Opinión | Desde mi Mieres del Camino
Amadeo Gancedo
A gloria y buen estilo del "teatro instantáneo"
Las representaciones en el teatro Capitol de Mieres impulsadas por Marcelino Camporro, quien puso su nota original
El Ayuntamiento nombra hijo adoptivo de Mieres al cura de San Xuan, don Nicanor López Brugos. Pero... antes decían que era el padre y ¿ahora quieren hacelo fiu? Hay que ver les coses que pasan por aquí...".
En escena la figura de Marcelino Camporro, el del restaurante Camporro de Mieres, con otros cuantos actores. Y todo dentro del recordado marco del Teatro Capitol, para representar una de las actuaciones del llamado "teatro Instantáneo" por él inventado y del que era autor, guionista y primera figura con la obra "Les coses como son". Desarrollando esa gracia que le caracterizó siempre -hoy, por fortuna, sigue entre nosotros con sus noventa y un años a cuestas- Marcelino cogía LA NUEVA ESPAÑA del día y repasaba las noticias relacionadas con Mieres en clave de titulares y, luego, él se encargaba de añadirles "les morcilles" que su privilegiada inventiva le inspiraba. Como muestra otro botón: "Diz el periódicu que una muyer de Ablaña, calzá con madreñes, retorció un pie, siendo trasladada al hospitalillo de Fábrica de Mieres, donde se apreció rotura del tacón y de la argolla madreñera". Ahí queda eso.
Pero vayamos a los detalles de esta fórmula puntera que, si bien no fue a más, constituyó todo un éxito en las tres representaciones que se dieron en Mieres, siendo solicitada para otras localidades de Asturias sin que, por circunstancias especiales, llegase a fructificar su difusión.
En el plató del Capitol, ante un auditorio numeroso y con ansias de conocer el desenlace, se preparaba la escena que, dicho sea de paso, ni era ensayada ni respondía a los cánones tradicionales. De ahí su denominación de "teatro instantáneo". El ambiente respondía a un bar de pueblo, con la dueña del cotarro Charo, papel representado por la cantante de tonada María del Rosario Alvarez quien, de vez en cuando, aprovechando sus quehaceres de limpieza y cuidado del establecimiento, entonaba, con una bonita voz, alguna de las baladas de su repertorio. En una mesa jugaban la partida cuatro parroquianos rodeados de otros tantos que contemplaban el desenlace del juego. Eran los componentes del Ochote la Unión -que dirigió Baldomero Pérez- el primero y precursor formado por Jovino, Calixto, Naves, Julio, Chuchu, Perdiguer, Alvarito y Pepín que, como tertulia, también en los descansos del tute, soltaban armoniosamente algunas de sus más queridas creaciones, cuyas estrofas salteadas dejaban un gran sabor de boca. Cerca de allí se encontraba Joaquín González "Xuaco" el ciegu, persona muy conocida y otro tanto querida en la localidad que, con su acordeón, llenaba, musicalmente hablando, cualquier hueco que aparecía en el marco escénico.
Y ya entrados en situación, ocupando un rincón del chiringo, con claros síntomas de haber "soplado" más de un campanu de vino de Mangas, aparecía la figura de Marcelo (Marcelino Camporro), con LA NUEVA ESPAÑA en riestre, para "trasegar" unas cuantas noticias mierenses, poniéndoles al final la guinda de su propia cosecha. Pero, siempre, en estos y otros muchos casos, aparecía el pero. De vez en cuando se abría la puerta de la estancia y aparecía la figura de Falín (Rafael Rodriguez, el "guaje", monologuísta de tan grato recuerdo como intérprete del chascarrillo asturiano, a quien hoy, hecho un mocetón, seguro que le va la vida como él merece por tantos y tan buenos momentos que nos hizo disfrutar, para soltar la frase de rigor: "Pero, papa, diz ma que vayas pa casa que ya tas bien preparau pa dormila?". Pero, que si quieres arroz Catalina. El amigo Marcelo seguía con su perorata "filosofando a su forma y modo de la actualidad mierense". Y así una, otra y otra, hasta que por fin el "fíu lograba arrastrar a su pa y llevalu pal catre".
Esa era la fórmula y la esencia del espectáculo, ni ensayado ni previsto que, a lo largo de al menos hora y media servía de deleite al respetable. Y todo organizado a través de la Asociación Recreativo Cultural "Mieres Uno", constituida en 1979 - año Internacional del Niño- con la finalidad de fomentar actividades formativas, culturales y recreativas de los niños de Mieres, con atención preferente a los sectores económicamente más débiles
Según el folleto divulgativo, dentro de su modestia, "Mieres Uno" tenía proyectos ciertamente ambiciosos, entre ellos la creación de un parque infantil de tráfico, una biblioteca infantil y la novedad de una fauna asturiana plastificada. Todo ello sin perjuicio de acudir, como remedio oportuno, a responder en situaciones concretas siempre relacionadas con la infancia. El balance del proyecto quizás no haya alcanzado esos niveles, pero el intento tuvo ciertos frutos.
De la trayectoria vital de Marcelino Camporro se puede y se debe escribir largo y tendido, dados los resultados alcanzados a favor de la comunidad mierense. De ello sabe mucho el antiguo Colegio "Santiago Apóstol", regido por los Hermanos de San Juan Bautista de La Salle, de cuya Asociación de Antiguos Alumnos fue promotor y presidente, puesto que al centro había acudido como tal al igual que posteriormente lo hicieron sus tres hijos. Cuenta en su privilegiada memoria que el invento del "Teatro Instantáneo" ya lo había concebido él al menos veinte años atrás, precisamente en el centro escolar donde cursara estudios. Sin embargo fue por los primeros años de la década de los ochenta, concretamente un diez y ocho de junio, dentro del programa sanjuanino y por imperativos, con petición expresa, de la Comisión de Festejos (COFEMI), cuando tuvo lugar la que sin duda iba a ser su principal función, coincidiendo con otras atracciones escénicas como la compañía liderada por el también mierense Pedro Civera.
Años más tarde, en 1996, pese a su avanzada edad, Marcelino formó parte de la comisión organizadora del "Centenario del Colegio Santiago Apóstol", que tanto eco y entusiasmo despertó, teniendo en cuenta que muchas generaciones de mierenses había pasado por sus aulas forjando así una primera etapa de su formación cívica para posteriormente dirigir sus paso hacia varios frentes de especialización, uno de ellos como paso inmediato a través de la Escuela de Aprendices de Fábrica de Mieres, a la que pertenecía también el Colegio y finalmente encontrar acomodo laboral especializado en los distintos departamento de la actividad de la factoría siderúegica o bien seguir estudios superiores en la que más tarde fue Escuela de Ingenieros Técnicos de Minas y Fábricas.
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