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José David Vigil Escalera

El origen langreano del primer aeroplano

Una nueva investigación del autor demuestra que Jesús Fernández Duro diseñó una aeronave que llegó a volar

Cuando el 9 de agosto de 1906, fallece inesperadamente de fiebres tifoideas, en la ciudad francesa de San Juan de Luz, el aeronauta y afamado sportsman español de origen asturiano de La Felguera, Jesús Fernández Duro, la prensa europea además de relatar resumidamente sus grandes hazañas deportivas, daba cuenta de que "en el momento de su muerte se encontraba construyendo un aeroplano de su invención para competir dos meses más tarde por el Trofeo de la Aviación".

Esta frase textual era la que se repetía en todas las crónicas de su fallecimiento y tal repetición a lo largo y ancho de todo el mundo fue lo que le dio veracidad. Y así fue recogida en el libro biográfico del aeronauta, publicado en 2005 por la Sociedad de Festejos San Pedro y que dio origen al Círculo Aeronáutico que hoy preside José Manuel Martín. El autor del libro es quien firma este artículo que, además, ostento la presidencia de honor de la citada entidad.

Hasta aquel día de tan fausto suceso, nadie en Europa había logrado tal proeza y solamente las aves eran señoras del espacio. Fernández Duro había contratado a dos prestigiosos ingenieros aeronáuticos franceses con amplia experiencia en el campo: los doctores ingenieros Maurice Mallet y Victor Tatin. Este último el más estudioso en materia del vuelo de aparatos más pesados que el aire, sería el diseñador del avión de Duro.

Agotados los tres mil quinientos ejemplares de aquella primera biografía, está preparado un nuevo libro con datos e ilustraciones recogidas en los doce años transcurridos desde la publicación del primero.

Quiso la fortuna que tras la insistencia en la investigación, en archivos y fuentes que no habían estado al alcance en 2005, en los primeros meses de 2018, lograse encontrar el estudio técnico que Victor Tatín había hecho del avión con el que Fernández Duro iba a competir por ser el primer hombre en volar en aeroplano en Europa. Un hallazgo importantísimo para el nuevo libro. Y que confirma de modo irrefutable (algún historiador español lo había puesto en duda) que Fernández Duro construía una aeroplano de su invención ayudado, eso sí, porque él no era ingeniero, por dos ingenieros aeronáuticos franceses.

Igualmente en aquellos meses iniciales del pasado año también se logró confirmar el invento de Jesús F. Duro de una boquilla para poder fumar en globos de gas hidrógeno. La solicitud y descripción del invento del puño y letra del aeronauta langreano existe en copia oficial en mi poder.

Quedaba una duda aún por verificar: ¿el aeroplano inventado por Duro hubiera logrado volar en el concurso de homologación? El pasado día 18 de enero de 2019, durante el actual trabajo de construir una hemeroteca sobre las noticias aéreas de los primeros años del siglo XX, pese a estar en francés, logré desvelar el contenido de un obituario aparecido en una revista francesa, sobre la figura del Conde de La Vaulx, eminente recordman aéreo. Allí se hablaba de los vuelos realizados por De la Vaulx con un aeroplano diseñado por Victor Tatín. Esto me llevó a rastrear en los archivos franceses todo lo que hubiera sobre aquellos vuelos y especialmente sobre el avión utilizado. Cotejando los diseños del aeroplano de Duro y de La Vaulx, ambos del mismo ingeniero Victor Tatín, pude comprobar que ambos eran el mismo aparato, lo que por origen, fecha de los vuelos y características, no cabe la menor duda de que ese aeroplano que pilotó de La Vaulx con éxito, tan solo unos meses después de fallecer Duro, era el del aeronauta asturiano de origen langreano en su versión B.

La satisfacción y alegría de la que disfruta por ello el activo Círculo Aeronáutico se ve empañado por la falta de presupuesto para publicar el nuevo libro, pese a la disposición de donar, al igual que con el anterior libro, los derechos de autor y renuncia a cualquier compensación por las dos mil horas de trabajo que ha llevado este trabajo. Solamente las reservas anticipadas en número suficiente podrían permitir ver la luz a un trabajo que además del aeronauta, se detiene en retratar la personalidad langreana y felguerina de aquella época y en detallar la industria minero siderúrgica del Nalón.

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