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Opinión | El baúl de la historia

José Antonio Vega

Las enseñanzas del maestro de La Campeta

El docente gallego José Pérez Yáñez dejó en Mieres la impronta de su amor por la formación, con gran compromiso social

Mieres acogerá en breve la Feria Astur-Galaica y poco después el calendario festivo continuará con la Folixa en la Primavera, que se celebra en el mes de abril. Previamente a esta fiesta de asturianía y con unas semanas de antelación el parque Jovellanos mezclará lo gallego y lo asturiano con la "feira" denominada Astur-Galaica. Esta cita, en el plano gastronómico básicamente gira alrededor del plato más universal de la cocina de nuestros vecinos del oeste, como es el pulpo. Para nosotros estos platos nunca nos fueron desconocidos, pues esta cocina llegaría a la Cuencas hace ahora más de cien años de la mano de centenares de emigrantes llegados desde Galicia. Estos se encontraron que en las Cuencas mineras fueron recibidos con las puertas abiertas por ser una importante fuerza de trabajo que en esos momentos la región necesitaba.

Estas gentes rápidamente se integraron y muchos llegaron para quedarse definitivamente bien trayendo sus esposas o casándose aquí. Básicamente llegaron para trabajar en las minas y la siderurgia, pero una vez establecidos en el lugar de acogida se incorporaron también al área de servicios: bares, restaurantes, panaderías...

Entre los centenares de gallegos que dejaron su huella personal en las Cuencas podemos citar a un maestro lucense en aquel Mieres de antes de la guerra, don José Pérez Yáñez (Villalba 1887-1970), que ejerció en Mieres durante 20 años, de los 54 años de docencia.

Hasta su llegada a nuestra villa a finales de 1924, había sido maestro de la escuela Graduada de niños de Ortigueira (La Coruña). En ese pueblo fue muy respetado, y siempre colaboró en numerosas campañas nobles y altruistas. En la villa gallega fundó la Asociación "Exploradores" y llevó a cabo incesantes y fructíferas campañas en favor de la difusión de la enseñanza y de la repoblación forestal. Antes de partir hacia Asturias los vecinos de la comarca le organizaron un multitudinario homenajee n el Hotel Suizo de Ortigueira.

Este traslado al concejo de Mieres significó en su carrera una mejora, al pasar a una Escuela Nacional. Una vez en el hoy desparecido barrio de La Caseta se integró rápidamente con el lugar y con sus vecinos, en especial con parte de los miembros de la familia de Los Mallos. Este barrio de La Caseta desaparecería casi en su totalidad con motivo de la Autovía Minera y el nuevo acceso a Rozaes de La Peña.

Desde su llegada, José Pérez se hizo cargo de impartir las clases nocturnas a jóvenes mayores de 14 años que deseaban finalizar sus estudios primarios o, al menos, conseguir una mayor formación. Esta tarea suplementaria a su actividad como maestro no supuso para él ninguna dificultad, siempre tomaba con mucho interés todo lo relacionado con la educación y la juventud. Por ello no es de extrañar que al poco tiempo de iniciar sus clases también empezase a realizar algunas actividades extraescolares con sus alumnos. En febrero de 1926, sería premiado con 250 pesetas por la Caja Postal de Ahorros por ser uno de los maestros que más se distinguieron durante el año, propagando al ahorro entre los alumnos a su cargo.

Otro de sus proyectos fue el de la crianza de gusanos de seda, de los que logró producir unos 2.000 ejemplares de esta especie de insectos lepidópteros que él y sus alumnos acabaron exhibiendo en la Feria de Muestras y Exposición Agropecuaria de Gijón. A raíz de esta experiencia y de otras anteriores, realizó un proyecto explicando la necesidad de especializar a los maestros de los pueblos rurales en los temas agrarios. El documento lo presentó en el I Congreso de Pedagógico de Magisterio Asturiano que organizaron las Federaciones del Norte y Noroeste de España que se celebraría en Oviedo. En él incluía, además, la petición de que las escuelas rurales debían disponer de sus propios campos de experimentación agrícola. La ponencia fue aprobada por unanimidad y se trasladó al Ministerio de Instrucción Pública, incidiendo en que si "el ochenta por ciento de las escuelas nacionales son rurales, se obligue a los maestros en las escuelas normales a adquirir los conocimientos precisos para las lecciones prácticas en agricultura, creando ensayos de experimentación anejos a la escuela que tengan este carácter". A lo largo de su vida participaría y colaboraría con la Federación Agrícola Asturiana; pues era un hombre enamorado del campo.

