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El CAI de Pando cumple 35 años siendo "más que un apoyo" para las personas con discapacidad, "queremos que sean felices"

El Centro langreano, que cuenta con 65 usuarios, apuesta por la "oportunidad" y la integración y sus alumnos ya se consideran "una pequeña familia"

Dos usuarios del CAI de Pando en el taller de invernadero.

Dos usuarios del CAI de Pando en el taller de invernadero. / L. Hernández

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Lucía Hernández

Langreo

"Ellos aprenden de ti, pero tú también aprendes de ellos. Te sientes arropado, como si fuéramos una familia", asegura Pili Borrego, monitora del taller de invernadero del CAI Pando. No es casualidad que todo el personal docente del centro coincida en lo mismo. El CAI de Pando (Centro de Apoyo a la Integración) ya lleva 35 años dándoles una "oportunidad" a diversas personas con distintas discapacidades. Explica Nieves Mejuto, directora del centro, que "nosotros nacimos como centro ocupacional, con función de formar a las personas que venían de colegios con necesidades específicas para integrarse en el trabajo, pero no todas las personas van a llegar al nivel de desarrollo que se necesita para trabajar, hay usuarios que necesitan apoyos en actividades básicas para el día a día, como vestirse".

El sistema de fichaje de los usuarios del CAI de Pando.

El sistema de fichaje de los usuarios del CAI de Pando. / Lucía Hernández

El centro cuenta hoy en día con 65 usuarios, teniendo una capacidad máxima de 75 personas. En el espacio langreano se elaboran diversos talleres a lo largo del mes: tres educativos, invernadero, creatividad y bricolaje son los básicos. Yoga, teatro, fútbol, taller de escritura de periódico o terapia con animales son otras actividades que los integrantes de esta escuela tan especial realizan puntualmente. El centro cuenta con cinco auxiliares, que ayudan a los usuarios en tareas cotidianas, dos monitores de talleres, además de cuatro educadores y una psicóloga. Como resultado de esta positiva combinación para el aprendizaje, algunos de los integrantes del centro ya tienen empleo. Aunque para el CAI "lo más importante es que sean felices".

Rutina

Como en todo espacio público, se siguen unos horarios. El autobús recoge a todos los usuarios integrantes, haciendo ruta desde Laviana y llegando al CAI sobre las 9.30 horas. A continuación van a su taller correspondiente mensual, tras "fichar como en una empresa" y por la tarde aprovechan para hacer las actividades vespertinas, que cambian diariamente y deciden ellos mismos, "según sus necesidades".

Algunas de las manualidades realizadas por los integrantes del CAI del Pando.

Algunas de las manualidades realizadas por los integrantes del CAI de Pando. / Lucía Hernández

La creatividad de los usuarios salta a la vista, mire por donde se mire en el CAI. Hay cuadros por las paredes, imágenes de exposiciones y manualidades realizadas por los estudiantes. Ana Nevado, docente del taller de creatividad, contaba que "el objetivo principal del taller es que vengan y se relajen, y que salgan mejor de lo que llegan. Siempre adaptamos las necesidades a las preferencias y a sus discapacidades".

Talleres

Pero una determinada discapacidad no dictamina si tienes talento o no. Llamativos cuadros de distintas técnicas pictóricas, cojines con forma de peces, botes de cristal decorados y hasta una muñeca creada desde cero con materiales reciclados, son una pequeña parte de todo lo que estos "manitas" son capaces de crear. Iván Calvo, uno de los usuarios, estaba haciéndose un autorretrato junto con su compañera Tania Torrico. Es tan grato la labor diaria con estos chicos, que Nevado se siente "muy satisfecha con mi trabajo, trabajar aquí ha sido una de las mejores decisiones de mi vida".

Varios de los usuarios del CAI de Pando en el taller de creatividad.

En el centro, Tania Torrico e Iván Calvo, junto con otros dos usuarios del CAI de Pando en el taller de creatividad. / Lucía Hernández

Otro de los talleres ofrecidos es el de invernadero. Los integrantes del CAI trabajan entre frambuesas, cactus y verduras, con el objetivo de tener una huerta utilitaria. Iván Baz, usuario del centro, cuenta que "aquí venimos todos los días y plantamos plantas, las regamos.... Si comemos yogur de postre, les echamos las frambuesas que hemos recogido". Aunque para Baz, "lo que más me gusta es estar con mis compañeros y hacer mi trabajo".

Oportunidad, compañerismo, integración y oportunidad son solo unos de los valores que promueve este Centro de Apoyo a la Integración, nacido ya en 1991. No es de extrañar que el CAI de Pando ya lleve 35 años ayudando a la inserción social de sus usuarios, ofreciéndoles un aprendizaje en autonomía y en diversas actividades manuales y creativas, todas ellas útiles para su día a día.

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