Opinión | Desde mi Mieres del Camino
Amadeo Gancedo
Llevando al héroe justiciero
Muchos serán ahora veteranos serios y adustos, otros -menos- maduros en torno a los cuarenta y puede que algún joven de la treintena haya anotado en su memoria determinados rasgos del acontecimiento. Pero todos, absolutamente todos, guardan como oro en paño la figura de "Chacolí", el muñeco-marioneta que, al grito unánime de los infantes espectadores, acudía con la máxima rapidez a solventar el problema, bien acompañado por su inseparable enanito, para luchar contra la bruja Candelaria y el gigante Barba Azul, rescatando así a la princesita Luzmilita de sus sueños, de la que estaba perdidamente enamorado.
Y es que esta simpar atracción festera de los años sesenta y setenta, por una de esas cuestiones que el raciocinio humano no es capaz de descifrar, fue perdiendo "gancho" hasta prácticamente desaparecer, pese a que guardaba entre sus pliegues un condimento único e inigualable. Nada menos y nada más que la facultad de hacer partícipes, como actores de segunda fila, a los propios espectadores que, ante la presencia de los malos, requerían con sus gritos y advertencias, la rápida intervención del "salvador" capaz de desfacer entuertos y ponerle buen fin a la aventura.
Mieres resultó ser capital de primer orden con la puesta en marcha del espectáculo bajo la denominación de "Las Marionetas de Mago Arós", puesto que no solamente eran aventuras de Chacolí, aunque dicho sea de paso, su figura y abates se convertían en la mayor atracción, pero también existían otros lances de múltiples historietas que se expresaban despertando todo un motivo de atención permanente por parte de sus seguidores. Cualquier escenario, más o menos grande, del casco urbano de la capital del Caudal, era suficiente, por las fiestas de San Xuan o el Carmen de La Villa, para montar la caseta y una sucesión de sillas que rápidamente eran ocupadas por los más espabilados peques de la localidad, dando así comienzo la historia de los buenos y los malos que, por la unánime intervención puntual de la grey infantil, siempre terminaba con el marchamo del triunfo de un final feliz.
Como es lógico en cualquier cuestión de esta vida, el invento y la acción a desarrollar, tenía un promotor y unos colaboradores. El principal maestro de ceremonias era Manuel Ardura Nachón, un enamorado de estos y otros planes, siempre a favor de la comunidad que le rodeaba y aún le rodea. A los 16 años -actualmente tiene 77- sintió la llamada de esta modalidad artístico-festiva tras encontrarse en Madrid con las marionetas de Talio. Testigo del descubrimiento comenzó a fabricar sus propios muñequitos a la vez que surgía la chispa que habría de enredar los hilos de cada aventura de obras infantiles, siempre en base al tándem de buenos y malos. Para ello contó con la muy meritoria ayuda de otros mierenses como el caso de Ricardo Hevia, Javier (fallecido prematuramente), Tomé y alguno más, aunque dicho sea a tiempo, la voz cantante la llevaba el propio Ardura Nachón.
"Aunque teníamos un variado repertorio -asegura el propio autor- era la figura de Chacolí, con su inseparable escudero el enano Tontilón, quién se llevaba la palma a la hora de luchar contra la bruja Candelaria y el pirata Barba Azul, quiénes no tenían más obsesión que llevarse a la bella princesita Luzmilita, de la que Chacolí estaba perdidamente enamorado, para hacerla sufrir. Y aquí surgía, como por encanto, el papel de los asistentes, los muy jovencísimos infantes que, todos a una, como en Fuenteovejuna, demandaba la presencia del salvador y su acompañante, los cuales, con rápidas y certeras acciones, decidían siempre el balance hacia el lado de los buenos".
Aunque parezca simple y nada complicada la trama, lo cierto es que no existía cita festiva, en el entorno de la cuenca minera del Caudal, donde al son de uno festejos, no estuviese presente Chacolí con sus formidables aventuras. El interés y la aceptación se fue extendiendo como una especie de abanico por todo el norte de España, y durante varios años, era presencia obligada en las principales capitales y villas. León, con preferencia de Valencia de don Juan, Santander con los aires de Castro Urdiales, Galicia en su capital de Lugo, hasta incluso el País Vasco supo de esta atracción muy pegada a los peques pero que, curiosamente, despertaba también el interés de muchos mayores acompañantes, es decir padres u cuidadores. ¿Se ganaba dinero con ello?. Para ir tirando y cubriendo los gastos de estancia más la furgoneta con personal y equipaje. "Puedo afirmar categóricamente -añade Manuel Ardura- que aquello era pura afición por despertar la participación de los peques y la alegría de un buen final de las aventuras".
Nada menos que 58 años estuvo Chacolí y su tropa por fiestas, ferias y demás acontecimientos. Todo un récord que quizás no tenga parangón en este tipo de espectáculo de títeres. Lo malo es que, con el paso del tiempo, también a los héroes y sus adversarios de las marionetas del Mago Arós les llegó su hora. Manuel Ardura Nachón, inventor, promotor y primera figura del montaje hubo de dejar el asunto, teniendo en cuenta que asumía, por edad reglamentaria, su prejubilación de Hunosa, como maestro de servicio de la escuela de formación profesional de esta empresa pública asturiana. Sin embargo, la inquietud de este mierense por ciertas cuestiones de su pueblo relacionadas con la infancia y también la tercera edad, tuvo aún un intervención decisiva gracias a la organización, durante varios años, de la cabalgata de los Mago de Oriente, con la puntualidad histórica de cinco de enero y pocos medios a su alcance que se fueron incrementando merced a la actitud municipal de apoyo económicamente este acontecimiento anual, hoy en manos de la Asociación Cultural y Minera "Santa Bárbara".
Y no faltó su presencia en el Centro de Día de la villa, con los yas veteranos jubilados, para desarrollar algunos talleres de la especie. En definitiva que, una vez más, Manuel Ardura Nachón, al que posiblemente no se le han reconocido sus méritos fehacientemente, saltaba a la palestra porque "eran cosa de neños y en algún caso de mayores". Eso sí, "Mierenses del Año" supo distinguir, su figura con el galardón de 1993.
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