Opinión
José Antonio Vega
El busto del marqués de Comillas
El acto de inauguración del monumento en el poblado de Bustiello, en Mieres, en diciembre de 1926

El busto del marqués de Comillas / José Antonio Vega
Últimamente, el poblado de Bustiello es noticia en los de los medios de comunicación de la autonomía al encontrarse su sanatorio en un mal estado de conservación, debido seguramente a una dejadez por parte de aquellos a quienes les correspondería esta gestión.
Aunque somos bastantes los que desde hace años hemos hablado de responsabilidades de varias instituciones dada su lastimosa situación, lo cierto es que no se ha recibido una respuesta satisfactoria que asegure la correcta conservación de dicho inmueble. A la notoria la falta de interés, la situación actual ante una previsible falta de recursos económicos no invita a ser muy optimista. Por si fuera poco, la actividad vandálica es una amenaza cada vez más visible para esta parte de nuestro patrimonio, por ello urge en este lugar la actuación de las instituciones que garanticen su seguridad.
Pero no todo son malas noticias, pues como todos ustedes conocerán, ha surgido un movimiento por la conservación del Sanatorio, para que por fin, entre todos y nuestras instituciones, protejamos y mantengamos debidamente nuestro patrimonio artístico y cultural.
No olvidemos que el resto del poblado tiene una excelente gestión gracias a María Fernanda Fernández Gutiérrez –pozu Espinos– estando considerado por el Comité Internacional para la conservación y defensa del Patrimonio Industrial como uno de los 100 elementos relevantes del patrimonio de la industrialización hispana, incorporándose al Plan Nacional del Patrimonio Industrial en España y al IPCE del Ministerio de Cultura.
Este poblado nació de la mano del segundo marqués de Comillas y de su empresa minera llamada la Hullera Española. Siendo un lugar donde destacan varios edificios y, como no podría ser de otra forma, el monumento dedicado al II marqués de Comillas. Frente a este busto se encuentra el primer edificio construido como es la iglesia, en el año 1894. Para saber algo de este monumento deberemos remontarnos noventa y cinco años atrás.
Claudio López nació en Barcelona, aunque de estirpe montañesa, el 14 de mayo de 1853, y con 72 murió en Madrid el 18 de abril de 1925. Sus restos fueron trasladados en medio de una gran manifestación de duelo al panteón familiar en Comillas –Santander– y en 1953, sus restos serian trasladados a una capilla de la iglesia de la Universidad Pontificia, donde hoy reposan.
A los pocos días de la muerte de Claudio López, se celebraría en el poblado de Bustiello –Mieres– un solemne funeral por el alma del marqués, en la iglesia llamada de San Claudio. Nada más terminada la misa, se formaría una comisión para perpetuar la figura del marqués en este poblado. Esta comisión funcionaría durante más de un año para conseguir su fin.
Sería el 4 de diciembre de 1926, aprovechando que en la localidad Bustiello, como en el resto de Asturias, se celebraba Santa Bárbara, cuando se inauguraría el monumento al II marqués de Comillas, una estatua que fue levantada por suscripción popular entre los obreros de la empresa minera “Hullera Española”, reconociendo así su labor dinamizadora de la industria y minería española, y que tanto se reflejaría en los concejos de Aller, Mieres y Lena.
El acto fue concebido de forma espontánea y en armonía con las normas que habían servido de norte, en vida, del homenajeado, contando con los reiterados deseos de sus familiares que recomendaron que fuese humilde y sobre todo sencillo.
Aquella fría mañana de diciembre y desde primera hora, comenzarían a llegar innumerables personas a la población de Bustiello, colocándose donde está emplazado el monumento, juntándose con numerosos grupos de vecinos de todas las edades y profesiones. Por diferentes vías, como era la carretera o el del ferrocarril del Vasco, junto a las máquinas dispuestas por vía de la compañía del ferrocarril minero de la Hullera Española, llegarían las gentes que llenarían las naves del templo de San Claudio que rezaba de la siguiente manera: “Esta iglesia había sido bautizada, en 1890, con el nombre del marqués”, siendo también donde se celebraría el solemne oficio por el alma del empresario catalán Claudio López Bru.
También acudirían secciones del Sindicato Católico de Obreros Mineros de Asturias, con representantes y banderas que darían al acto más vistosidad. Según rumores de la época, se dijo que el marqués influiría y contribuiría, en el año 1916, a fundar el Sindicato Católico de Obreros Mineros de Asturias, el cual se encuadraría dentro en el Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles. Este sindicato allerano-mierense aportaría el 20 por ciento de afiliados a la organización de obreros-católicos.
