendo en las calles. El gobernador se mostró dispuesto a actuar hasta donde le fuese posible.
Pero las protestas en el puente de La Perra amenazaban con paralizar la obra y el lunes 4 de enero el alcalde convocó una reunión en su despacho con todos los sectores interesados, incluido el contratista de las obras, quien se comprometió a que a medida que se fuesen intensificando las labores y se necesitase más personal, no solo se iban a contratar trabajadores mierenses, sino que estos serían elegidos desde la propia Alcaldía: «Los que se vayan colocando serán los que en este concejo se encuentren sin trabajo, dando así la precisa autonomía al señor alcalde para que este vaya dando relación de aquellos que por sus necesidades necesiten con urgencia trabajo en dichas obras con arreglo a las solicitudes que de personal se vayan haciendo».
El gobernador leyó con atención esta propuesta y también se mostró conforme, de modo que prometió volver a hablar con el alcalde para que este constituyese cuanto antes la bolsa de obreros parados «con representación del Sindicato, como es normal y justo». El Sindicato no era otro que el SOMA, que salía así reforzado en su disputa con el Sindicato Único de Mineros de mayoría comunista.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico
Por su parte los diarios regionales fueron informando a sus lectores de todos estos pasos. El titular que publicó el 6 de enero de 1932 "La Voz de Asturias" dejaba claro su posición a favor de la prioridad local: «Mientras haya obreros en paro forzoso, deben ser estos preferidos en este concejo a los forasteros». Y después explicaba: «Estamos recibiendo constantes quejas, que se traducen ya en muy justas y enérgicas protestas, ante el proyecto que determinada empresa que tiene contratadas las obras de construcción del puente de La Perra viene siguiendo para la admisión del personal en sus obras dando preferencia a los forasteros».
Para el periodista, en Mieres había un número grande de padres de familia que no encontraban ocupación y en cuyos hogares se pasaban por esta causa muchas privaciones y miserias. Esto no era justo ni humano: «No es que tratemos de negar aquí el pan a todo obrero de él necesitado, pero sí protestamos de que mientras haya aquí obreros parados se vayan dando preferencias quizás por conveniencias o favoritismos a forasteros y bien es de esperar que esto sea tenido en cuenta por nuestro Ayuntamiento a fin de conseguir que en obras que se realicen aquí tengan cabida también obreros de casa a no ser, claro está, cuando aquellos hayan de ser especializados».
Respuesta pública
Desde su puesto como presidente de la Diputación, Ramón González Peña, hermano del alcalde, tampoco quiso permanecer ajeno a la polémica y respondió públicamente a un escrito de la CNT que pedía la readmisión de los despedidos por la crisis y criticaba estas prácticas de admisión de personal para los trabajos provinciales.
Según González Peña, esto aún no se había podido hacer porque todavía seguían perdiéndose muchos puestos y además la Diputación solo podía colocar obreros en aquellas obras que ejecutaba por administración, puesto que en las de contrata eran los adjudicatarios los que tenían la facultad de admisión; aunque en cualquier caso siempre se procuraba favorecer al mayor número posible de obreros de cada localidad.
La situación era tensa, sin embargo, para dar impresión de normalidad, el día 30 de enero el gobernador salió de la provincia y asistió en Santander al Congreso radical-socialista. José Alonso Mallol es un personaje al que prometo dedicar una de estas historias; sepan que el 8 de octubre de 1934 lo detuvieron en Alicante por sumarse a una manifestación en apoyo de la Revolución de Asturias y que además de político fue un espía internacional al servicio de la República.
Volviendo a la Montaña Central, las cosas no mejoraron y en noviembre de 1932, el anuncio de reducir el trabajo en las minas a tres días semanales provocó una huelga general en la que participaron 30.000 trabajadores contra el paro forzoso y los cierres patronales. Actualmente, la sociedad se ha globalizado y solo unos pocos se empeñan en mantener el concepto de prioridad para apoyar su estrategia política. Afortunadamente, la mayor parte de la sociedad española es más solidaria, pero no debemos ocultar nuestro pasado.
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