Nieves Mejuto, directora del centro de apoyo a la integración de Langreo: "La mirada hacia la discapacidad ha cambiado, ya la admitimos"
"Soy la imagen del CAI, pero esta imagen estaría vacía si detrás no estuviese todo el equipo de profesionales, los usuarios y también las familias", asegura Mejuto

Nieves Mejuto posa junto a un mural pintado en el CAI de Pando. | L. HERNÁNDEZ
Lucía Hernández
No se puede negar que Nieves Mejuto (Corripos, 1967), directora del CAI de Pando (Centro de Apoyo a la Integración), es un referente entre las mujeres asturianas. Con las ideas claras y siempre dispuesta a ayudar a los demás, no es de extrañar que sea la responsable de dicho centro y que numerosas familias de la cuenca del Nalón confíen en ella para el aprendizaje de sus hijos con discapacidad. Ha recibido numerosos reconocimientos en su campo de trabajo, destacando el reciente Premio Miradas Violetas, cuyo jurado valoró su labor de inclusión en el ámbito social.
¿Cómo le ha sentado la noticia de este premio?
Pues sentí vértigo. Conozco a la entidad, Maspaz (Movimiento Asturiano por la Paz), porque hace actividades de mediación en el centro. Cuando me enteré pensé "anda que no habrá mujeres en Asturias que se lo merezcan más que yo", pero pensé en positivo, porque yo soy la primera reconocida en ayuda a la inclusión, entonces detrás de mí vendrán todas esas mujeres que todavía no se les ha premiado y que se lo merecen. Siento una gran satisfacción, pero no creo que me merezca un premio por hacer mi trabajo.
Lleva siendo la directora del CAI desde 2009, ¿siente cierta presión con su papel como responsable del centro?
Sí, me siento muy responsable y sé que soy el referente y el apoyo de estos chavales. Sé que lo que les digo les hace mucha pupa o mucha ilusión. Los chavales son muy participativos y esto, a veces, exige que les corrijas o riñas, siempre explicándoles un por qué, para que lo entiendan y rectifiquen. Al final alguno de ellos querrá entrar en el mundo laboral y tendrá que estar preparado. También sé que para muchas familias lo que yo digo va a misa, entonces tienes que tener cuidado con lo que dices. Mucha gente asegura que "Nieves es Dios, Nieves lo soluciona todo", pero a veces solo es una casualidad. He solucionado varios problemas gracias a contar con un círculo de confianza. Tanto es así, que gente que estuvo aquí de prácticas me llama para que les ayude y acepto sin pensarlo. Actualmente realizo más tareas de burocracia y de papeleo, para mí la parte menos "guapa". A mí lo que más me gusta es el trabajo de campo con los chavales.
Entiendo que esas redes de confianza también se dan entre los usuarios del centro.
Así es. Vinieron unos alumnos de un colegio infantil de visita tras decirle su profesora una frase buenísima: "Vamos a ver a unos niños que solo crecen por fuera". Se crearon unas interacciones peculiares. Tanto, que el otro día estábamos por la calle y saltan unos nenos "hasta luego, Pedro". Yo me quedé sorprendida. Entonces la madre de uno de ellos le preguntó que de qué lo conocía y dijo "es de Pando, mamá, es mi amigo". Ahora te das cuenta de que somos mucho más conocidos porque salimos a la calle. Los usuarios del centro ya son parte de la comunidad.
¿Cree que hay algo que explique el buen recibimiento que tiene el CAI?
Yo creo que el centro no hubiera sido igual si no se hubiera abierto en la cuenca del Nalón, ni hubiera recibido a sus familias, porque aquí existe la idiosincrasia correcta. Aquí las familias han enseñado a su hijos según el entorno que existe. Por ejemplo, una familia había enseñado a un usuario a realizar tareas agrícolas. El entorno marca las habilidades adquiridas. Aquí la gente es muy solidaria, muy abierta y comunicativa. Aquí cabemos todos.
¿Ha cambiado algo durante estos 35 años del centro?
El equipo, pues empezamos cinco y seguimos cuatro. También el tener flexibilidad. Durante 35 años hemos tenido que modificar mucho para seguir en pie. Yo sé que soy la imagen del CAI, pero esta imagen estaría vacía si detrás no estuviese todo el equipo de profesionales, los chavales, las familias y los apoyos. Otra cosa que ha cambiado es la mirada. Empezamos con una usuaria a la que sus vecinos no conocían. Ahora somos capaces de admitir un poco mejor que hay una diferencia y que se necesita un apoyo. En cuanto al centro, el espacio permite ofrecer una atención más individualizada. Yo creo que hemos conseguido un ambiente cálido, tanto para ellos, como para nosotros. La persona que viene no tiene que fingir. De hecho, siempre estamos con la puerta abierta .
Siempre se habla de personas con discapacidad jóvenes, ¿pero qué ocurre cuando envejecen?
Cuando nos preguntan que cómo estamos por aquí arriba, siempre decimos que "envejeciendo". Esto es porque yo me hago mayor y tengo a mis hijos para cuidar de mí. Pero, ¿qué ocurre con una persona con discapacidad? Que sus padres son más mayores, en situación de dependencia y de necesidad de una atención. Hemos detectado una correlación entre síndrome de Down y alzhéimer. El año pasado llamamos a Jesús Flórez, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cantabria. Él mismo nos describió cómo el cerebro de una persona con síndrome de Down, por sus características de proteínas, de disposición y demás, hacían que el alzhéimer anduviera a sus anchas. Y es cierto, porque en aquel entonces habíamos notado un cierto envejecimiento y deterioro en una persona de aquí. Recordaba todos los cumpleaños, nombres, de todo, y vimos cómo fue empezando a perder. Fue muy duro.
¿Cree que todavía hay trabajo por hacer?
Sí, por ejemplo el tema de la sexualidad escuece, la sociedad en general no sabe cómo abordarlo. La gente se pregunta "¿estaré preparado para que mi hijo con síndrome de Down me diga que tiene novio y que quiere acostarse con alguien?". Todavía nos queda mucho trabajo. También está el tema de la homosexualidad. Si todavía hay gente en a sociedad que piensa de cierta manera, ¿cómo no va a ocurrir también con estas personas, que cierta gente los mira por encima del hombro? Es cierto que ha habido una evolución, pero todavía hay cierto desconocimiento que nos lleva a tirar de tópicos, y los tópicos no son buenos. Ellos no se merecen que los encasillen en el perfil de "típica persona con discapacidad". Cada uno somos, con nuestros gustos, deseos, preferencias, expectativas y proyectos de vida. Y a veces al desconocer tendemos a caer en prejuicios.
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