El maestro solía organizar excursiones con los niños y por eso en mayo de 1929 se dirigió al Ayuntamiento solicitando una subvención de 1.000 pesetas para llevar 10 niños de excursión a la Exposición Universal de Sevilla. En la misma instancia el maestro puntualizaba que sus gastos los pagaría de su bolso. La petición fue rechazada por el Ayuntamiento por falta de partida presupuestaria. También participó de forma activa en la vida cultural de Mieres, dando conferencias en todos los ateneos del concejo. Una de estas, es la que pronunció el 9 de agosto de 1930 titulada "Historia del pueblo astur" tema que hizo que el centro fuese completado en su aforo y que su exposición fuese muy aplaudida.

Otra de las facetas del enseñante era su afición a la escritura, colaborando con la prensa local en muchas ocasiones. Siendo muy comentados varios artículos que escribió en El Porvenir de Mieres, en 1926. Estos artículos los firmó bajo el seudónimo de "Batán" y fueron varias veces contestados por "Quijotina", que era el sobrenombre de una persona que aún desconocemos.

En 1927 publicaría el libro titulado "Cada mujer educada es una escuela creada", en el que hablaba de la prioridad que se le debía dar a la educación de la mujer; siendo un trabajo muy elogiado por el Ministerio de Instrucción Pública de la época. Este libro, junto a su trabajo, le valieron para que en el año 1928 fuese propuesto para el Premio a la Virtud, de la Fundación Fermín Caballero.

En aquellos años el Ayuntamiento reconocía y ayudaba a la gente que realizaba trabajos escritos y por este motivo compró al maestro de La Caseta 25 ejemplares al precio de 4 pesetas cada uno, con el fin de distribuirlo por diferentes lugares del concejo. Por ello, el maestro envió un escrito el 5 de agosto de 1929, agradeciendo la compra. Diremos que esta obra se comercializó también en forma de folletín al precio de 25 céntimos el número.

Don José participó en las elecciones para concejal, en 1931, junto con Casimiro Alperi Menéndez (padre del escritor Víctor Alperi y Elenita Alperi) y Secundino Casal, dos conocidos comerciantes de La Peña.

Como buen gallego fuera de su región establecería con sus paisanos buenas relaciones de solidaridad y ayuda mutua. En 1931 fundaría el Centro Gallego de Mieres, que tendría su sede en Casa Valerio (anteriormente Café Oviedo y años después será el bar Madrid) y que estaba situado frente al también desparecido cine Pombo. Para celebrar la inauguración de este Centro, visitaron nuestra villa el grupo pontevedrés "Aires da terra". Durante esos días en Casa Valerio se sirvieron los clásicos platos gallegos: empanada, pulpo, lacón con grelos y filloas.

Este maestro, junto con los vecinos de La Caseta y de La Peña, durante la guerra civil construirían un refugio antiaéreo junto a la escuela, para proteger a sus alumnos de los bombardeos de la aviación nacional.

El matrimonio lucense tuvo cuatro hijos, uno de ellos se murió en plena juventud. Nieves, una de sus hijas, se casó con un joven de la zona, llamado Jovino Cabanas y residieron en el Caño de La Salud.

Como persona muy querida y apreciada, en 1959, unos años después de haberse jubilado, un grupo de sus exalumnos decidiría darle un homenaje pese a no residir en Asturias. Para ello, cuarenta y dos de sus antiguos estudiantes se desplazaron desde La Peña al pueblo de Villalba (Lugo) para pasar un día junto a él. Al llegar al pueblo gallego estos fueron recibidos por el maestro y su familia, el cual en el salón-biblioteca de su casa recibió uno por uno de sus alumnos. Como presente se le hizo entrega de un artístico álbum con una sentida dedicatoria, con fotografías y firmas de sus exalumnos, y de una valiosa escribanía junto con un ramo para la esposa del maestro. El homenaje continuo durante toda la comida, donde hubo diversas tomas de palabra. El discurso que este maestro profirió a sus alumnos se refirió a estas escuelas como: "Aquel caserón de La Caseta, donde teníamos nuestro taller de moldeo de hombres".

Al maestro le toco ejercer en dos épocas que fueron muy contrapuestas. Primero en una época republicana y después en periodo dictatorial. Durante muchos años siguió siendo recordado de forma cariñosa como "el maestro de La Caseta". Durante sus años de docencia, tanto en Galicia como en Asturias, contribuyó a integrar a sus alumnos en las actividades extraescolares de la época como a comprometerlos socialmente el mundo que les tocaba vivir.

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