Opinión
Juan José Menéndez
La breve historia del Archivo de Mieres
Las dificultades del concejo para recopilar y mantener su legado escrito
Los primeros archivos de la historia aparecen en "los imperios" y servían como una herramienta de control de población y de riqueza. De igual manera, los archivos municipales se forman con la documentación que ha producido y produce un proceso natural de recopilación por una persona o entidad pública o privada, o simplemente por el ayuntamiento a través del tiempo y de sus diferentes órganos y servicios, establecidos unos por Ley y otros por su autoridad de auto organización para la gestión de los asuntos que entran dentro del amplio ámbito de competencias municipales, destacando entre ellos la prestación de importantes servicios a los ciudadanos o como fuentes de historia local. Esta documentación puede tener valor histórico, jurídico, administrativo o cultural, independientemente de cuándo se haya producido.
El archivo municipal mierense ha sufrido importantes pérdidas a través de los años, que en nada ayudan a los investigadores interesados por la historia del municipio. Dificultades añadidas con las que ahora se encuentran al intentar realizar estudios sobre la misma, y que forzosamente dan (en muchos casos) resultados incompletos por falta de datos significativos forzados por la desaparición de documentos históricos (en su mayoría consumidos por el fuego). Repasamos algunos datos conocidos: "(?) dos desgraciados siniestros ocurridos en la Casa Capitular la noche del 2 de febrero de 1875, y la madrugada del 15 de febrero de 1876; que ya casual o más bien intencionadamente, por las circunstancias que en ambos concurrieron, merecen por la importancia que considerablemente atañe a los intereses comunales del Concejo, se trate de depurar escrupulosamente la administración municipal, que con el ridículo pretexto de los acontecimientos políticos primero, y después a la sombra de los dos incendios, es por lo demás desastrosa y deja mucho que desear". (A. M. Legajo 8-569.) Otro de los incendios de que se tiene conocimiento tiene su origen durante los sucesos de octubre de 1934, en los que fueron quemados muchos documentos, entre los cuales figuraban algunos libros del registro civil, cuya destrucción había de causar no pocos trastornos.
En lo que a incendios se refiere, veamos lo que escribe un historiador mierense: "Es de lamentar la ausencia de archivos en esta población. Sin archivos es obvio que se ponga cuesta arriba toda labor investigadora para escribir trabajos históricos. Si algunos documentos iban quedando como milagro en las viejas casas edilicias que hubo en La Nozalera y La Paraxuela, se fueron perdiendo por la conocida desidia de las gentes y después a causa de las guerras carlistas. Partidas afectas a Carlos V, con importantes contingentes en los altos de Aller y de Lena, entraron en nuestra villa hasta dar fuego a la casa que los carlistas llegaron a incendiarle. Tampoco han faltado los incendios causales en dicho edificio. Para acabar con lo poco que se conservaba de la documentación, vino la revolución de octubre del 34 con sus efectos destructores. Algunos documentos, en la última de esas calamidades públicas que ha afligido a nuestra urbe, desaparecieron por acción del fuego". (Casal, en Comarca 544-545) El mismo historiador escribe entre otras cosas en el extra de San Juan de 1970, del semanario Comarca: "En el año 1926, con nuestra población animada por los planes de su inmediato desarrollo urbanístico, don José Sela y Sela estaba ejerciendo de alcalde-presidente de esta Corporación edilicia. Fue entonces cuando el ayuntamiento adquirió el viejo palacio de los Bernaldo de Quirós, con sus atractivos jardines y terrenos anexos. Con dicha compra, el acervo patrimonial del municipio señala una importancia indiscutible. En la relación contractual se excluyó cuanto había dentro del edificio. Y a la casa señorial que los Bernaldo de Quirós poseían en Villa, dentro del vecino concejo de Langreo, se trasladan los cotizados muebles de caoba y bronces, famosos tapices flamencos, obras pictóricas de valor, cientos de volúmenes de autores españoles y extranjeros y cuantos documentos constituyeron aquí el archivo de la repetida linajuda familia. Y será de opinar sin duda posible, que entre aquellos pergaminos y diplomas, de una antigüedad remota, no dejaría de haber muchos de ellos que se contactarían con el pretérito de nuestra villa y su actual concejo. Extraña, por eso, que personas tan ilustradas en nuestra urbe como don Vital Alvarez Buylla y Sampil, don Justo Vigil Alvarez y su hermano Fausto, no hayan examinado detenidamente y puesto sus estudios en una documentación de indudable interés, relacionada hasta directamente con la evolución cultural, social y política de este concejo".
