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Noelia Pereira

El libro abierto de nuestros mayores

La experiencia del Club de Lectura Fácil desarrollado con los ancianos de Morcín, Riosa y Ribera de Arriba

La maldita pandemia que estamos sufriendo pasa una amarga y muy cara factura a nuestros mayores y ellos, que han vivido tiempos muy difíciles y se han esforzado pasando muchas penurias para sacar adelante a sus familias, no se merecen esta injusta y penosa situación.

A raíz de una conversación con María Perera, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Morcín, sobre un curso de lectura fácil que había realizado previamente, me invitó a poner en práctica esa fácil lectura con los mayores de Riosa, Morcín y Ribera de Arriba que acuden diariamente al Centro Rural de Apoyo Diurno (CRAD), ubicado en Argame. En octubre del año pasado, inicié esta inigualable experiencia que tantas satisfacciones me ha dado superando con creces mis expectativas iniciales.

Aquella soleada mañana del miércoles de octubre, sin pensarlo mucho, me embarqué en este Club de Lectura Fácil que se ha convertido con el paso del tiempo en la más gratificante vivencia, tanto en el ámbito profesional como personal, que he disfrutado durante los catorce años que llevo ejerciendo como bibliotecaria de Morcín.

La lectura fácil se adaptada a personas con dificultades lectoras y con discapacidad cognitiva o intelectual. En este caso, se trataba de acercar las letras a personas con una media de edad superior a los setenta años, quienes hacía tiempo que habían dejado de leer o, como reconocieron durante el primer encuentro, apenas habían leído a lo largo de su vida. Lógicamente, habían tenido otras prioridades y otras necesidades.

Al inicio aposté por “Don Quijote de la Mancha”, un clásico. En la primera sesión ya sentí que, al igual que Sancho, iban a ser mis leales escuderos en esta nueva andadura: prudentes, prácticos, muy comprometidos y capaces de contagiarse del placer de la lectura.

A partir de aquel momento, cada mañana de los miércoles se convirtió en algo que trascendía más allá de lo previsto. En torno a los libros surgió compartir, escuchar experiencias, reminiscencias y aspectos que cada uno de ellos ya creían olvidados. No sé si por la perspectiva que da el paso del tiempo o porque han aprendido como nadie a reconciliarse con el pasado, tengo que destacar y poner en valor que mantienen un optimismo y una actitud muy positiva que les hace ser capaces de rememorarlo sin acritud y también de mirar la realidad del momento y continuar planificando el mañana.

Agradecidos e implicados hasta el extremo que son capaces de acomodar, como nadie, el adjetivo a ese Club de Lectura porque siempre lo hacen de ese modo: “FÁCIL” con mayúsculas.

Sirvan estas líneas para rendir homenaje a Pili, Victoria, Nati, Lolo, Laura, Rodrigo, Amelia, Gloria, Adela, Mercedes, María, Constante, Julia, Aurina, Zulmira y también a los muchos que como ellos transitaron por tiempos difíciles erigiéndose en una parte indispensable para que hoy podamos disfrutar de una sociedad, seguramente no la que ellos soñaron ni quizás nosotros, pero que construyeron con todo su esfuerzo haciendo hasta el día de hoy de la resistencia una necesidad. No estaría mal impregnarnos de su fortaleza y resiliencia.

Si hay siempre un libro abierto al que deberíamos mirar y admirar es el de nuestros mayores. Es tiempo de ello y más con esta maldita pandemia.

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