También participó la banda de música de la localidad de Ujo, la cual acudió a amenizar los actos litúrgicos, siendo además la que por la tarde amenizaría un gran baile para el entretenimiento de la gente joven.
A las once y media de la mañana, dio comienzo el acto religioso, estando la iglesia completamente repleta de público de todas las clases sociales y venidas de toda de Asturias. Cerca del altar mayor se colocaron las banderas de las presentes sociedades, fueron tantas que cubrieron todo el frente. La misa fue cantada por la Capilla Isidoriana de Gijón, acompañada de una afinadísima orquesta dirigida por el profesor Pardo, natural de Turón, quien dio una interpretación acabada a las obras interpretadas.
El sermón, que resultó muy largo, fue a cargo del Padre Eloriaga, procedente de la villa de Gijón. Con facilidad de palabra, recordó al marqués de Comillas como un católico practicante que durante su vida no se apartó un momento de la senda de esta religión.
Finalizada la misa, los concurrentes se trasladaron a la pequeña plazoleta que existe ante la iglesia de Bustiello, para asistir al descubrimiento del busto de Claudio López. Entre los invitados por la Hullera Española estaban todos los sacerdotes de los pueblos cercanos, los ingenieros de la empresa con sus directores; señores Ríos y Rubiera, los Hermanos de la Doctrina Cristiana, del concejo; los médicos de empresa, con el director del Sanatorio de Bustiello el doctor José Ramón Cerviño; el cajero, el señor Arias, y el secretario, José Tresguerres, quienes se colocarían en una tribuna levantada al lado del monumento.
Como director de la Hullera Española, don Marcelino Rubiera se encargó de dejar al descubierto el busto del marqués de Comillas, modelado por prestigioso escultor segoviano Aniceto Marinas, que había construido el Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles y, además, ese mismo año fue laureado con la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes. A este mismo artista se le debe la estatua de Velázquez situada frente al museo del Museo del Prado madrileño.
El monumento dedicado al marqués mide unos tres metros de altura. Sobre un pedestal, en el que se enrosca la hiedra, aparece el busto del marqués de Comillas. Está situado casi frente a la capilla, centro estaba lo que era casino obrero. En el frontis, una escultura de talla que representa un obrero que levanta en las manos, como una ofrenda, una corona de flores. En la baso del monumento y alrededor del mismo, el artista moldeó hojas de hiedra, una lámpara de Davy, un pico y una pala. En el monumento hay una inscripción, que dice así: “Al excelentísimo señor don Claudio López Bru, marqués de Comillas, el personal de las minas de Aller. Año de 1925”.
Dentro de la inauguración, el niño José García, que era alumno de las Escuelas Cristianas de Bustiello, fue el encargado de pronunciar con mucha desenvoltura una sentida poesía, compuesta por el laureado poeta Martín Cavada para el acto.
También se sumó el presidente del Sindicato Católico de Obreros Mineros de Asturias, Vicente Madera, que ofreció unas palabras de sincero recuerdo para Claudio López. En aquel momento, Vicente Madera rebelaría que el II Marqués había sido el primer sindicalista de España y que, en una conversación tenida con el orador, el marqués expuso que habían hecho muy bien los obreros católicos en declarar en sus programas la huelga, porque ésta era el medio más eficaz que tenían los trabajadores para alcanzar las mejoras que espíritus mezquinos se negaban a concederles. Ante esta confesión sobre el marqués de Comillas, las palabras de Vicente Madero fueron muy aplaudidas.
Para finalizar el acto, el ingeniero José Tresguerres, que formaba parte de la comisión organizadora, leyó unas emotivas cuartillas, resaltando la labor realizada por el difunto marqués a nivel de las cuencas y de España.
Después de todo esto, las autoridades fueron invitadas a comer por la dirección de la empresa en el Círculo Obrero. Este banquete fue servido por el señor Carcedo de Valdefarrucos. Aquella tarde actuaría para esos invitados el chispeante “Pachín de Melás” y su grupo, quieres hicieron las delicias de todos los presentes.
Como ustedes verán, la situación actual, respecto a la admiración por este personaje y su obra, nada tiene que ver con la de aquella época. Así que para revertir esa situación, se necesitan manifestaciones y señales de protesta como la que aconteció el pasado 11 de julio y la cual seguramente no será la última. Quedan todos invitados.
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