De otro expolio de la historia mierense da fe un vecino de la localidad, el cual relata lo siguiente: "Tenía yo unos diez años y era vecino de la Villa. Un día estaba una tía mía haciendo limpieza general en la Casa Duró por orden de sus dueños. Ya había muerto don César que la había habitado con anterioridad. Vi como arrojaba por la ventana unos libros con pergaminos de piel. Me acerqué y cogí algunos que estaban manuscritos con letra antigua. Sentí curiosidad y quise llevármelos. Ella recriminó mi actitud haciéndome dejarlos diciendo que aquello era una porquería pues estaban llenos de polvo. Luego vi cómo les prendía fuego. Siempre recuerdo aquella escena y siento no haber tenido más conocimiento para rescatarlos. Aquello fue como don Quijote con los libros de caballería". (D. César Suárez Requejo).
No cabe la menor duda que en aquellos libros se había de contener mucha historia de Mieres, del archivo de una mansión del siglo XVII, que habían sido pacientemente manuscritos, para al final tener un destino impropio del que había motivado su escritura: Dar testimonio de unos hechos que lamentablemente ya no podrán conocerse. Haciéndose cargo con carácter provisional de la plaza de archivero el recordado D. Julio León Costales, tras la ordenación del material que se hallaba por distintas dependencias municipales, fijo su atención en un libro donde constaba el envío de documentos llevados al almacén municipal para su custodia, y de los que se hace una relación de manera concisa y precisa, compuesta por doscientos ocho legajos, remitidos el día 4 de febrero de 1958, y entre cuyos documentos figuraban padrones vecinales desde 1777 a 1815; censos de población de varios años; expedientes de reemplazos desde 1801; documentación y expedientes escolares desde 1886, y otros miles de ellos de indudable interés.
Temiendo lo peor, pero con la esperanza de rescatar aquellos valiosos documentos para el archivo, Costales se dirigió al almacén inquiriendo información sobre los mismos. Desgraciadamente, los temores del archivero Costales se confirmaron. Años antes, unos trabajadores municipales los habían sacado de aquellas dependencias y procedieron a quemarlos, utilizando el pretexto de limpiar y dejar libres los locales para otros fines. Nadie lo supervisó, ningún responsable municipal intervino para preservar los documentos o al menos valorar el contenido de los mismo. Lo habían hecho los obreros por su cuenta y riesgo, a buen seguro sin saber el valor documental de los mismos y con la ignorancia que cabe imaginar. Hecho lamentable que vino a sumarse a otras destrucciones previas y que contribuyó a empobrecer definitivamente los escasos fondos archivísticos del concejo.
Con motivo de las obras que se realizan en la antigua Escuela de Capataces para destinarla a Casa de la Cultura, el archivo se trasladado a la nave municipal, en el Polígono Industrial de Vega de Arriba, casi seguro que con el consiguiente deterioro de los legajos, que volverían a sufrir las consecuencias del traslado. Por último y en este caso (de momento), al lugar definitivo, se encuentra en los bajos de las antiguas oficinas de correos de Mieres, en la Calle Valeriano Miranda, número 11 Bajo. Finalmente cabe destacar que en el año 1983 finalizaron los trabajos de ordenación del archivo municipal, tarea llevada a cabo por las licenciadas María Teresa Castellanos Francisco y Manan Madera González, contratadas para tal fin por el Ayuntamiento mierense, y cuyo trabajo se prolongó por espacio de dos años y medio, habiendo resultado satisfactorio y concienzudo, y en consecuencia, resultando un archivo propiamente dicho, como nunca lo había estado en nuestro municipio.
Hasta aquí es la breve historia del Archivo Municipal de Mieres, supongo que equivalente a la de otros muchos ayuntamientos asturianos y del resto del país, en los que concurrieron parecidas circunstancias. Ahora es misión nuestra preservar y cuidar el valioso legado de nuestros antepasados. Debemos de tener siempre presente que "La historia de nuestro pueblo, afecta el pasado, al presente y al futuro".
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