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Rioseco entre costuras: campamentos de verano para que los más pequeños de la casa aprendan a coser que están siendo un éxito

Natalia Rodríguez, fundadora del atelier "Telas de mamá", acoge este verano a niños y niñas que quieren aprender a coser y a diseñar moda en unos divertidos talleres

Natalia Rodríguez enseñando a, de izquierda a derecha, Andrea Rodríguez, Sofía García, Celia García, Nel González, Élida Fernández y a Liam Bosch en su taller.

Natalia Rodríguez enseñando a, de izquierda a derecha, Andrea Rodríguez, Sofía García, Celia García, Nel González, Élida Fernández y a Liam Bosch en su taller. / Lucía Hernández

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Lucía Hernández

Rioseco

Podría parecer algo aburrido o incluso molesto el hecho de tener que ir a una "clase" en pleno verano. Pero nada más lejos de la realidad. Natalia Rodríguez, dueña del taller y la tienda "Telas de mamá", es la culpable de que en cada casa de Rioseco y de alrededores, se vean tendidas toallas con llamativos estampados, camisetas, o incluso neceseres que parecen sacados de la última tienda de moda. Coser algo que a priori no es una actividad considerada "para niños", pero Rodríguez ha conseguido darle una vuelta a la mentalidad de la sociedad, tratando la costura como un puro juego y convirtiendo a Rioseco, la capital de Sobrescobio, en una cuna para la creatividad.

Telas y un maniquí en el taller de "Telas de mamá".

Telas y un maniquí en el taller de "Telas de mamá". / Lucía Hernández

Esta costurera de formación, decidió "lanzarse a la piscina" en 2019 con la creación de la tienda online. Fue en 2021 cuando ideó estos "campamentos costuriles de verano" con duración de una semana. Rodríguez ya ofrecía talleres para adultos de septiembre a junio, aunque esto le sabía a poco, porque quería ofrecer clases a niños. Ahí fue cuando le surgió la idea de estos campamentos "exprés" en verano. La actividad está destinada para menores de entre 7 y 14 años, realizándose en el local de la propia tienda, con diploma y "examen" incluido. La duración es de cuatro horas diarias "que luego pasan volando, parece mucho, pero como están entretenidos, ya les pasa la mañana". El grupo suele ser de unos cinco niños para recibir la atención necesaria, y por el peligro que puede suponer manipular agujas y tijeras.

Curiosidad

La curiosidad es algo que abunda entre este taller de telas. Nel González, uno de los alumnos, empezó a coser "por mi abuela, mi madre y porque me daba curiosidad". Mismo caso es el de Celia García, "porque mi madre ya venía a coser a este taller y me enseñaba algo en casa, así que decidí apuntarme yo también". Élida Fernández "veía a mi madre coser y yo también quería hacer lo mismo". Para la pequeña Andrea Rodríguez, lo que funcionó fue el boca a boca, "hablaban bien del taller y vine a probar". Sofía García es de casa, es "viene a coser conmigo, con su madre. Además, ella anunció el campamento y quiso probarlo", explica Natalia Rodríguez.

Liam Bosch cosiendo a máquina.

Liam Bosch cosiendo a máquina. / Lucía Hernández

En "Telas de mamá" no se teme a nada. Durante una semana, los menores aprenden desde cero realizando "tareas más sencillas, como llaveros con nombres o una bolsa a la que le puedes meter una toalla que lleva cosida. También aprendimos a hacer estuches y hasta una muselina para bebé. Intentamos hacer de todo: coser a mano, a máquina que es lo que ellos prefieren porque es más fácil, utilizamos patrones, colocamos alfileres, y más. Ellos quieren ir a casa y enseñar lo que hicieron hoy, pero a veces no se puede porque lleva más tiempo, como una camiseta". La motivación es tan grande, que algunos se han animado y ya tienen su propia máquina de coser, como Élida Fernández. Otros ya la han pedido a los Reyes. Y otros, como Miguel González, quieren ser diseñadores de moda y crear su propia ropa.

Creatividad

Algunos alumnos ya repiten, llegando incluso a quedarse sin plaza. "Como van corriendo la voz, hay más gente interesada, por lo que este verano hice tres campamentos. A mí me encanta estar aquí con ellos". Y es que para Rodríguez, una de sus mayores satisfacciones es "que usen lo que hacen y que no quede en el canapé de la cama o no vea más la luz. Algunos van presumiendo de sus creaciones, como la abuela de Nel, que había colgado su toalla en el tendal". Otro de los valores que promueve es la amistad y el compañerismo, pues "no todos se conocen y el lunes cuesta más arrancar, pero hacemos un recreo que les ayuda a hablar entre ellos". Aunque sin duda, lo que más se promueve es la imaginación y la creatividad. "Cada uno echa a volar la imaginación, ellos escogen su tela. A veces cuando se van de aquí, esto parece un arcoíris. Ahí está la creatividad y la imaginación, en el colorido, esto es diversión para ellos. Yo no voy a poner limitaciones".

Algunas de las manualidades cosidas por los alumnos.

Algunas de las manualidades cosidas por los alumnos. / Lucía Hernández

Para Rodríguez es todo un orgullo, pues "vienen sin saber nada y se van con un montón de trabajos hechos. Además, entienden la máquina de coser por si se animan a coser algo en casa". Tanto es así, que ya están preparando gomas de pelo, neceseres y llaveros, entre más cosas, para vender en el mercadillo del festival El Pueblo, que se hará del 12 al 13 de septiembre en Rioseco. Algunas alumnas son optimistas y quieren destinar el dinero "para ir a Disney, aunque creo que será difícil, así que por lo menos será para comer una hamburguesa. Y si nos sobra, para ir al cine", comentaba Sofía García entusiasmada. Natalia Rodríguez ha conseguido, así, hacer que lo más pequeños se diviertan con esta actividad y que para ellos sea "coser y cantar".

Natalia Rodríguez junto a, de izquierda a derecha, Celia García, Sofía García, Nel González y Élida Fernández.

Natalia Rodríguez junto a, de izquierda a derecha, Celia García, Sofía García, Nel González y Élida Fernández. / Lucía Hernández

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